En este monólogo, el creador ofrece un consejo directo y coloquial a hombres que sienten que su pareja no corresponde al mismo nivel de afecto. Argumenta que la raíz del problema es la necesidad excesiva: mendigar amor, mostrar ansiedad y forzar a la mujer a que lo quiera igual que él. Señala que, aunque la mujer le gusta y le desea, el intento de igualar sus sentimientos mediante la necesidad genera rechazo y pérdida de respeto. Recomienda adoptar una postura de indiferencia controlada: seguir siendo atento y caballeroso, pero sin depender emocionalmente ni demostrar miedo a perderla. Explica que la mejor forma de mantener una relación es no temerle a la pérdida, no obligar a la otra persona y aceptar que, si la relación termina, es mejor que sea por falta de interés que por necesidad. Concluye con la idea de que hay abundancia de mujeres y que no vale la pena sufrir por una sola, enfatizando la importancia de la auto‑valoración y la libertad emocional.
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Llevas meses saliendo con una morra y te acabas de dar cuenta que ella siente menos de lo que tú sientes por ella. Tú la quieres más, ella te gusta más, tú la deseas más de lo que ella a ti. Y andas todo pinche agüitado arrastrando la cobija. Ay, ¿por qué no me quiere igual? Pues por eso, cabrón, por necesitado. O sea, a la morra sí le gustas, sí te desea, sí te quiere, pero tú quieres que sea exactamente igual que como lo haces tú. No mames. Pero el principal motivo por el que no lo haces, porque haces las cosas desde la necesidad. Yo sé que tú piensas que ella es la mejor mujer del mundo, que es la de tus sueños. ¿Sabes cuál es la pinche verdad? La ves más así porque no la puedes tener que realmente por lo que es. Porque si te estuviera ahí rogando, entonces tú le perderías el respeto, dirías: ah, la traigo muerta, y la mandarías a la chingada, ¿verdad? Pero tampoco se trata de eso. Está bien que tú quieras lo que tú quieres. Lo que no está bien es que sufras porque no lo tienes. ¿Te gusta? ¿La quieres? ¿Te la estás comiendo? Pues Disfrútalo, güey, pizza gratis. Pero imagínate, no, te estás tragando una pizza bien deliciosa, güey, y estás todo llorando y preocupado de hoy es que, que todo el queso acabo, güey, por lo sabroso, lo rico. Pues que dure lo que tiene que durar. Pero te garantizo que la mejor manera de perder a alguien es tenerle miedo de perderla, y la peor manera de pedir amor es mendigando amor. De hecho, en cuanto te deje de molestar, en cuanto te dejes de tener esa pinche ansiedad, en cuanto se lo dejes como de decir, de dar a entender, o hasta de reclamar, es cuando va va a comenzar a mejorar, porque a nadie le gusta sentirse obligado, a nadie, mucho menos a las mujeres que son bien irresponsables, cabrón. Si ella siente que la estás forzando a que te quiera igual, pues te va a mandar a la chingada. Pero si a ti te vale madre, lo más curioso es que esa es la mejor forma en que suceda. Pero ojo, eso no significa que dejas de ser atento, que dejes de ser cariñoso, que dejes de ser caballeroso, un buen hombre. Eso está bien, solo un patán haría lo contrario. Lo que te estoy diciendo es que te tiene que valer madre si si te quieren igual o si te mandan a la chingada. Tú quieres porque quieres querer y estás porque quieres estar, pero de ella que sufras por eso, güey, pues ¿quién es ella, güey? De 4 billones de mujeres en el mundo, que me preocupe lo que ella no hace, pues güey. Acuérdate que la cosecha de mujeres nunca se acaba.