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En este monólogo motivacional, el hablante dirige sus palabras a una persona llamada Salo, insistiendo en que no se permita que el rechazo o el "no" de los demás le haga sentir inferior o incapaz. Señala que recibir un "no" es como una puñalada al corazón, pero enfatiza que nadie debe decirle que no puede lograr algo; al menos debe intentarlo. Reconoce que intentar no garantiza el éxito, pero valora el acto de intentar como esencial. Concluye reflexionando sobre la vida como un entorno lleno de posibilidades, invitando a mirar el horizonte y decidir a dónde se quiere ir.










