
Pablo Almazán argues that honoring God means abandoning sacrifice and anthropomorphism for what nature shows us: balanced selfishness, where each being acts in generous self-interest. He draws on Spinoza's pantheism, the same philosophy Einstein admired.
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Buen día. Buen día. Tranquilo, tranquila. Que en esos días que a veces no estás del todo sintiendo que te está pasando lo mejor del mundo, sino probablemente sentís lo contrario, es común en los humanos tratar de rescatar lo más profundo de uno, ver de dónde me sujeto, cómo hago para salir adelante, cómo seguir e indefectiblemente por algo que algún día nos pondremos a analizar más profundamente como lo hacemos siempre en la bioexistencia. Pero los seres humanos vamos a temas que durante la vida cuando funciona bien, no solemos ir, es ahí cuando nos hacemos las preguntas más profundas, es ahí cuando nos conectamos con la muerte, cuando empezamos a tener un contacto mayor con temas que son los más trascendentales de la vida y que por lo general son los temas que evadimos. Nos es mucho más fácil hablar de deportes, nos es mucho más fácil que no está mal hablar de las noticias diarias, que por ahí eso ya no está tan bien y nos es más fácil hablar de cosas cotidianas. Sin embargo cuando ocurre algo movilizante vamos a parar a lo profundo, vamos a parar a lo profundo, es cuando las personas se aferran más a la a la espiritualidad, cuando se aferran más al debate o a la posibilidad de que exista algo más allá o no, es cuando hablamos de Dios y de eso es lo que lo que me gustaría hablar hoy en estos 10 minutos de máximo que otorga la red para que pueda subir fácilmente un vídeo. Todos tenemos de alguna manera acomodada a eso que llamamos Dios. Por un lado está la tendencia humana a antropomorfizar, es decir, darle forma antropomórfica, darle forma humana a las cosas, tener una relación humana con las cosas. Hablamos, no sé si todos, pero es muy común en los humanos hablar con Dios, imaginarlo con forma humana, humanizamos todo lo que nos rodea, hablamos con las plantas, hablamos con nuestro perro, le ponemos nombre al auto, le ponemos nombre al robotito que limpia el piso, nos relacionamos, hablamos con nosotros mismos y hablamos con eso que es, y ahí vienen las figuras de Dios que tenemos dentro nuestro. El debate o la propuesta difícil para el ser humano es un debate narcisista, oculto por debajo de todos nosotros y un equilibrio en eso que la humanidad llama narcisismo, porque aparentemente creerse Dios está mal para la humanidad o para gran parte de la humanidad, pero lógicamente sostener que desde lo más profundo de la espiritualidad. Todo es una sola unidad, una sola esencia. Dios y lo creado son una sola cosa. Esto de que Dios está en todas las cosas, Dios es todo lo que existe. Creer eso es por añadidura lo mismo que decir que uno también es Dios. Por lo tanto, esto de que creerse Dios está mal, es contradictorio con la propuesta espiritual, con este panteísmo de Spinoza que le gustaba tanto a Einstein. Spinoza encontraba como la bioexistencia consciente a esto que llamamos Dios, a esta figura, a esta energía total, a este panteísmo de Spinoza, es esto que está presente en todos lados, como dicen hasta los libros sagrados, está en todo, está en todos, es lo que existe, todo lo que hay es Dios, todo lo que existe es Dios. Nosotros en la bioexistencia decimos que el Gran Espíritu, como para ser más ecuánimes, pero estamos hablando de lo mismo. Lo único que propone la bioexistencia es correr el velo y de que cada uno se agarre de su Dios. Cuando hablamos del espíritu y hablamos de esa energía total, es como que hay un acuerdo tácito que deja de lado las diferencias y pone de manifiesto lo que nos une. Y es esa creencia de que al fin y al cabo, desde alguien tan matemático y científico como como Einstein, alguien tan filosófico como Spinoza, alguien tan lógico, biológico y naturista como la bioexistencia consciente, terminan estando de acuerdo en que mirá, cada uno lo puede ver de una determinada manera, pero eso que está en todas las cosas es Dios. Entonces, o es el Gran Espíritu, o es la esencia, la energía de todo. Entonces uno bueno, dado que es todo, y dado que he sido atravesado como humano por tantos kilómetros de cultura, y la cultura se ha distorsionado tanto porque ha sido marcada según el momento político, momento geopolítico, el momento histórico, y las creencias fueron y vinieron ¿De dónde me puedo sujetar? De una creencia fija, de algo que yo vea que se parece a mí, pero que es pre cultural, que no está embebido de creencias, que no está embebido de distorsiones. Y al igual que Spinoza, volvés a ese punto, te das cuenta que la respuesta está en la naturaleza y empezás a cuestionarte y a guau. Yo creía que honrar a Dios era inmolarme, sacrificarme, hacer todo por los demás a costa de mi abundancia, de mi felicidad, de mi crecimiento. Y sin embargo veo que parece no gustarle eso a Dios. No logro encontrar plantas que se sacrifiquen por otras plantas, sí encuentro plantas que invaden a otras, no logro encontrar especies que prioricen a otras especies, no logro encontrar dentro de las especies en sí, no encuentro leones que sean condescendientes con otros leones y les digan tomá te entrego mi territorio, namasté. Eso es espiritualidad. Sin embargo lo que encuentro es un flujo en toda la naturaleza realizando actos egoístas. Las flores dando su polen a cambio de que la abeja venga y vaya a polinizar a la planta. Las plantas dando frutos en una cantidad enorme para que la tierra los reciba, para que el ser humano o quien lo quiera comer, los animales que viven de esas plantas también lo reciban, pero con unas semillas que tienen una no se disuelven en el intestino para que después cuando ese animal anda por donde ande y haga sus necesidades por todos lados, le sea funcional a la planta para que la semilla caiga y haya nuevas plantas en determinada distancia. Las plantas ponen plumeritos en sus semillas porque descubrieron que de esa manera es como mejor se desparraman sus semillas. Y lo que hay en la naturaleza toda es como un principio de egoísmo equilibrado en el que finalmente la naturaleza siempre, siempre, siempre va a hacer el bien priorizándose, nunca va a ser el bien en desmedro de su propio bien, sino que esto de ser el alfa se ve inclusive en las plantas, se ven las flores, se ven las abejas, se ve todo. De modo que parece haber en la naturaleza una manera de honrar a Dios que tiene un equilibrio, pero que prioriza a ese fractal de Dios que es uno en el acto ejecutor. Cada vez que ejecuta un acto, un fractal de Dios, un ser humano, una planta, una pulga, un pez, una mosca, quien sea, lo que hace es buscar una conveniencia generosa. Esa es la manera no violenta, equilibrada y maravillosa de honrar a Dios. De ese modo va creciendo en armonía, los más fuertes, los más hábiles, los más capaces y se va generando en la naturaleza esta orden de que al parecer eso que llamamos Dios, que es el universo mismo y es todo lo que existe, busca fractales que sepan capaces de llevar la más maravillosa obra divina adelante y es permitir la expansión de esto que llamamos universo, que puede ser un sueño y nada más que eso, en un orden que va haciendo que cada uno haga una mezcla en esa conveniencia entre la fuerza, entre la astucia, la inteligencia y la capacidad de llevar adelante a través de miembros más capaces la continuidad de su especie. Bueno, todo eso lo puedes ver en el séptimo libro, lo puedes ver en genuagenua.net siempre dejo acá abajo de qué se trata. Abrazo y gracias a todos los consultores de Humano Puente.










