En este monólogo, el creador narra una vergonzosa primera cita que tuvo en 1996 durante la preposada del Colegio del Tepeyac, cuando, con solo 40 pesos, no pudo pagar la entrada y terminó humillado frente a la chica y sus compañeros. A través del relato, reflexiona sobre sus inicios como seductor, describiendo cómo los fracasos, rechazos y humillaciones fueron fundamentales para desarrollar su habilidad en la seducción. Subraya la necesidad de combinar práctica constante con estudio, ya sea de la propia experiencia o de mentores exitosos. Finalmente, promociona su programa educativo “Universidad del Hombre” en mandaproject.com, invitando a los oyentes a inscribirse.
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Ahí te va la historia de una de mis peores primeras primeras citas. ¡Ay, qué cringe acordarme de cómo salió! No me da mucho orgullo contarla, pero es para que entiendas que hasta el mejor ligador del planeta empezó en el mismo lugar donde estás tú. Por ahí de 1996, cuando yo estaba en segundo de secundaria, pues ya me estaba empezando a ir poquito mejor con las morras después de años de putizas. Ya había sobrevivido a la etapa inicial pendeja en la que les dices lo bonitas que son, les quieres dar regalos, ahí andas de queda bien viendo Eso es lo que funciona, y tampoco andar de romántico ni de poético, al menos no para agarrártelas. Pero ya un par de años después, pues ya le agarraba más la onda y me empecé a colar en el grupito de las populares de la escuela, obviamente las que estaban más bonitas. Y como pues pueblo chico, infierno grande, las morras ya comenzaban a hablar de mí. Y a una le ganó la curiosidad, tuvo iniciativa y fue a invitarme a salir. Estaba yo bien tranquilo sentado con un compa y la morra llegó así de: ¿Tú eres Isaí? Y yo pues sabía que por fuera tenía que mantenerme cool, aunque por dentro me gustaría así la emoción a Sí, sí soy, ¿qué pasó? Y me dice: quiero que me lleves a la preposada del Tepeyac. El colegio donde estudiábamos se llama Colegio del Tepeyac, cerca de la Navidad hace una preposada pero es enorme, cabrón. Escenario para conciertos, discoteca, área de comida, juegos mecánicos, un eventote, güey, una tradición muy bonita, muy importante para los del Tepeyac. No, pues güey, me llevaron a las morras más chidas y ella me lo pidió, no papi. Pero choque de realidad, cuando llegué y le dije a mi papá: oye, ya es paro, dame dinero. Yo obviamente teníamos por la escuela a la que nos mandaba a todos, pero pues el vato pues bien Me mandó a la verga, viejo. Pues, ¿quién va a salir con ella, tú o yo? Y yo con 40 pesos en el bolsillo, siendo que la entrada costaba 60 de una persona. Pero con toda la pena del mundo le pedí prestado a otra de esas morras con la que íbamos a ir así en pareja. Y todavía aparte, en la pura entrada se me perdió poquito dinero. Ya después de pagar las entradas, ya no alcanzó para nada. Obviamente le nepasteé la noche no solo a la morra, a todos. Pero agradezco los fracasos, los rechazos, las humillaciones, porque eso construyeron lo que soy hoy. Un porcentaje de actividad en este tema mayor a cualquier cabrón que haya existido. Todas las disciplinas, incluida la disciplina de la seducción, necesita práctica y estudio, las dos al mismo tiempo. Practicarlo lo suficientes veces para que la repetición lo vuelva una habilidad, y mejorando cada vez, estudiando tu propia experiencia, o mejor aún, la experiencia de alguien que ya pasó por todo lo que tú estás a punto de pasar y que ya consiguió todas las metas que tú quieres conseguir. Y para eso hice la Universidad del Hombre en mandaproject.com. ¡Inscríbete ya!