En este fragmento de la conversación entre SPEAKER A y ISAI, ambos relatan una relación romántica que terminó en ruptura y posterior reconciliación, centrada en la crianza de un hijo en común. El relato se construye alrededor de la idea de que el autor (SPEAKER A) trató a su pareja como una igual, negociando cada conflicto, lo que según él provocó la pérdida de autoridad y el aumento de los berrinches de la mujer. A medida que la relación se deteriora, el hablante reconoce que su falta de liderazgo masculino fue la causa del fracaso, y decide recuperar su posición de autoridad, lo que lleva a la ruptura definitiva. El discurso está cargado de lenguaje coloquial y vulgar, y refleja una visión tradicional de los roles de género donde el hombre debe ejercer liderazgo y la mujer debe someterse. Se menciona también la motivación de volver a la relación por el hijo, pero finalmente se afirma que la mujer quedará “clavada” porque el hombre ha demostrado ser una figura de autoridad.
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Ahora te va a tocar este momento de confesión. La madre de mi hijo era una mujer increíble, güey, hermosa, cuerpazo, pinche actitud, mentalidad.
La mamá de mi hijo es el ser que yo considero que es de mi nivel el que sigue en inteligencia, abajito.
La morra está cabrona, güey.
La morra es una pinche autoridad, la morra se impone ante las demás mujeres, está cabrona, güey.
La morra además mide unos pinches 80 y yo la veía muy espiritual y yo la veía muy inteligente y según yo la veía muy madura. Y la verdad, la relación salió mal por mi culpa. Fue mi culpa porque cada vez que hubo un pinche pedo, yo la traté como igual.
Cada vez que había algún problema, cada vez que había algún conflicto, cada vez que se tenía que tomar una decisión, yo la consideraba. Yo le decía: oye, ¿qué onda? ¿Cómo ves si hacemos esto?
Había un problema y lo negociaba. No, mira, mi amor, ubica, tú y yo estamos bien. Es que si pasa esto, lo otro no va a ser buena idea. Mira, güey, yo negociaba con ella.
Yo trataba de hablar uno a uno. Eso fue lo que hizo que se lo cargara a la verga la relación, porque cada vez que se tomaba una pinche decisión, cada vez que hubo un pinche conflicto y yo lo trataba como igual, pues ella me veía como otro igual, no como una autoridad. Entonces nunca me siguió, nunca me quiso hacer caso, cabrón. Nunca aceptó mi liderazgo, y como no hubo liderazgo, pues las pinches peleas, pues ella siguió, güey. Cada berrinche era más grande.
Cada vez que yo le aguantaba un berrinche por negociarlo y no, mira, mi amor, fíjate, cada vez que yo la traté como una igual, cada vez hizo un pedo más grande hasta que terminamos.
Cuando terminamos, le tocaron ya el momento final, ya los últimos meses de la relación.
Ahora sí le tocaron unos pinches sablazos porque me cansó la verga, güey. Me di cuenta que, güey, o sea, así no iba.
Y un día sí me acuerdo perfectamente que me dije Oye güey, ¿tú te ves así siendo toda la vida?
No, pues la neta no. Pues cabrón, lo tienes que cambiar ahorita güey.
Fum, dije hijo de su puta madre, regresé a ser el Isai de siempre.
Pero como ella estaba acostumbrada a que le aguantaba los berrinches, a que todo lo negociaba, que todo lo quería hablar como iguales, pues la morra quiso montarse en su macho y ya no se lo permití.
Pa, pa, pa, pa, güey.
Hasta que se mandó a la verga la relación.
Y la morra estuvo chingui chingui chingui que regresáramos.
Y cuando regresamos Que "Nah, ese regresa con la ex". Ustedes no saben lo que es tener hijos, así que cállense a la verga, ¿no?
Pero cuando regresamos, ahora sí, güey, venía pero con las manitas dobladas, sedita, sedita, güey. Lo que yo le dijera, cuando lo dijera, se hacía, cabrón, ¿no?
Ya era muy tarde, yo ya estaba cansado de ella.
Yo ya no quería tener nada con ella, yo no quería ya nada con ella, güey.
Me regresé por mi hijo, güey, pero sí a los pinches 5 o 6 meses le dije: "¿Sabes qué? Se acabó, a la chingada. Yo ya no quiero nada de esto".
Y a la fecha sigue clavada, güey.
¿Por qué? Porque eventualmente le demostré yo soy un hombre de autoridad. Y ahora, para que se encuentre otro hombre así, está de la verga, güey, no va a poder, va a seguir clavada.
Si tú no eres un hombre de autoridad, aunque seas muy bueno, aunque seas muy trabajador, aunque seas un cabrón bien mamado, güey, a la verga.