
A Spanish-language monologue argues that women use deceptive tactics like obsessing over exceptions and playing devil's advocate to undermine men's confidence and goals. The speaker contrasts this with his own ambition to become President of Mexico and unify Latin America through relentless daily effort.
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Oye, güey, me acabo de acordar de una chingadera que hacen las mujeres trucha, cabrón. Seguramente también la hacen los hombres, pero cuidado que la hacen las mujeres más. Y es más raro que a una mujer le afecte que lo haga un hombre a que a un hombre le afecte que lo haga una mujer. Pero hay dos cosas que les mama hacer a las cabronas. La primera es fijarse en las excepciones, y la segunda es una mamada que le llaman hacerse la abogada del diablo. Hijas de su Hijo de su puta madre, cabrón. Lo peor es que seguido te agarra descuidado. Ahí te va, cabrón. Wey, yo ando por la vida como si estuviera investido en un pinche poder divino, cabrón. Haz de cuenta como si anduviera en una pinche armadura hecha de los rayos del sol. Sí, cabrón. Si me lo preguntas, yo soy yo, somos brothers, wey. Esto sucede porque en mi mente yo pienso que todo es posible. Si se me ocurre algo que quiero hacer, se puede, hijo de su puta madre. O sea, desde el pinche día en que me dije a mí mismo: Oye cabrón, ¿qué de especial puede tener cualquier otro ser humano, güey, para hacer algo que yo no pueda hacerlo? Güey, no se me ocurre nada que otro ser humano pueda hacer que yo no pueda. Es que no importa la meta que uno tenga, hay otro hombre con las mismas características tuyas o mías que lo ha conseguido. O sea güey, mi meta es ser presidente de México y luego crear una sola nación de toda Latinoamérica. No dije mi sueño, así, yo estoy seguro que lo puedo hacer y que nadie más lo crea me vale madres. Y exactamente ese es el ingrediente completo de cualquier cabrón en el planeta que ha alcanzado cualquier pinche meta. Trabajas en ella a diario, aunque sea poquito, hasta que de repente se vuelve lo suficientemente grande para que dejes tus actividades diarias, te dedicas full ahora sí a chingarle en esa pinche misma meta que tienes y la consigues, güey. Eso le pasa a todos los seres humanos. Bueno, sobre todo a los hombres, porque nuestras metas no dependen de nuestra belleza. Pero como a las mujeres les encanta fijarse exclusivamente en las excepciones, por eso se enamoran del perdedor, ¿no? Porque le ven algo bueno. Y por eso al ganador muchos los terminan mandando a la chingada, porque se fijan en lo que tienen malo. Entonces, güey, si le cuentas algo de lo trabajo, de tus metas, de lo que haces, ella, según muy inteligente, te va a decir: ah, pero ¿y si pasara esto? Y tú dirías: "Wey, pero es que se preocupa." Pero es que no es una vez, es siempre, siempre, siempre. "Pues wey, para hacer las cosas necesito estar seguro y esta cabrona me hace estar dudando." Cuidado, cuidado. Y la otra es su mamada del abogado del diablo. O sea, eso es cuando ni siquiera creen en lo que te están discutiendo. Nomás es porque les gusta la controversia. Entonces de cualquier tema te quieren llevar la contraria, cabrón. Pero no lo notas porque es sutilmente. Y te daría ejemplos, pero sabes qué, güey, prefiero no decirte para que la pinche duda adentro te haga siempre estar al cuidado, que creas que nada más van a ser los ejemplos que yo pueda darte. Como todas lo hacen, mi recomendación es la siguiente:
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