
Pablo Almazán uses avocado and papaya seeds as a metaphor for how humans protect what matters most. He argues we confuse biological survival instinct, which builds protective shells, with spiritual openness, and that this confusion drives conflict and stunts growth.
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Buen día, hermosos. ¿Que dicen? Inmensos. Mucho más inmensos de lo que creen que son. ¿Cómo les va? ¿Cómo estamos? ¿Cómo está mi universo? ¿Está bello? ¿Está queriendo ponerse cada vez más bello? Hoy vamos a hablar de algo que es hermoso y que pese a la inmensa belleza que tiene, o como muchas cosas con belleza nos pueden confundir si no las entendemos bien. Miren esto, por ejemplo, en Argentina le llamamos palta. En general es aguacate avocado. Adentro tiene una semilla. En el centro tiene una semilla como una esfera dura. Por fuera tiene toda esa carne que tanto nos gusta comer, esa pulpa. Y más afuera hay más capas, pero la última es una cáscara dura, dura, que aprendió hace millones de años a protegerse de la intemperie, a crear una capa con el contacto con el afuera, para poder proteger a esa pulpa que hay adentro, para que esa pulpa pueda alimentar y proteger a la semilla que hay adentro. Porque el fin de esta planta, el fin de este fruto, es un tesoro que va a permitir, en lo que hace la naturaleza normalmente y habitualmente, que haya más plantas. Todos nosotros en todos los casos hacemos eso. Aquí hay una papaya en Argentina. Papaya acá en Argentina son muy chiquitas. En Perú son de un tamaño inconmensurable. En México, en el Caribe, tan bellas. Lo mismo por fuera, una capa dura que protege toda una pulpa, todo para proteger lo que hay adentro. Esa especie de caviar vegetal que son las semillas de la papaya, eso mismo ha evolucionado a través del tiempo, y ese mismo somos y y eso mismo tenemos en nosotros, y ese mismo objetivo es el que tenemos como seres biológicos. Tenemos un mandato interno que hace que toda nuestra vida esté ordenada para que la especie continúe. Si no tenemos hijos, por ejemplo, nuestra prioridad va a estar puesta en que seamos reserva de humanidad. Reserva. No porque uno no tenga hijos tiene un valor menor o un rol menor. Para la naturaleza todos somos importantes. Pero en ese caso, cuando no se tienen hijos, la prioridad de la protección va a estar 100% en uno. Pero cuando se tienen hijos, la protección es esa, esas son las semillas y uno pasa a ser cáscara. La diferencia es que cuando uno no los tiene, es cáscara de uno mismo. Tiene que ser esa cáscara que proteja la pulpa, que protege lo interno. Y ahí viene la confusión. Tanto en el caso de la protección a los hijos, como en la protección prop. Ese mandato de protegernos, está unido al mandato de generar una cáscara dura para protegerse de la intemperie. Esa mezcla que es en sí el gran origen de la enorme mayoría, digo enorme mayoría porque no me pongo en este momento a analizar profundamente, pero creo que podría decir todos, todos los conflictos de la humanidad, es la confusión de lo biológico con eso que está más allá de lo biológico, con lo que llamamos espiritual, con lo que llamamos conciencia. Por traslación hemos llevado a las creencias y hemos llevado a la conciencia el mecanismo que nos permite sobrevivir en lo material y en lo biológico. Entiéndase por esto el hecho de cerrarse a la intemperie, resistir, poner una cáscara dura y mirar hacia adentro, pero no con ojos de investigar, no con ojos de conocer, sino de encerrarse, de encerrarse como quien cierra los ojos y se mete en una cueva porque siente que lo están atacando afuera, o quien cierra los ojos o se mete en una cueva para abrir su mente al universo. Son dos maneras distintas. La biológica, la que los seres humanos tienen unida por evolución, y que se hizo una traslación a las ideas nuevas, a la conciencia, a lo diferente, al que piensa distinto. Lo que hacemos ahí es utilizar esto para protegernos, porque nos hace dar miedo y nos hace sentir atacados, y nos hace poner en peligro de muerte, cuando en realidad no hay peligro de muerte, sino que hay una traslación por la orden interna que tenemos de proteger esa semilla que aprendimos de todas las plantas y de todos los animales que han formado parte de la evolución andando que somos de esa evolución que trasladamos a cada lugar, porque somos la evolución completa, porque somos el equilibrio justo de minerales buscando una compensación, y el equilibrio justo oxígeno buscando la compensación. Pero todo en este juego, en este juego biológica, casi se me cae la atajé de pecho. Biológicamente tenemos una orden inconsciente que nos hace actuar así. Tu problema, si no querés abrirte a nuevas ideas o a la conciencia, es que has sido tomado por la lógica de solamente tu lado biológico, y te has cerrado y has creado una cáscara a nuevas ideas, a lo espiritual, a lo diferente, a lo nuevo, al que piensa distinto, y es simplemente por amor, pero por amor biológico, porque solo te has focalizado en sobrevivir vos, o que sobrevivan tus semillas, pero sin mirar que hay una totalidad que le da lógica a esta semilla y que esta semilla puede ser una gran maestra. Podemos hablar mucho tiempo de semillas, podemos hacer muchas comparaciones, hacer distintas metáforas, porque todos al fin y al cabo somos semillas, semillas biológicas y semillas de conciencia. Es por eso que está bien verlo de los dos lados, del lado de la supervivencia biológica, que es una experiencia de ilusión temporal con un comienzo y con un fin, pero que debe servir para que eso sea semilla de tu verdadera experiencia eterna, permanente, que parece que comenzó acá, pero no comenzó, que parece que va a terminar acá, pero no va a terminar. Y que aunque tu mente no lo acepte, esta experiencia, la humana, la biológica, nunca empezó y. Y nunca terminó y nunca puede terminar. Un abrazo y nos vemos en el próximo video.










