En este panel de conversación, varios participantes discuten la necesidad de que los hombres cuenten con una guía o mentor auténtico para su desarrollo personal. Se critica la tendencia de muchos "maestros" de masculinidad a promover una postura de "alpha" que se asemeja a una falsa iluminación espiritual, y se señala que intentar curar el propio dolor causándole daño a otros solo perpetúa ciclos tóicos. Los interlocutores comparten experiencias sobre relaciones románticas, destacando que la falta de entrenamiento emocional y la persistencia del rencor dificultan la construcción de vínculos saludables. Se argumenta que la verdadera mejora requiere una combinación de filosofía, técnicas prácticas y aplicación constante, y se advierte contra maestros que ofrecen resultados mediocres o promesas de auto‑curación mediante amor propio superficial. El discurso culmina con una llamada a elegir sabiamente a los mentores, pues la toxicidad de un guía puede ser tan dañina como la ausencia de guía.
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Hoy más que nunca los hombres necesitan guía, un maestro, un líder que los pueda guiar. El problema es que la mayoría de los hombres que enseñan de masculinidad, a lo más, lo mejor que se les ocurre es ser alfas.
Ser alfa es como un estado de falsa iluminación en la espiritualidad.
Según tú, ya saliste de la oscuridad, de las penumbras, ya viste la realidad y ahora ya sabes y nadie más. Pero si el rencor te hace seguir pensando que debes obsesionarlas, que debes de usarlas, que todo debes de mandarlas a la chingada, es inevitable que en algún momento esas mismas técnicas jueguen en tu contra.
¿Por qué?
Porque no existe tal cosa como que cures tu dolor causándole dolor a otros. Eso es continuar el ciclo de mierda.
Y por mucho que quieras convencer a tus compas de que tú de por vida vas a ser un lobo solitario, tú nomás las vas a usar.
No conozco ni un solo cabrón a mis 43 años de vida que haya logrado que en ese camino no le haya fallado un par de veces encontrar con alguna mujer química y conexión.
Y eso es inevitable. Te terminas quedando con ella todo el fin de semana, de repente mejor salir con ella que seguir contestándole a las otras morras. Y el peor de esto es que el corazón es un músculo que también se tiene que entrenar. Y si por andar forzándote a evitar crear una relación porque tú siempre ibas a ser soltero, porque jamás sanaste el rencor que te quedó dentro, pues no vas a saber manejar a la morra y se te va a caer la relación, porque hasta para eso se necesita experiencia. Entonces hay otra etapa en la que otros maestros están que tampoco es buena, que sigue siendo como esa falsa iluminación de la espiritualidad. Entonces creen que con amor propio se cura todo, y con la bondad, o con rogarle a una morra hasta que ella caiga porque te hiciste popular.
No, está muy pendejo llevar una masculinidad de esa manera.
Todo tiene filosofía, todo tiene técnica, todo se debe de aplicar para llevar una vida completa, todo el tiempo, siempre. Si crees que es difícil hacerlo, es más difícil si no lo haces.
No me tienen que seguir a mí, vale madre, nomás les estoy diciendo que si van a elegir, elijan sabiamente, porque si conecta con tu toxicidad, algo está mal en ese maestro. Ninguno de mis seguidores ha fallado en mejorarse, y todos los demás los he visto lamentarse del tiempo que perdieron con técnicas que nomás les dieron resultados mediocres. Que sí, se sentían bien porque antes no les salía nada, pero eso no es sostenible.
Por eso ha tenido miles de seguidores en la Universidad del Hombre, por eso hay tanta gente que está contenta con el clon. La liga está en mi biografía porque el entrenador sí juega.