En este monólogo, el autor expone su visión de la seducción auténtica como una conversación bien dirigida. Usa la analogía de los telegramas para enfatizar la importancia de la economía de palabras, sugiriendo que cada palabra ahorrada aumenta el impacto. Señala que una conversación eficaz combina el discurso verbal con la comunicación no verbal, pero para que esta última sea genuina el hablante debe eliminar su "campo de fuerza" protector que lo hace temer al rechazo y a la humillación. Propone adoptar una mentalidad de "voy a ver qué se siente", animando al oyente a arriesgarse, experimentar y aceptar posibles rechazos como parte del proceso, en lugar de paralizarse por la imaginación de resultados negativos.
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Si no las divierte lo que a ti te divierte, pues hazlas divertirse de la manera en la que ella se divierte, con una buena conversación. Pero aquí hay una parte interesante: una buena conversación con alguien que no se calla, que lo único que necesita es dirección, pues puedes hacer lo menos posible. Cada palabra que te ahorras cuentas, es como si estuvieras, bueno, que ya no tiene relación, es como si estuvieras escribiendo un telegrama, ¿no? Pero bueno, los telegramas, ¿saben qué eran los telegramas? Que cobraban por palabra. O los mensajes de texto de los finales de los '90, principios de los 2000, que te tardabas en ahorrar palabras, escribiendo letras. En fin, entonces, en realidad, ¿cómo quiero que vean esto? Como una conversación bien dirigida. A mí eso se me hace la seducción auténtica. Comienza con una conversación y la conversación tiene demasiados matices, que incluye la comunicación no verbal. Para que la comunicación no verbal sea correcta, la que sale de mí, tengo yo que eliminar el campo de fuerza que me protege. Aquí hay un campo de fuerza que me protege. Me protejo, me protejo al resistirme al rechazo. Me protejo, me protejo al resistirme a la humillación. Si no lo hago, nadie me va a hacerlo, ya chingué, ¿no? Me protejo, lo hago todo estresado porque ¿qué tal que me sale mal porque mi imaginación? Pues pin, hazlo a ver qué pasa, ¿no? Les recomiendo que desde ahora en adelante mantengan una mentalidad de: voy a ver qué se siente, voy a ver qué se siente. Si me rechazan, a lo mejor no se siente como me lo imagino.