En este monólogo, el creador Master Santana narra su transformación personal desde ser un adolescente antisocial e introvertido hasta convertirse en un seductor exitoso y un empresario competente. Relata cómo, al no tener amigos, encontró en el baloncesto una vía para practicar y mejorar mediante la repetición, lo que le enseñó que la habilidad se adquiere con esfuerzo constante. A partir de esa lección, decidió acercarse diariamente a mujeres, practicando la conversación y el carisma, lo que le permitió desarrollar confianza y destrezas sociales. Con el tiempo, esas mismas habilidades se trasladaron al ámbito de los negocios, donde su capacidad de conectar, ser ético y persuasivo le abrió oportunidades sin necesidad de asistir a eventos sociales. El mensaje central es que, aun siendo introvertido, la práctica deliberada y la aplicación de técnicas aprendidas en un contexto pueden generar éxito tanto en la seducción como en los negocios.
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Wey, sobre ser introvertido, ser antisocial y aún así que le halles a las morras y a los negocios. Te voy a contar poquito de mi historia, wey. Cuando yo estaba morro, totalmente antisocial, wey. No tenía ni un solo amigo, wey. Y de hecho los que creía que tenía hasta se me escondían, cabrón, ¿no? Y cuando ya llega el momento de la secundaria, que ya descubrí que me gustaban las morritas y todo eso, ya en ese entonces ya le hacía yo al deporte. Encontré uno al que no era todo retardado para hacerlo, porque en todos, güey, valí madre, excepto para el basketball, que bueno, le eché ganas, güey, y afortunadamente la llevé muy bien. Por lo mismo, más que amigos, pues por lo menos estuve con los pinches compañeros de equipo, ¿no? Y ellos sí eran de los popularcitos de la escuela, caritas, guapitos, cabrón. Y yo escuchaba que me contaban ellos que tenían 10, 20, 30 novias, ¿no? Ay, pues güey, yo en aquel entonces me las creía todas, ¿no? Decía: sí, a huevo, seguramente tiene tantas, ¿no? Pero lo cagado de todo esto, güey, es que por lo mismo de que yo me la creía, yo decía, güey, pues yo no estoy guapo, no soy social, no soy popular, pero sí me gustan las mujeres y siempre me van a gustar. Es lo que me di cuenta, güey, que siempre van a gustar las mujeres. Dije, güey, no hay de otra. Para volverme bueno va a tener que ser igual que con el básquetbol, güey, con un chingo de práctica, porque eso fue lo que me enseñó. Yo era muy pinche torpe para los deportes, pero me inicié en el básquetbol y resulté ser muy bueno porque practiqué. Practiqué mucho. La repetición es la madre de toda habilidad. Entonces, cabrón, pues dije: bueno, la misma pinche técnica. Y empecé a abordar mujeres diario, diario, diario, diario, wey. Y me volví muy, muy bueno, cabrón, para ellas nomás. La práctica constante. Los años pasaron, wey. Aún seguía en mi tripa antisocial, introvertido. No salía, no me invitaban a ningún pinche lugar. Pero de repente me empecé a topar, por ahí de cuando yo tenía 18, 19 años, otra vez con esos compañeros de equipo y con los compañeros de escuela. Y me decían cosas como: "Wey, ¿cómo le haces tú para no así desvestirte luego luego con un solo pinche beso? Si yo a una morra ya con que me dé un beso ya quiero todo, cabrón. ¿Cómo mantienes el control?" Y yo: "Oye, wey, pero yo pensé que tú eras muy bueno para las morras. Yo me acuerdo que en la secundaria decías eso." "Nah, wey, pura pinche paro. Qué chingados, wey. Mi primer beso fue a los 16." "Ah, cabrón." Y no fue la única historia que escuché así. Me di cuenta que en realidad pues era puro pinche bla bla bla de la secundaria, que tratas de quedar bien, ser de chingón, pero yo me la creía, wey. Afortunadamente eso me impulsó a tratar de agarrar morras. Pero lo curioso de todo esto es que gracias a esa habilidad que creé de poder ir a hablar a alguien que yo no conocía y tratar de ser carismático y seductor, me hizo muy bueno en los negocios. Y lo mismo, güey, la calidad que yo obtuve como persona de negocios era muy bienvenida y la gente quería hacer negocios conmigo, aunque en realidad yo no tenía que estar afuera en fiestas ni en reuniones para conocerlos. Era de voz en voz que se escuchaba, de boca en boca, que yo era muy bueno, muy ético, muy chingón para esto. Y la gente pues quiso trabajar conmigo. Sí puedes ser hábil para los negocios y puedes agarrar morras siendo introvertido y siendo antisocial.