
Three Spanish speakers argue that while only 1% of men commit violent acts, media and feminist narratives unfairly blame the majority. They call on men to stop complaining and take concrete responsibility for changing laws and everyday behavior, using a parenting analogy about solving problems instead of assigning blame.
Chapters
¿Hay hombres que violan?
Sí.
¿Hay hombres que son violentos?
Sí. ¿Cuántos son?
El 1%, güey.
El 1%, estadísticamente, güey, los hombres que pueden hacer eso son mucho menos del 1%. Pero estamos enfocando las leyes y la lucha feminista y los pinches reportajes, güey, y el contenido y la publicidad, güey, los espectaculares y todo eso, lo estamos enfocando al 1% que comete esos pinches hechos.
O sea, sí hay que cuidar que no pase eso. Pero estás haciendo sentir mal a la mayoría.
Le pones enfrente bien cabrón lo que es todo este trip transexual, güey, pansexual, cabrón, todo ese rollo, y la página azul y el libertinaje, güey, todo eso, cabrón.
Y las mismas mujeres les está afectando. O sea, yo tengo videos en los que hablo de todo lo que está mal en la paridad hombre-mujer, en el que hay un montón, güey, montón de comentarios de mujeres de yo estoy de acuerdo, es que las feministas no me representan, las feministas no me representan, las feministas no me representan, las feministas no me representan, las feministas no me representan. Tanta— you think feminists represent you?
No puedes tú permitir una sociedad en el que la minoría controla a la mayoría porque generas una molestia, un enojo, una inconformidad social. Y esto únicamente está pasando porque los hombres no estamos teniendo responsabilidad. Responsabilidad social, responsabilidad sobre las leyes que se están tomando, o sea, al punto de que estamos permitiendo que sigan aprobando y nomás nos quejamos.
Es que eso no es masculino, güey, no es masculino. No es masculino que nada más te quejes los hombres. No nos quejamos los hombres, ponemos acción.
Por ejemplo, ustedes que no son padres de familia, güey, es una onda bien interesante cuando eres padre de familia Y de repente vas caminando en tu casa, güey, y te encuentras algo tirado, lo que tú quieras, ¿no?
Puede ser una servilleta, güey, puede ser un juguete, lo que se te dé tu puta gana, ¿no?
Algo está tirado ahí. Y tú volteas, güey, y le dices a todos los integrantes de la familia, dices: Oye, ¿quién tiró esto? ¿Por qué eso está en el piso? Yo no lo tiré. Y tú dices: Güey, hijo de tu puta madre, no te pregunté. No te pregunté quién lo tiró, te pregunté por qué está en el piso, güey. No, ese es el detalle, no.
Y te empiezas a dar cuenta como padre que el problema no es buscar el pinche culpable, es ponerle solución. Tienes que ponerle solución a las cosas que están tiradas, que están mal hechas, que están rotas.
No me importa quién lo haya hecho, güey. El pedo es que está roto, el pedo es que está obstruyendo, El pedo es que está fallando, el pedo es que renovarlo, el pedo es que hay que darle mantenimiento.
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