En este monólogo motivacional, el orador dirige una crítica mordaz a los hombres que buscan el éxito sin esforzarse, recurriendo a trucos superficiales como fotos de Instagram, frases de ligue y “abridores” para conquistar a las mujeres. Señala que estos hombres evitan el entrenamiento real y la confrontación directa, prefiriendo esconderse tras una pantalla y depender de atajos. El discurso insiste en que el verdadero hombre debe asumir la responsabilidad, entrenar, actuar directamente y dejar de resistirse a lo que sabe que debe hacer, pues el tiempo pasa y la vida se acaba si se sigue evitando el trabajo real.
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Pero en el trabajo y en las mujeres son reculos, güeyes, son reculos, cabrón. No quieren hacer lo que se tiene que hacer, pero quieren tener el éxito que quieren tener y se la pasan resistiéndose, se la pasan queriendo los trucos así más básicos. No, oye, dame el abridor, no, dame el, dame este, ¿qué hago en una cita? ¿Qué le digo? Para que se, güey, una de las peores, ay, una de las cosas más chafas, güey. Me cae, güey, no, qué nacada, qué pinche ultra mega nacada, no. Pero una de las cosas más chafas que hacen es querer vestir su Instagram, güey, para ligar. No mames, güey. Y yo sé que va a haber cada pendejo que, güey, no sabes, obviamente eso funciona. Y no mames, qué cosa más desastrosa tener que preocuparme por las fotos que subo para ver si así caen las viejas virtuales, no. Y güey, o sea, quieren que todo les salga, güey, a través de que alguien más se los arregle. ¿Qué fotos debo de subir? ¿Cómo le hago? ¿Qué le digo para sexualizar? ¿Qué abridor le digo? Y entonces no quieres pasar por el entrenamiento, no, no quieres pasar por lo real, te quieres ocultar detrás de una pantalla, pero te quieres convertir en ese hombre. No, pero yo sé que el hombre que ustedes se imaginan que pueden llegar a ser, yo sé que no se lo imaginan, el hombre de que nunca le puede hablar a una chica de frente, pero nunca lo hacen, no. El hombre que puede conseguir a la que quiere cuando la ve pero nunca lo hacen. El hombre que pues, güey, o sea, toma menos tiempo de lo que se imaginan. Han desperdiciado un montón, un montón de tiempo por resistirse a lo que deberían de estar haciendo. Pero pasan los años y pasan las décadas y se acaba la vida, se los juro, se los juro que se acaba resistiéndose a hacer lo que saben que deberían de estar haciendo.