En este monólogo, el autor reflexiona sobre cuánto debería gastarse una persona en una primera cita, enfatizando que no existe una obligación económica ni física entre las partes. Argumenta que la cita debe servir para conocerse y que el gasto debe reflejar el estilo de vida real del individuo, evitando exageraciones que puedan crear falsas expectativas. Señala que tanto hombres como mujeres deben respetar la reciprocidad y no usar el dinero como moneda de intercambio para obtener intimidad. Advierte sobre los peligros de sobre‑gastar o fingir un nivel de vida superior, ya que esto puede llevar a desilusiones y relaciones basadas en apariencias. Propone que la mejor estrategia es invitar a la otra persona a actividades cotidianas que representen el presupuesto y los hábitos habituales, fomentando una conexión auténtica y abierta, sin presiones económicas innecesarias.
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¿Cuánto te deberías de gastar en una primer cita? Bueno, antes de decirte cuánto nos deberíamos de gastar, vamos poniéndonos de acuerdo todos. Todos, todos, todos nos tenemos que poner de acuerdo en esto. Así como ellas no tienen ninguna obligación física en la primer cita, nosotros tampoco tenemos una obligación económica. Si tú esperas que yo gaste, yo espero que me las des. Las primeras citas no son subastas. Si ellas dicen que para acostarse contigo necesitan conexión, química, sentirse seguras, pues qué crees, yo tengo las mismas necesidades para justificar mis gastos. La primera cita en realidad es para conocerse, para ver qué puntos hay en común, si se siente bien estar juntos. Y como tú quieres que ella te conozca por lo que eres, no exageres en una cita. La primera cita debe reflejar cómo normalmente es tu estilo de vida, porque también está mamón que haces una cita bien cara y normalmente tú no vives así. O sea, si te la quedas, pinche presión, o sigues gastando un chingo, o va a tener que descubrir que no eres tan chingón como decías, o va a tener que descubrir que Nomás estabas faroleando. Entonces los gastos que tú tienes normalmente cuando tú sales solo a hacer tus actividades, entonces a lo más pues invítala a hacer las cosas que tú haces normalmente para que conozca tu estilo de vida y normalmente tu nivel de gastos, y que no ande esperando pendejadas. Nadie se merece un trato que no se ha ganado. Yo no puedo esperar acostarme con la morra nomás por lo que tengo, pero ella tampoco puede esperar que yo gaste nomás por cómo se ve. Ese es mi estilo de vida, ese es el nivel de salidas que yo me doy, ese es el nivel de comida que yo compro, ese es el nivel de lugares a los que yo asisto. Así, si sí le gusta, pues listo para una relación. O sea, puede que no sea lo que estás buscando, pero ¿y si sí? Y si aunque no quisieras salir en una relación, de repente esta chica sí te gusta un chingo, entonces ¿para qué finges tu nivel de vida? Tu tipo de actividades, tu presupuesto, porque no hay nada tan pinche difícil que gracias a otra persona tengas que cambiar por completo tu estilo de vida nomás para darle gusto. Es una recesta para el desastre. Ni todas son solo para una noche, ni todas son para toda la vida. La mente abierta, el corazón abierto a descubrirlos, y sí, y si no, pero por si acaso, no te exageres nomás por quedar bien, porque eso apesta.