En este monólogo, el creador ofrece una guía paso a paso para abordar a una mujer en lugares públicos y convertir la conversación en una cita. Primero enfatiza la importancia de iniciar con un comentario espontáneo y original que refleje lo que está ocurriendo en el momento, acompañado de uno o dos chistes breves para demostrar creatividad y seguridad. Luego sugiere preguntas generales (ocupación, procedencia, planes) para mantener el flujo. Cuando la conversación alcanza su punto más comprometido, el hablante propone una actividad que él ya tiene planeada para dentro de 2‑3 días, presentándola como algo que hará de todas formas y ofreciendo a la otra persona la opción de acompañarlo. Finalmente, se indica cómo bajar la presión pidiendo el número de WhatsApp y confirmando el encuentro, resaltando que la invitación debe sentirse como un hecho inevitable, no como una petición directa.
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O sea, llevo un tiempo acercándome pues en lugares públicos, me acerco, saco el contacto, pero no encuentro la forma de llevar la conversación como a proponer la cita. Más que nada eso. Cuando estás hablando con la chica, llegas, le sacas el principio de la conversación y se ríe, te metes a tema viaje. O sea, el principio tiene que ser súper original, no en el sentido original, no de que digas cosas increíbles, no, sino es algo que no está practicado, no es algo que te inventaste, no es algo que te memorizaste, es lo que está pasando en el momento, es original porque está pasando en el momento y los momentos son irrepetibles, ¿no? Entonces, "¡Ole, qué padre tu blusa!", "¡Oye, ¿viste esto o aquello?!", ¿no? Así van, chistecitos, 2, 3 chistecitos rápidos para demostrar creatividad, seguridad. Después te avientas cosas bien generales como "¡Ay! Oye, ¿tú sigues por aquí?", "¿A qué te dedicas?", "¿Qué haces?", "¿De dónde vienes?", "¿A dónde vas?", ¿verdad? Y ya que la conversación la sientas como interesante, mientras en el momento más, en el que más enganchada está, en ese momento de: oye, pues fíjate que tal día, a tal hora, en tal lugar pasa esto, hay esto, sirven esto, se come esto, se presenta esto, se pone muy padre, yo voy a ir el domingo, yo voy a ir. Procura que sea de 2 a 3 días después de cuando las vas conociendo. Si gustas me puedes acompañar, ¿no? Entonces lo que haces es eso, le bajas la presión a que la cita parezca que está cerca de ella, le estás contando de algo interesante, se lo estás poniendo, pintando bonito para que ella se ponga en la pintura. Si gustas me puedes acompañar. A lo mejor lo más seguro es que te diga que sí, ¿verdad? Si llevaste una buena conversación. A lo mejor te dice que no puede porque pues ese día realmente no puede, porque es válido, ¿no? Que la gente tenga planes ya hechos, agendados. ¿Cuándo sí? No, ay, es que ese día no puedo. ¿Cuándo sí? Esa es una pregunta que se la tienen que grabar de cajón. ¿Cuándo sí? Ah, pues tal día. Ah, perfecto, pues pásame tu WhatsApp. ¿Cómo te llamas? No, pues Karina. Pásame tu WhatsApp. Mira, yo soy Josué, te mandé mi número y pues platicamos, ¿no? Nos ponemos de acuerdo. Sí, dale, pues, y te despides, ¿no? Pero el momento de la cita se saca en el momento en el que ella está más interesada, más metida en la conversación, para que se quede con ganas de más. Y lo haces como algo que tú ya vas a hacer y que si gusta te puede acompañar. O sea, lo propongo como algo que yo voy a hacer para que no se vea como— ya vas a hacer, como un hecho, con ella o sin ella. Eso es lo que se tiene que sentir, que sin, con ella o sin ella, de todas maneras tú lo vas a hacer.