En este monólogo improvisado, el creador reflexiona sobre lo que él percibe como ventajas de ser hombre, centrándose en tres áreas principales: la seguridad de envejecer sin perder atractivo, la crítica a la inflexibilidad y la carga emocional que, según él, muchas mujeres imponen en las relaciones, y la preferencia por una pareja menos atractiva pero más estable y cooperativa. Argumenta que, a medida que las mujeres envejecen, su valor percibido disminuye si no son flexibles, mientras que los hombres mantienen opciones y estabilidad económica. Con un tono coloquial y cargado de vulgaridades, el hablante defiende la idea de buscar una compañera que no genere conflictos constantes y que permanezca incluso cuando los recursos económicos escaseen, resaltando que la tranquilidad y la capacidad de conversar sin drama son más valiosas que la belleza superficial.
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No hay pedo, ya sé seguirle, ya sé levantarme, ya sé seguir andando, ya sé seguir luchando. Y el mundo en ese aspecto de los hombres está bien padre, güey, porque tenemos garantizada la vejez, güey. ¿A qué me refiero con esto? Cuando veo mujeres, güey, que se nota, güey, que esa mujer es soltera, güey, pueden andar así y aún así como que se les nota algo por ahí, güey. Pues la vida les pegó, güey, ya les llegó así un putazo la factura de pues sí, Cuando estuviste bonita, güey, la vida te dio mucho, no lo supiste aprovechar porque pues, cabrón, en cada pinche relación querías que algo fuera como tú querías. No eras flexible, nunca fuiste flexible con las pinches relaciones. Le seguiste echando la culpa a los cabrones por el resultado negativo de tus relaciones y fuiste perdiendo más y más tu atractivo, al punto de que pues ya para los hombres, pues, ¿quién se va a meter con una de 55, 60, mi vida? Y ahora, bienvenida a la realidad, y dices: no mames, cabrón, no puedo estar con una morra que todo el tiempo está chingando, no, que todo el tiempo se está quejando. El hombre, cabrón, al final muchos toman esta decisión. Díganme si lo han visto, muchos toman la decisión de: mejor me voy con una más o menos, que no esté tan chida, jovencita, que no esté tan chida, pero que no la haga tanto de a pedo. Al final las mujeres creen que para nosotros, güey, así nada más las más hermosas nos importa, güey. Puta, güey, no saben así la importancia de morra, sea liviana, nada. La vida ya es muy pinche pesada para que tú seas un caos en mi existencia, para que todo sea cuando sea una pinche pelea, para estar sintiéndome mal todos pinches días cuando pasa algo porque tú no puedes manejar tus emociones y hablar de las cosas sin volverlo una pinche tragedia. Dices, güey, prefiero alguien con quien pueda platicar cuando hay un problema, que podamos hablar del problema sin sin que ese problema se torne en una tragedia. Y ya, cabrón, encontré una pareja con la que vale la pena estar. Mujeres hermosas hay un chingo, güey. Hay más mujeres hermosas que hombres seguros. Eso está bien vergas, güey. Pero te encuentras una, güey, que es buena compañera, que se la raja contigo, cabrón, que le entra todo y no le hace de pedo tanto. Todas le van a hacer de pedo, pero no le hace de pedo tanto ni tan duro, cabrón. Mejor te quedas ahí, güey, just in case, just in case, que no, madre, aquí, güey, aquí, porque aquí estoy Bien, aquí me puedo desarrollar chido. Y mientras traiga lana tendrás muchas opciones. No, no es cierto, no es cierto, no es cierto. No vas a tener muchas opciones de pareja, güey. O sea, puedes agarrarte un chingo de culitos, pero tú tienes que tener la capacidad de conseguirte una morra. Y así te vas a meter en pareja, que la morra, si llega a haber una situación en la que no haya feria, no se raje, güey.