
Pablo Almazán explores grief as a built-in human program that activates for any loss, not just death. He maps the stages from denial to reconstruction and explains why losing a job or ending a relationship triggers the same deep response as losing a person.
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Viernes, viernes, el día de Venus. Miren qué belleza, las floraciones de esta época, los agapantos, cuánta belleza. Estamos haciendo una serie de videos, la propuesta fue hace dos días comenzar a hablar de la vida y de la muerte, aprovechando este momento tan importante que se está dando en la tierra, del equilibrio. Del equilibrio, un sol que llega a su punto máximo en un hemisferio y empieza a decrecer, y llega a su punto mínimo en otro hemisferio y empieza a crecer. Es un momento maravilloso, muy importante. Y las dos, la vida y la muerte, coexisten en todo momento del universo de yin y yang. Grabé ayer, en realidad salió ayer jueves, creo que dije que era martes en el vídeo, salió ayer el vídeo de varios poliquísticos como principio de la semilla, que está ahí rumbo a la vida. Y hoy vamos a hablar un poquito de la muerte. Y lo primero que vamos a hablar es algo que ya creo que he hablado en algún otro vídeo, lo que pasa es que son más de mil acá en Instagram y en YouTube. Como consecuencia. Vamos a hablar de la muerte y de los duelos. Vamos a hablar de la muerte y de los duelos. Les voy a decir algo que muy pocos probablemente entiendan. Los consultores en decodificación bioemocional lo van a entender un poquito más, los consultores en bioexistencia consciente lo van a entender un poco más, los consultores con mucha experiencia, consultores en bioexistencia consciente con mucha experiencia, lo van a entender un poco más. No hay un solo hecho en la vida, no hay una sola cosa en la vida que a nuestro inconsciente no le recuerde que estoy yendo hacia la vida o estoy yendo hacia la muerte. Cada paso, cada elección, cada cosa que creo decidir, cada cosa que me gusta, que no me gusta, cada cosa que elijo para comprar, por dónde caminar, qué calle tomar, qué camino seguir, si me gustan más las calles arboladas, no arboladas, oscuras, no oscuras, las noches de estrellas, de no estrellas, todo eso en nuestro inconsciente es porque en algún lado lo tenemos unido a recuerdos que llevaron a la continuidad que se podría llamar probiológica, o a recuerdos que pasaron, llevaron a caminos antibiológicos. Todos tenemos desarrollados en nuestro inconsciente una manera que hemos encontrado a lo largo del tiempo y desarrollado más que encontrado, que son las maneras de poder asimilar lo más difícil que nos sucede en esta experiencia ilusoria que se llama vida humana. Y eso que hemos sabido desarrollar, esa asimilación de la muerte, que es lo más difícil de asimilar por un ser humano cuando muere un ser querido, ha llevado un proceso y a ese proceso se lo llama duelo. El duelo es un subprograma inconsciente muy específico, muy fuerte, muy arraigado en todos nosotros y que todos lo tenemos desarrollado porque todos portamos memorias de muertes dolorosas, muertes fuertes, muy movilizantes. Hay distintos niveles de duelo. Si se muere, fíjense, un abuelo de 90 años, de 90 años, la aceptación de esa muerte va a ser rápida, va a ser casi inmediata, va a haber probablemente un llanto, va a haber algo de, por supuesto, tristeza, pero al poco tiempo se va a estar hablando de él y recordándolo con una sonrisa y alguna anécdota graciosa y ese tipo de cosas, algún comentario, sin necesidad de ponerse a llorar. Ahora fíjense en el otro extremo, se muere un niño en el tiempo, Eso provoca un cimbronazo tan fuerte en toda la familia, en quien lo porta, quien lo vive en primera persona, a sus padres, a sus hermanitos, a los tíos, a los abuelos. Esa bomba es y es insoportable. ¿Cuál es la clave de las dos cosas? La clave profunda de las dos cosas, de que acá haya menos dolor y acá el dolor sea insoportable, es el sentido biológico de lo que acaba de pasar. El sentido biológico de lo que acaba de suceder es que aquí ya había sucedido todo lo biológico. Es decir, el abuelo ya tuvo hijos, tuvo nietos, envejeció y murió, y aquí nada de lo biológico todavía había sucedido más que el principio, la concepción y el nacimiento. Esta la aguja que ven acá es la que le va a dar la intensidad a un duelo. Y todos nosotros hemos transcurrido esos duelos y los tenemos en nuestra memoria. Es decir, todos nosotros en nuestras memorias tenemos muertos y tenemos desarrollado en nuestro inconsciente este mecanismo, que es un subprograma que sirve para llevar adelante un proceso que va desde la negación, no puede ser que esto esté pasando, esto no es verdad, esto no está pasando, esto no está sucediendo. Esa es la frase cuando hay un duelo de una muerte muy joven, a la aceptación. Y sí tenía 90 años, ya vivió toda su vida. En el medio está el regateo, podría haber vivido un poco más. La negociación, la ira, la tristeza, la aceptación y la reconstrucción. Hay autores que hablan de nueve pasos, otros de cinco pasos. Me parece que cuestiones. Muy poca significancia, por decirlo de modo que suene mejor, de muy poca significancia. Lo cierto es que un duelo transcurre desde este drama hasta esta naturaleza. Entonces, todos nosotros tenemos grabados ese programa, el programa de los duelos. Ahora, lo maravilloso es que hemos cursado muertes, todos nosotros, normales y terribles, y hemos llegado hasta acá, estamos vivos. Por lo tanto, ese programa, ese subprograma que desarrollamos, esa rutina para los programadores que vienen de mi palo, esa app, esa aplicación que desarrollamos como las aplicaciones de los celulares, la tenemos acá guardada. Y el programa de los duelos, que fue al fin y al cabo el mejor que desarrollamos a lo largo de la evolución para salir adelante de un drama como la muerte, lo tenemos ahí y lo vamos a utilizar para toda situación que refiere a duelo, ya sea muertes reales. ¿Se murió alguien? Descárgate la app de los duelos y lo vas a procesar con eso. Me dejó mi novio, es una muerte simbólica. Descárgate la app de los duelos. Tenés que pasar este proceso desde el drama, desde la negación, la negociación, la tristeza, la ira, muy importante descargarla, hasta la reconstrucción. No terminé finalmente una carrera porque me cambió la vida, porque quedé embarazada, porque me casé, porque me mudé, por lo que sea. No la terminé. Duelo. Perdí esa casa, duelo. Me divorcié, duelo. No lo veo más a mi hijo. Atención, estoy diciendo no lo veo más. No se murió. Para el inconsciente es absolutamente lo mismo. Para el inconsciente, la muerte real y la muerte simbólica son lo mismo. Y aplica este programa, que es como un súper programa, porque para asimilar el haber dejado una carrera trunca, se imaginan que aplicar el mismo programa que le sirvió a la bisabuela para asimilar la muerte de su hijo, es como. Es una app superpoderosa. Lo cierto es que en el fondo toda muerte huele a duelo. Y es por eso que en tantos desórdenes alimentarios, el alimento huele a muerte, porque en principio está relacionado con muertes reales, y después está relacionado con todos estos pequeños duelos. De las cosas que se han perdido y que corrí la misma app como corría en el mismo programa para el inconsciente, están todas esas cosas guardadas en un galpón, que aquí están las muertes, ahí está guardado todo. A ver cómo voy de horario, ya me estoy por pasar. Ahí está guardado todo. Las pérdidas de territorio, las pérdidas de pareja, las muertes de los niños, las pérdidas de carrera, las separaciones, son todos caminos que llevan a la muerte real o simbólica. Seguimos mañana hablando de la muerte y mañana vamos a hablar de tripofobia. Nos vemos, un abrazo.










