
A man describes how his partner's kidnapping in 2010 sent him into depression, which he escaped by manipulating women as a way to feel control. His friend Alexis invited him to Buddhist practice, where he realized real control comes only from within. He stopped the games and learned that self-respect comes first.
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Wey, te he contado de cuando yo era el fita. Pues por ahí como del 2010 me secuestran a mi morra. Muy enamorado, ya vivíamos juntos, todo el pedo. Y ya pues meses y meses de pinche tristeza y dolor, cabrón. Me despabilo y digo: ya la chingada, pues tengo que volver a agarrar morras porque no puedo estar en depresión. Yo pues quería estar súper mega en forma para el día que ya me volvía a encontrar. Así que desde que la desaparecieron me iba 3 horas al día al gimnasio, pues también para pinche olvidarme del pedo, wey. Total que ahora le entro de nuevo a lo de las morras, pues ya era bueno desde antes, pero ahora desde el mundo del dolor. Wey, cómo me da cringe estar hablando con mis compas en esas reuniones de pre-copa tratando de decirles a todos cómo se tienen que comportar las morras. Las mujeres tienen que ser así, tienen que ser asada. Ay, wey. Y wey, sí me agarraba morras, pero más que por gusto, yo creo que las agarraba para lastimarlas. Y sí me llevé unas muy buenas morras entre las patas, cabrón. Y ya después de tratar de andar controlando morras y mandándolas a la chingada por cualquier cosa, Oye, y encima sintiéndome chingón por mandarlas a la chingada por lo que fuera. Pues un día mi brother Alexis me invita al budismo, y estando ahí me acuerdo de una gran verdad: que no existía tal cosa como andar controlando mujeres. La única persona que podría controlar era yo mismo. Que solo mi manera de pensar y mis acciones tenían realmente influencia en cómo se comportaban ellas. Para que ellas fueran chidas, pues yo tenía que ser chido, güey. Y para que ellas me respetaran, güey, me tenía que respetar a mí mismo. Al final nada tenía que ver con ellas, wey. Todo era acerca de mí, yo era el origen de todo. Y cuando me relajé, las cosas volvieron a salir bien. Y ya, me dejé de truquitos mamones, las cosas empezaban a fluir como siempre, me la volví a pasar de huevos con ellas. Porque lo bonito de aceptar que uno es el problema es que también significa que uno es la solución.
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