En este monólogo, el autor reflexiona sobre cómo gran parte de nuestras creencias y sentimientos de vergüenza son impuestos por la sociedad: nos hacen sentir que ser bajo, tener una nariz grande o cualquier rasgo físico es "malo" solo porque alguien lo señala. Esa exposición genera comparaciones constantes y, a su vez, intimidación. El discurso sostiene que las características con las que nacemos (estatura, fuerza, economía) no son necesarias para alcanzar metas; lo que realmente importa son habilidades que pueden adquirirse. Critica los comparativos hipócritas donde nos medimos con personas que poseen destrezas que no hemos desarrollado, diferenciando la competencia sana de la envidia tóxica. Finalmente, menciona el material de seducción "El Seductor Legendario" de madlabproject.com como referencia experta sobre dinámicas interpersonales.
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que la mayoría de sus creencias ni siquiera son tuyas. Tú no sabrías que está mal chaparro, ser chaparro, hasta que alguien te lo trajo a la luz. Tú no sabrías que está mal tener la nariz un tanto chueca o grande, o los dientes, o las orejas, si alguien no te lo hubiera llamado la atención. Sin ello, el hecho que está mal jamás te hubiera pasado, jamás te hubiera pasado por la cabeza, jamás te hubiera pasado por la cabeza que esa lo que te debía de achicar. Es cuando te comenzaron a ti a juzgar, cuando te lo trajeron así bajo el reflector, que tú comenzaste a sentir vergüenza, y que gracias a esa vergüenza te empezaste a comparar constantemente con gente. Y ese comparativo es lo que hace que la gente te llegue a intimidar. La gente no te debería de intimidar de ninguna manera, de ninguna manera, o sea, ni por su estatus, ni por su fuerza, ni por su economía. Ni por su estatura, porque para conseguir lo que tú quieres, ninguna de esas características que son de nacimiento son necesarias. Y todas las características que sí son necesarias las puedes adquirir, no son de nacimiento. Las que son necesarias no son de nacimiento, las que son necesarias las puedes adquirir. Las que son de nacimiento no hacen ninguna diferencia si a ti no te causa ninguna diferencia. Y ahora, tú te haces con los demás, que esta es una parte importantísima, ese comparativo que tú te haces con los demás en el que el comparativo se trata de algo que ellos sí consiguieron y tú no, es un comparativo ridículo, es un comparativo hipócrita. O sea, ¿por qué te vas a comparar con alguien de una manera que te intimide? No, o sea, yo entiendo si a lo mejor lo ves como competencia y dices maldito, le tengo que ganar un pinche día. No, cosa no, pues es que el amor más grande es el amor que existe entre dos grandes guerreros, no, porque esa como dinámica de este cabrón, no, que le quieres ganar, por eso existen los némesis, no, uno con el otro, eso está a toda madre, no. Pero cuando el comparativo es porque esa persona tiene una habilidad que tú no tienes, pero no estás desarrollando, es un comparativo pendejo. Por todo el conocimiento experto sobre seducción en El Seductor Legendario en madlabproject.com.