In this informal, profanity‑laden monologue, the speaker delivers a set of blunt relationship guidelines centered on a transactional view of dating. He argues that men should not give women gifts, affection, or favors unless those items are earned or explicitly requested. The speaker emphasizes controlling the “supply” of resources—money, attention, and gestures—so that the partner values them more and is motivated to work for them. He claims that rewards should be proportional to the perceived merit of the recipient’s behavior, and that giving out of fear of losing affection or to gain approval backfires, leading to disrespect. The narrative repeatedly references personal rules (e.g., never make a significant or costly gesture until it is “earned”), the psychological principle that people value what they have to work for, and the idea that maintaining control over the flow of gifts ensures appreciation and continued desire. The overall tone is colloquial, masculine, and critical, positioning the advice as a pragmatic strategy for navigating romantic interactions.
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Tú has de estar igual que este cabrón del comentario. Dice: Basado, prefiero partirme la cabeza andando en patineta que pasar 2 años en terapia por una mujer que le di todo para que nomás me dijera sí, yo ni te lo pedí. Brother, eso te pasa a ti y nos ha pasado a todos, cabrón. Pues es que la lección es esa: no les des cosas que no te pidan. Funciona muchísimo mejor que andarse escondiendo de ellas. Wey, si de todas maneras toda la vida te van a gustar y pues wey, las ganas siempre están ahí. Se pone tan cabrona que aquellos que juran que jamás van a tocar a una mujer terminan molestando a los niños. Saludos a la Iglesia Católica. Mira bro, cuando tú das, tú tienes que dar porque se te dan las ganas de dar. Y eso siempre va a ser bien recibido. Pero cuando tú das con tal de agradar, con la necesidad de ganar un sentimiento o el temor de perder un sentimiento, Ahí es cuando siempre se recibe mal, porque no es dar lo que da a las mujeres ese pinche poder pedante de tratarte mal. El problema es que tú se los des como si ellas te estuvieran haciendo un pinche favor al recibírtelo. Yo, por regla general, nunca hago algo significativo o muy caro hasta que no es mía ya, y es porque se lo ganó, no porque me las dio, porque yo soy el que le está dando, cabrón. Ahí el favor se lo estoy haciendo yo. Pero si después de eso se porta bien, se porta agradecida, pues claro, pueden comenzar a venir en recompensa ciertos detalles, ciertos regalos. Pero pues, carnal, según el sapo, la pedrada, ¿no? O sea, según el nivel de merecimiento es el nivel de recompensa. Pero como el ser humano solo aprecia lo que sabe, el trabajo que costó conseguirlo, pues no importa lo que des, sino más das por dar. Normalmente lo desprecian, pero si tú eres el que está en control del suministro de todo, incluyendo del deli, pues güey, siempre lo van a valorar, van a saber agradecer y van a buscar cómo ganarse más. Porque escúchame bien, cabrón, importa muchísimo más lo que tú le das después de que ella se lo ganó, por muy poco que sea, que cualquier otra pinche cosa enorme, cara increíble, que no se haya ganado. Y güey, entre más bonita, más sabrosa, más sexy está, más funciona. Porque entre más fácil y más normal para ella sea conseguir lo que quiere, más va a desear y luchar por lo que le cuesta trabajo conseguir. Güey, si lo haces hasta con tu actitud, va a llegar el momento hermoso que la más sabrosa, la más rica, la más hermosa, la más guapa, güey, te agarre del pinche cuello de la camisa y te diga: ¿Por qué pudo tener a todos y a ti no?