Cómo convertí mi dolor en poder con Luzma Doria

Luz María Doria, executive producer of Despierta América, talks about growing up shy in Cartagena and becoming the woman she dreamed of. She wrote two books blending memoir and self-help, and shares how she turned grief from her father's death, her mother's paralysis, and her grandmother's loss into power to help others.
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En este nuevo episodio de Yo Pude, Tú Puedes, Luz María Doria, productora ejecutiva de Despierta América, nos habla de cómo se convirtió en la mujer de sus sueños a pesar de su timidez. ¿Cómo viniste a parar a Estados Unidos, a Univision?
Hay que prepararse muy bien, hay que rodearse de personas que te ayuden, no estás solo, nunca el éxito es de una sola persona.
¿Por qué dices que eras bobita?
Porque era boba del todo, o sea, a mí me daba pena todo.
Hablaremos de cómo vencer miedos, y de aquellas señales del cielo cuando un ser querido se nos va.
Cuando mi papá se murió, a mi papá le encantaban las tortugas. Yo llego a Italia y llega un tipo, un vendedor ambulante. Le digo: no, no, no, no, thank you, no, no, gracias, no, yo no voy a comprar. Y de pronto el tipo me dice: pero sé que a esto no me vas a poder decir que no. Una tortuga.
No. ¿Qué más dirías que es una buena práctica para superar un duelo?
Está viviendo su primer duelo, de su abuelita.
¿Te hizo recordarla en este momento?
Todo lo que estaba hablando del éxito, resiliencia. Ella era muy—
Esto es la vida real, señores. Esto es la vida real.
Señales del cielo cuando un ser querido se va. En este nuevo episodio de Yo Pude, Tú Puedes. Mi gente, es que yo la amo. Ustedes no saben la persona que tengo aquí. Profesionalmente ya está acá, pero como ser humano tiene los pies en la tierra. Siempre tiene una palabra bonita, siempre es alegre. Ella es una de las mujeres más importantes de la televisión hispana en Estados Unidos y por lo tanto en el mundo. Es periodista, escritora, pero es un ser humano que ustedes se van a enamorar de ella. Ella es Luz María Doria, directora ejecutiva de Despierta América. Bienvenida, Luz. Hola, mi amor.
Un abrazo.
Bienvenida.
Todas esas cosas me dan mucha pena.
Sí, yo sé que no te gusta.
Pero feliz, estoy feliz de estar con ustedes. Me encanta estas dos generaciones. Yo tengo una hija de tu misma edad, así que yo sé que nos vamos a divertir mucho aquí.
Sí, así es.
Y vamos a aprender mucho.
Sí, así es. Empecemos, ¿verdad? Contando tú cómo viniste a parar a EE.UU., a Univision, si tú eres de Cartagena, ¿verdad?
Yo soy de Cartagena y mi historia es como sacada de un libro de los mismos que yo escribo, porque imagínate que yo en Cartagena soñaba con hacer esto que hago hoy en día. No televisión, fíjate qué curioso, pero yo quería ser periodista, yo quería siempre siempre el éxito me llamó mucho la atención, y por miedosa, por insegura, por pensar que el éxito era el privilegio de alguien más, siempre pensé que yo no iba a poder ser como la gente que yo admiraba, pero quería estar cerca de esa gente. Y una de esas personas que yo admiraba era Cristina Saralegui, que era, que escribía en Cosmopolitan. Pues me vengo a vivir a Miami.
No le tocó, yo le tuve que explicar en el carro quién era.
¿Sabes quién es Oprah Winfrey? Bueno, le decían la Oprah hispana. Me vengo me voy a vivir a Estados Unidos, estudio aquí comunicación en Berry University, y tenía un amigo, teníamos un amigo en común Cristina y yo, que era Fernando Martínez, colombiano, que trabajaba con el esposo de Paola Gutiérrez, que trabaja con nosotros, y en esa época era el jefe de prensa de Julio Iglesias. Y le digo: Fernando, yo necesito que me consigas una cita con Cristina Saralegui. Y como que me la consigue, y Fernando es mucho de eso, o sea, que es curioso, y me da mi primer trabajo en Editorial América, que es hoy Editorial Televisa. En ese momento, el edificio donde se hacían las revistas como Politan, Vanidades, bueno, guardo esas revistas. No había internet, no había nada en ese momento.
Revistas de papel, literal.
En ese momento quedaba al frente del aeropuerto y yo pasaba por ahí desde los 15 años y decía yo algún día voy a trabajar ahí, yo algún día voy a trabajar ahí. Y ahí trabajé.
O sea, visualización de totalmente, totalmente sin saber que eso existía. Todo el mundo que entrevistamos de éxito nos damos cuenta que tienen eso en común, que ya lo sabían de visualizaciones.
Pero yo no yo sabía que eso funcionaba, yo sabía que yo quería eso. Lo que yo no sabía, y que gracias a Dios Cristina me enseñó, y luego las diferentes personas que me han servido de mentores me han ayudado en eso, era que yo podía ser igual de exitosa o más exitosa. Y trabajé con ella 10 años.
Pero empezaste de 21, ¿verdad?
Empecé de 21.
Chiquitica.
Sí, de 21, y a los 24 ella me da su revista para que yo la dirija. Como le digo yo, tú eres una loca.
Qué crack. ¿Qué tal?
Qué crack. Yo ahora los 24, veo los muchachos 24, están jovencitos, pero le doy las gracias a ella y cada día la quiero y le agradezco más.
Pero es que un líder ve en uno lo que uno no ve en uno a veces, ¿verdad? Pues ya algo vio en ti, ella no lo hizo a la loca.
Y por eso es tan importante. Hoy yo voy a cumplir 60, por eso es tan importante para mí identificar esas personas que yo veo que tienen potencial y ayudarlas, y ayudarlas. Exacto, que como me ayudaron a mí. A mí alguien me decía esta semana, ay, Luzma, Es que a ti te encanta hacer sueños realidad. Y yo le dije: yo soy el resumen de lo que ha sido la gente conmigo. Todos mis sueños los logré gracias a la ayuda de alguien. Yo quiero hacer lo mismo.
Sí, por eso tú siempre eres tan generosa de palabras, de todo. Y mira qué curioso, ahora que tú eres quien me ha invitado a mí a Univision y a Despierta América, mi esposo me decía cuando lavábamos carros: un día te van a entrevistar ahí. Y yo decía: este man me quiere mucho, él es un hombre verde. Hasta que le aprendí a creer y yo lo empecé a creer. Pero pasábamos por el grande que está como en el Doral, el otro edificio. Ahí empezamos nosotros. 24/05 estaba Cristina.
Claro, sí, sí, sí, sí, sí.
Mira, bueno, tienes 5 libros. Hay 2 que me llaman mucho la atención. Al final vamos a hablar del nuevo porque quiero que todo el mundo lo tenga. Eso es una belleza. Pero también La mujer de mis sueños, el primero. Sí, cuéntame, ¿cómo nace La mujer de mis sueños?
Nace exactamente hace 10 años que yo me estaba preparando para mis 50. Ahora me estoy preparando para mis 60, y cuando vi el numerito, 5-0, hacer balance, y yo, ay, Luzma, medio quintal, te convertiste en lo que soñabas a pesar de todo esto. Y para mí escribir siempre ha sido mi fortaleza, para mí siempre fue mucho más fácil escribir que cualquier otra cosa. Y entonces decidí, dije, voy a escribir un libro que se llame La Mujer de Mis Sueños, porque yo me convertí en la mujer de mis sueños, y empecé sin tener editorial, sin tener nada. Y es gracioso porque tenía una amiga que se llama Laysa Bridges, que es colombiana, que había trabajado con Kahala y había publicado muchos libros, y me dijo: yo te voy a ayudar a conseguir una editorial. Yo: ah, bueno. Ella me llamaba a mí a decirme: Luzma, no hay nadie interesado. Y yo era la que la calmaba a ella, le decía: tranquila, yo entiendo. Se me hacía raro porque yo, a mi escritorio llegaban tantos libros de personas que yo no conozco No, es que tú no tienes una buena plataforma, tú no eres conocida. Y le digo: okay, yo decía: tranquila, sigamos intentando, esto alguien lo va a querer. Y fíjate que Penguin Random House, nada más y nada menos, gracias a Dios valió la pena la espera.
Mejor, porque a veces tuvieras salido uno chiquito más barato.
Y el desespero no puede hacer que tomes decisiones que no son las que debes tomar. Entonces me invitó, me acuerdo que me invitó a almorzar la presidenta de Penguin Random House. Tuvimos un almuerzo muy, muy social. De pronto, en la mitad del almuerzo me dijo: ¿Por qué quieres escribir ese libro? Le dije: porque no he leído en español, en primera persona, alguien que cuente cuál es la realidad del éxito en los EE.UU. Me cambió el tema. Sí, seguimos hablando, y cuando nos despedimos en el parqueadero me dijo: mándame la sinopsis del libro. Se la mandé, y a la semana tenía contrato.
¡Qué belleza! ¿Y cuál es la realidad del éxito en EE.UU.?
La realidad del éxito de EE.UU. es que hay que prepararse muy bien, hay que rodearse de personas que te ayuden. No estás solo, nunca, nunca el éxito es de una sola persona. Yo no he vivido como latina el problema de la discriminación, pero existe y tienes que estar preparado.
Yo tampoco, pero existe.
Pero existe. Hemos tenido suerte que no nos ha pasado. Yo cuando entro a un a un salón de conferencias, nunca pienso ni que soy mujer ni que soy latina. Tal vez por eso no me ha pasado.
Tal vez ha pasado y no lo vemos.
Yo no lo he vivido, de verdad.
Yo sé que estás bien golpeada. Es que quiero contar, ella normalmente no es así de calladita, y está viendo su primer duelo de su abuelita. Tranquila.
¿Qué te hizo recordarla en este momento?
No sé, todo lo que estaba hablando del éxito, resiliencia, ella era muy—
esto es la vida real, señores, esto es la vida real.
Sorry.
No, nada de sorry.
No, tenemos que normalizar el dolor igual que normalizamos la felicidad, igual que normalizamos el éxito. Hay que normalizar el fracaso aunque no nos guste, porque también nos va a pasar.
Es parte de la vida, lo que hay que saber salir de eso.
Y yo te puedo contar lo que a mí me ha ayudado ante el dolor. Cuando yo perdí a mi papá, mi papá y yo éramos, y todavía lloro, y fue, yo tenía, eso hace como 17 años.
Nadie te prepara para esa vaina.
Nadie. Y yo siempre dije, a partir de ese momento yo dije, uno debería, lo deberían desde chiquito hablar de la muerte con la misma normalidad que te hablan de la vida, porque todo, a todos nos preparan, debes ser exitosa Tampoco nos hablan mucho del fracaso. Cuando ya empezaste tú, sí, pero antes no. Y cuando yo perdí a mi papá, mi gran angustia era: no lo voy a ver más.
Hija única, además, mimadísima. O sea, tú eras mi madre sola. Lo era todo de sus hombros.
Y además lo viví antes de morirse, le dio Alzheimer. Entonces fue como un long goodbye, que dicen, el largo. Pero sabes que yo estoy absolutamente segura, Sofi, de que están en un mejor lugar. Y te voy a decir algo que a lo mejor en este momento me vas a llamar loca, pero alguna vez me vas a llamar y me vas a decir: you were right. Ella se va a comunicar contigo.
Ay, ya creemos que ya pasó, la verdad.
¿Ya pasó con lo de ayer? ¿Qué pasó?
Sí, con lo de ayer.
¿Qué pasó?
Ayer me pasó y con mi papá también pasó, pero ellos te dan señales. Total.
Pero cuéntame la de la vuelta.
Bueno, yo me subo al avión. Sí, yo me subo al avión Ayer viniendo a Nicaragua, yo venía angustiadísima porque es que mi suegra fue— no, yo no voy a llorar.
No, pero llora, esto es la vida.
Y para ella fue su segunda mamá, y para mí fue mi segunda mamá. Y yo abro X, Twitter, pues, y yo no sabía que Twitter tenía mensajes directos, DMs, como Instagram. Nunca he mandado uno, y se me abren DMs, y tenía solo 3 mensajes, y uno del 2019 de mi suegra.
Esa era ella.
Y decía: yo también los extraño mucho.
Oh my God.
Yo me ericé, yo le mandé a mi esposo, le mandé, le dije: la Lulita nos quiere mucho. Claro. O sea, un mensaje del 2019 que yo no había visto. Además que si yo tuviera un montón de DMs en Twitter, eso ya estuviera por allá abajo enterrado.
No, y que no quiso que lo vieras en ese momento cuando estabas saliendo de Nicaragua.
Impresionante.
Y después le pusimos al nuevo gatito Lulo.
¡Ay, qué belleza!
Es Lulito, porque a ella le decían Lulita.
Sí, pero el duelo hay que hablarlo primero. Se vale llorar.
Total.
Tú también tuviste otro duelo, digamos. Es que los duelos no es solo la muerte, a veces es una separación, es perder un trabajo, es un duelo, es perder la salud, es un duelo. Y tú lo viviste en el COVID con tu mamá.
Con mi mamá. Y te digo, Margara, que ha sido la primera vez en mi vida que yo he convivido con el dolor, a pesar de haber perdido a mis abuelos aquí adoré, y a mi papá. Porque mi mamá después de COVID quedó paralítica y muda, siendo la señora más, una señora paisa antioqueña. Imagínate, sí, habladora. O sea, mis amigas la llamaban a ella antes que a mí, es que, ofe, es más buena chismosa que tú. Era la que arreglaba todas las vacaciones de nosotros, vámonos para tal parte, vámonos para tal otra, siempre súper arreglada. Ahora está en una cama de hospital en pijamada. Pero no ha perdido, y yo creo que esa es la gran lección, no ha perdido las ganas de vivir. Ella me quiere convencer de que ella es feliz.
Seas tu maestra.
Pero la gran maestra. Entonces, ¿qué he aprendido yo de ese dolor? He aprendido a ser más agradecida cada vez que lloro mucho. O sea, yo salgo del cuarto y me pongo a llorar porque todavía no quizás lo acepto, pero no lo entiendo. Yo entiendo que, o sea, yo acepto que mi mamá está así, pero ¿por qué ella, que era todo lo opuesto a lo que le está pasando? Tal vez es falta de fe. Pero sí te puedo decir que yo he tratado primero de estudiar mucho. Como buena periodista, soy muy curiosa de estudiar qué nos devuelve la alegría, qué nos devuelve el optimismo. Y he descubierto que ahora soy más agradecida. Entonces cada vez que tú pienses en tu abuelita, te la tienes que imaginar en un lugar feliz y le tienes que dar gracias a Dios por eso, que esas cosas bonitas que tuvo contigo. Y es normal llorar, no te sientas mal. Sí, yo soy súper llorona, yo lloro hasta de alegría, yo lloro de todo. Yo lloraba cuando se ganaba el carro el sábado gigante. Yo soy súper llorona y yo no veo nada de malo en llorar, y más aún si es tan reciente. Con lo de mi mamá ha sido una gran lección, yo creo que es la lección de vida más grande que yo he recibido. La recibí ya casi a los 50 y pico, ya casi a los 60, pero no quería yo quedarme llorando dentro de la casa. Sí, yo quería seguir mi vida, yo quería recuperar el optimismo, y entonces por eso es que empiezo a investigar y escribo Cuánto te pesa lo que te pasa.
Bueno, yo leí un capítulo de Cuánto te pesa lo que te pasa. Que decía de que cuando estás viviendo un duelo es bueno hacer las cosas que te apasionan.
Exacto.
Y en parte por eso mi mamá me dijo que canceláramos el podcast de hoy.
Y tú, vamos a hacerlo.
100 veces. Yo le dije no lo quiero cancelar, o sea, como me gusta hacer esto, quiero como pues distraerme, hacer algo que aporta, etcétera. Además de eso, ¿qué más dirías que es una buena práctica para superar un duelo? O sea, yo sé que todo el mundo es diferente, pero sí.
Pero todos somos diferentes, pero a todos nos pellizcan y nos duele igual. ¿Qué pasa? Lo diferente es la manera en que tú decides vivirlo, y eso sale de tu corazón y de tu mente. Yo me hubiera podido alejarme de todo, no volver a escribir, dedicarme solamente a mi trabajo. Entonces lo primero que hice fue: quiero investigar cómo mejorar mi vida ante el duelo. Y por eso le pedí a 18 personas que conozco y que admiro y quiero que escribieran una carta a alguien que ellos piensen que está viviendo su mismo dolor y que le contaran cómo habían vivido el suyo y qué les había ayudado a aliviarlo. Toda clase de dolor. El único que me faltó, y ya me han hecho el reclamo, es la de la hermana, que me lo hizo con una carta. Pero no tienes hermanos. No me lo imaginé.
Yo perdí una hermana también, pero es que claro, no lo computas tú.
Exactamente. Pero ahí hay todo tipo de dolor. Entonces, ¿qué aprendí yo de ese? Es más, yo dije, si ese libro me sirve a mí, yo lo publico, se lo dije a la editorial y me sirvió. ¿Qué aprendí yo de ese libro? Que primero, que es normal sentir el duelo, que no tenemos que obligarnos a nada. Segundo, que tenemos que ser más compasivos con las personas. ¿Cuántas veces yo como jefa no le habré metido un grito a alguien que tenía un dolor bien grande que nunca me contó?
Entonces, caras vemos, corazones no sabemos.
Más agradecida. Ahora en el teléfono, y a todos nos pasa, pero yo no lo tenía tanto en cuenta como ahora, y te va a empezar a pasar. Seguramente el teléfono te va a devolver todas esas fotos que tú tuviste de esos momentos que viviste con Lulita, con tu abuela.
Sí.
Y yo ahora le agradezco a Dios que yo pude llevar, cumplirle a mi mamá todos los sueños que ella quería. Es más, yo todavía le digo, mami, ¿qué quieres? Yo te levanto. Y ella me escribe, porque nos comunicamos, no mandaba texto, no sabía mandar texto cuando pasó todo.
Claro. Y ahora aprendió.
Y ella me dice: no, yo no quiero nada, yo soy feliz. Me cuesta creerle que es feliz, pero quizás sí. Entonces yo quiero creer que sí, yo quiero creer que sí.
Entonces he aprendido también como una gracia de Dios, un poco es una unción, yo no sé explicar. Yo, ella, es que mira, Luzma, cuánto llevamos tratando de entrevistarte, no podías tú, no podías.
Mira, yo lo pensé lo mismo, María. Yo siempre pienso que Dios hace la dioscidencia, pero en televisión, en inglés se llama la escaleta del show, se llama rundown, que deben tener ustedes igual, el primer segmento, segundo segmento. Yo siempre digo que Dios hace los mejores rundowns. Yo venía manejando hoy para acá, yo decía, qué increíble que yo vaya a hablar con estas mujeres hoy que están pasando por un dolor. Sí, a lo mejor este programa lo hubiéramos grabado hace 3 meses y no hubiéramos tocado este tema.
Literalmente no hubiéramos tocado este tema. Mira, te lo cuento, yo estoy ahorita organizada.
Yo creo mucho en los tiempos de Dios.
El tiempo de Dios es perfecto. Y porque mi suegra y tu mamá tienen muchas cosas, me lo decía. Sí, sí, ella tenía Parkinson, alimentada por una sonda, no podía moverse. Igual la bañaban. Cáncer ahora al final, bueno, muchos dolores, le tenían que meter un tubo sin anestesia, whatever, verdad. Para qué describir. Yo la llamaba: ¿Cómo está, Lulita? Bien, amorcito, contame. O: ¿Cómo tu mamá? Mi mamá dice: "Y yo me voy a quejar porque me levanté una uña." Uno se queja por todo.
Entonces yo creo que eso es lo que llaman, la palabra difícil de pronunciar y hasta de escribir, resiliencia. Eso es lo que es la resiliencia, aceptar cuando no puedes cambiar algo y mantenerte en ese mismo camino y pensar: "¿Qué me está enseñando a mí esto?" Yo lo pienso todos los días porque no se crean pues que yo soy así elevada. No, hay momentos en que me da mucha tristeza, mucha tristeza, y lloro mucho igual. Pero es más los momentos en que agradezco. Y cuando veo eso, ahorita que Bad Bunny sacó "Debí tirar más fotos", a mí no me pasó eso. Yo las tiré todas y me disfruté todos los momentos. Ahora, ¿qué es lo que sí aprendí? Que esos momentos en que no pasaba nada, esa era la felicidad.
Eso me encanta que dices tú.
Eso sí lo aprendí.
Explícanos eso.
Muchas veces le ponemos destino a la felicidad: cuando vaya a Europa, cuando tenga carro, cuando compre ese apartamento. Que no es malo tener sueños, ojo, yo soy la primera que digo tenemos que cumplir todos nuestros sueños, pero la felicidad no puede depender de eso. La felicidad es agradecer que tenemos salud, que estamos los 4 junticos. En este caso, mi esposo, mi hija y yo somos 3. Mi hija se casó, pero mi familia siempre he dicho que es muy chiquita, entonces esas poquitas personas que estamos juntas y estamos bien, eso es la felicidad. Y sobre todo mirarnos a la cara, usar menos el teléfono, ojo, para la foto sí, pero gozarnos más.
Sí, saben, mi abuela hacía eso un montón, en verdad. O sea, ella pintaba, cantaba, le gustaba salir en su silla de ruedas, que la empujaran, así hasta con su sonda y todas sus vainas la llevaban al mar.
¿Cuánto tiempo duró ese proceso?
5 años, por ahí. O sea, se iba al mar, iba al mar, así le cargaban todo, un montón de personas.
Solo verlo tocar el agua, no, ya era impresionante.
¿Y cómo era antes de que le ocurriera eso?
Igualita, solo que con toda la salud. Como dices, escribiste a tu mamá, era la para donde vamos. Y una cosa que yo aprendí de mi suegra y se las quiero compartir a ti, a todo el mundo, es el eterno presente. Me acuerdo una vez aquí en Miami, en Estados Unidos los hospitales son, pues tienen reglas, en nuestro país a veces cuidados intensivos, pero entran verdad. Entonces la metieron sola, que le hicieran eso del tubo sin anestesia, y nosotros estábamos al ladito y la veíamos llorar y hacer ruido. Al momentito entro yo, cuando ya nos dicen ya pueden pasar, y la veo con los labios pintados. Mi mamá, y le digo, y ahí, Lolita, me dice, ah no, o sea, ya no se acuerda, era tan en el eterno presente que no te hablaba de cosas que pasaron hace 20 minutos, y eran feas. Hay gente que ella era, no, no, no, para que me vieran bonita, ya pasó, ya pasó. Y entonces O sea, todo el tiempo ya era como en el presente.
Imagínate que cuando mi mamá, y me río porque a pesar de que es triste la historia, me da risa. Cuando ella la hospitalizan con COVID y estuvo un mes hospitalizada, en el momento en que la pandemia estaba, qué tremendo, me pidió que le llevara un peluquero cuando apenas, a duras penas me dejaban entrar a mí. Yo le decía, mami, ¿cómo voy a llevar un peluquero al hospital?
Sí, que huelen bien, Estados Unidos.
O sea, me da risa, pero esa es mi mamá. Mi mamá en esa cama de la que no se levanta, en esa cama de la que no se levanta, ahí le hacen los rayitos y le pintan las uñas. Ella tiene las uñas, fíjate que yo curioso, yo nunca tuve las uñas largas, fíjate cómo es el subconsciente. De pronto me dio por dejármelas crecer.
Y le encantan a tu mamá, me imagino.
No, es la mujer más feliz porque ella me decía: yo contigo no logré lo que yo quería, tú tan desarregladita con esas gafas, las uñas corticas. Y fíjate que ahora las tengo largas y rojas y voy a la cama de ella y se muere feliz porque me parezco a las uñas de ella.
Sí, pero eso me acuerda la canción: antes muerta que sentir.
Así es, así era Luna, como la mamá de Luna.
Así era mía, así es.
Mi suegra era en la cama con su collar, sus aretas, su corte pelo, nítida, divina.
Y entonces pensemos en nosotras mismas que estamos tristes y ya queremos como desconectarnos. Ellas nos tienen que servir de inspiración para convertir ese dolor que tenemos, y el tuyo yo sé que es mucho más grande que el mío, en poder. Porque, porque es importante ayudar a la otra gente. ¿Tú sabes cuánta gente en este momento está viendo esto que ha perdido a su abuelita o a su mamá? Y lo que tú estás contando de Juan Carlos, o a su mascota, es válido llorar por todo lo que nos hace sufrir. Sí, es válido.
Y eso te lo he oído decir a ti, me gusta mucho. Yo no tengo por qué comparar mi dolor con el de nadie. Alguien le puede decir a Sofía, ay, pero era tu abuela, no era tu mamá.
Exactamente.
Pero tú no sabes la relación que ella tenía con su abuela y el papá. O es una mascota, gente te dice. Y habrá gente que se le murió el hijo.
No es competencia, además.
No es competencia, exactamente. No hay que competir por el dolor ni por el éxito. Lo que a ti te puede pasar a los 20 a mí me puede pasar a los 80.
Exacto. Sí, cada quien vive su camino.
Sus reloj, sus horas perfectas.
Y su tiempo. A mí me encantó que tú a los 50 empezaste a escribir. Yo tengo amigas que nosotros, mis compañeras del colegio, todos tenemos 52, y que quizás, pero si nosotros ya vivimos, y yo qué, yo estoy empezando.
Y vos tenés como mil metas más todavía.
Claro, y las tenemos que tener. Maravilloso. Y yo a veces digo, y por eso lo cuento, y a mí la gente me dice, pero es que yo no puedo creer tú con lo calladita que eras que siempre querías estar detrás de cámara. Y yo, pero es que si yo no salgo y cuento el mensaje, no, a mí ya me funcionó, yo quiero que le funcione a más gente. Entonces, si yo no me ponía en esa portada del libro y ponía un paisaje, no iba a causar el mismo impacto, impacto de, como digo yo, de la bobita de Cartagena que a los 50 decidió salir, contar su historia y ayudar a otras personas.
¿Y por qué dices que eras bobita?
Porque era boba del todo. O sea, a mí me daba pena todo, te lo juro. A mí me daba pena todo, Margarita. Yo no hablaba. Con decirte que yo en el colegio no llevaba lonchera porque me daba pena. Imagínate eso. Y segundo, llovía, yo no sacaba paraguas porque me daba pena. Ya de ahí podrás juzgar la boba que era Luz María Doria. Y es bonito porque hace como 3 años me dieron un premio en Cartagena y me lo dieron el 11 de noviembre, que es la fecha de independencia de Cartagena, mi tierra. Y yo tengo que ir a recogerlo. Y al final terminé mi discurso diciendo: cuando sientan miedo, acuérdense de esta bobita de Cartagena, porque uno sí puede enfrentarse al miedo. Yo no te voy a decir que yo soy la más valiente, pero yo ahora me atrevo. Y eso es lo más importante, atreverse, atreverse.
Pues dicen de que los valientes son los que lo hacen con miedo, no los que no sienten miedo, porque si no sentís miedo, entonces no es valiente. Yo tengo una pregunta. Yo sé que vos tenías como un pánico a los aviones, y ¿cómo lo superaste?
Bueno, mi mamá tuvo mucho que ver. Imagínate que un día estaba lavando los platos en mi casa, ella vivía conmigo desde que nació mi hija, y estaba lavando platos y empezó a hablar como buena paisa: ya voy a cumplir 70. Ella ahora tiene 82. Ya voy a cumplir 70. Si me muero a la edad de mamatina, de mi abuela, me quedan 5 y nunca fuimos a Europa por la boba esta que le da miedo a los aviones. Y yo soy más boba que ella porque a mí me da miedo montarme en un avión. Yo soy la única. Montarme en un avión y dejarla a ella aquí. Y yo, ¿qué tal yo en París? Y acordándome que la hija mía no quiso conocer.
Ella estaba hablando como con el universo y yo me paré diciéndole a Juan Carlos que oyera a Pedro.
Me paré Y le dije a mi esposo: armemos el viaje a Europa de ida y venida, el resto lo conocemos en carro y en barco. Y yo pensé que iba a ir una vez solamente, yo dije: con una vez ya le calmo la gana. La llevé a la tumba de Grace Kelly porque era la fan número uno de todos los príncipes de Mónaco, ella leía los Royals. Claro, la llevé a Londres, le hice todo. Y después, ojo, fui donde el médico, le pedí pastillas para que me tranquilizara en el avión y todo, no me durmió.
Pues por la adrenalina, claro, cuando uno tiene un pánico.
Bueno, sabes qué, bueno, imagínate qué horas me durmió antes de que saliera, me la tomé, y cuando me desperté no habíamos salido, cuando me senté en la silla. Y bueno, el punto aquí es que todo coincide con la mujer de mis sueños después. O sea, ya a los 2 años cumplo 50, empiezo a hacer todo este balance, digo yo me tengo que atrever, porque además fíjate cómo era el miedo. Que yo me digo misma, yo a mí misma controladora. Yo dije: ok, yo nunca me voy a ir a Europa, yo nunca voy a hacer ese viaje tan largo, eso no me tiene que preocupar. De pronto yo misma me cerré mis puertas. Al año me manda mi empresa a hacer un curso en Cambridge y me fui, agarré avión y me fui, me fui. Y así he regresado, casi todos los años he regresado. Me tocó trabajar.
Pero tú dices algo muy poderoso, tú te montabas al avión cuando le tenías pánico preparándote para el accidente. Ahora sé que voy a aterrizar. Sí, explícanos eso, porque eso es poderosísimo, porque le da miedo volar.
Porque yo me estudié mucho y una de las cosas que entendí es que es cuestión de ego, es yo, yo, yo, yo voy a morir, yo, yo, yo, yo, yo. No puede ser que Dios me vaya a matar a mí en un avión con el miedo que yo le tengo al avión. Esas son ideas mías, a mí no me va a pasar eso. Y lo divertido es que me tocó trabajar 3 años con Jorge Ramos Y nos tocaba viajar mucho, y él nunca me confesó que le tenía más miedo que yo al avión. Pero qué admiración le tengo ahora que se monta, viaja cada semana.
Es que eso es valentía.
Claro.
Si no tienes miedo, no es valentía.
Entonces esa es la diferencia, que ahora me monto, ahora no dejo de hacer nada. Después de los 50 yo no dejo de hacer nada por miedo.
Sí, pero dirías que hay algo como puntual que hiciste esa primera vez, porque a mí me han escrito por Instagram, porque yo viajo mucho con mi mamá y pongo pues una foto de la ventana, las nubes, sabes. Me dicen: ay, yo veo que viajas mucho, yo le tengo pánico a los aviones, no sé cómo hacer para superarlo? Como que hay algo puntual que le podemos hacer a esa gente.
Y es lo que siempre le digo a todo el mundo, uno tiene que estudiar. Cuando estudias y te das cuenta de que las estadísticas, no, exacto, y que las turbulencias no hacen que el avión se caiga. Ojo, que en esta época hay más turbulencias que nunca por el calentamiento global y todo eso. Entonces el otro día me fui, creo que era Puerto Rico a Santo Domingo, y ese avión no se dejó de mover. Pero ya yo sabía que no iba a pasar nada, que era molesto. Si no te voy a decir que iba feliz, me puse a rezar para que Dios me diera paz y calma, y entendí todo lo que había estudiado, que estos movimientos son producidos por el calentamiento global, pero que no van a hacer que el avión se caiga. En otro momento, o sea, hace 15 años, yo me hubiera puesto a llorar como una loca. Yo era tan loca que 2 horas antes 3 horas antes cancelaba el viaje.
Sí, claro, eso es un pánico.
Eso es pánico. Yo no me monto, no me monto, no me monto.
A mí no me gustan las caídas libres y yo he hecho filas de 2 horas con mis hijos para una montaña rusa y cuando está, no, no me monto, se van a asustar. Eso es un pánico hasta que uno lo supera.
Claro.
Pero algo que yo te oí decir en una entrevista, creo que fue con George Harris, era yo me montaba al avión y estaba pensando y si el avión se cae y si sobrevivo y no encuentro mis gafas, no puedo ver.
Es todo, pero eso es Eso es típico, toda la película de terror, claro, porque los enemigos más grandes que tenemos nos los ponemos a vivir en la mente.
Yo le llamo el terrorista easy, total, y si me muero, a mí me encanta eso tuyo, ¿verdad?
Sí, que es, ahora que lo pienso me da risa y lo vuelvo broma, pero imagínate tú, yo soy muy ciega, no tenía los lentes de contacto y tenía gafas, y si se cae el avión y tengo la gafa de mierda, sobrevivo. O sea, ya no era el problema, no era si me mataba, era si sobrevivía sin gafas.
O sea, series of unfortunate events, como se dice en español. Exactamente, una serie de eventos desafortunados, de todo va a salir mal.
Y lo que no pensamos los miedosos es que tanto fatalismo puede hacerse realidad. Fíjate, la gente que tiende a pensar que algo va a salir mal, le puede salir mal. Por eso yo siempre tengo a Dios en la mitad. Yo he sido muy miedosa. Pero muy rezandera, sí. Y siempre le he pedido que me ayude y me ha ayudado muchísimo. De verdad que esa Luzma de hace 12 años hoy existirá un 20%.
Pero, ¿y la gran lección que das? Es que después te empezaste a preparar para el aterrizaje, o sea, cuando aterriza voy a sacar mi maleta.
Entonces, y el ejemplo proyectado, y el ejemplo más grande que yo doy de por qué tiene uno que enfrentarse es que yo he logrado cumplir mis sueños gracias a que monto en avión y gracias a que me atrevo a hablar en público, que te da miedo, que no me gusta, y aquí está. Y con ustedes es cool porque somos amigas y las quiero, pero a mí me ha tocado montarme en escenarios donde no conozco a nadie. Sí, entonces si no lo hago, no voy a lograr eso que quiero.
Y cada vez el miedo es menos, ¿verdad? Cada vez que lo haces es como que va aumentando.
Hay un miedito que es parte, que yo se lo achaco a la responsabilidad, que todos los grandes que yo entrevisto siempre les pregunto por eso y me dicen que que sienten una cosita.
Eso no se quita, esa mariposita.
Yo creo que no.
Pero el pánico sí se quita.
El pánico, claro que se quita, claro que se quita, porque el pánico te lo dicta esa saboteadora o ese saboteador que tú mismo metiste a vivir en tu cabeza.
Sí, pero también hay un dicho que dice que entre más evidencia recojas de que sos la persona que querés ser, más confianza tenés en vos misma. Entonces, entre más lo hacés, ya tenés esa evidencia de que sí lo podés hacer.
Exactamente.
Entonces, tal vez tenés las maripositas, pero Hazlo con miedo.
Tengo la seguridad de que me va a pasar algo bueno.
Hazlo con miedo, exacto.
Hazlo.
Esa es la valentía. Chespirito dijo una vez que Batman y Superman no eran héroes porque eran inmortales.
Exacto.
Entonces, ¿qué gracia tiene que Superman saque a una niña de un edificio en llamas?
Sí, sí, se cae, no le pasa nada.
Más descarado si no lo hiciera.
Exactamente.
Pero el Chapulín Colorado dice: será torpe, lento, despistado. Y dice: eso es un héroe, dice, es una persona que tiene todo en contra y que tiene miedo, porque el Chapulín tenía miedo pero se lanzaba a hacerlo. Entonces, esa, yo creo que lo que les estamos diciendo aquí las 3 es hazlo con miedo. A veces es un pasito. Yo, cuando yo tenía fobia a los elevadores, y la primera vez, mira, yo le decía a mi marido, vete al segundo piso por las escaleras y yo voy a subir. Primero me tenía que subir con él. Las primeras veces que lo hice solo era un piso y él me tenía que esperar arriba, que yo sea, si en 20 segundos yo no estoy arriba, tú me sacas de ahí.
Pero ya pensando en que ya el elevador se iba a trabar. Exacto.
Pero ya después 3 pisos, ya después un día me subí sola, y ya hoy en día me he quedado trabada y yo he calmado al otro. Hey, cálmate, que no va a pasar nada.
Tú sabes qué me pasó a mí, que me muero de risa. Estaba en el downtown y era, iba como para un 20° piso, y le digo a un señor: Ay, señor, venga, hágame un favor, ¿usted se puede ir conmigo? Y a mí no me gustan mucho los elevadores. Me dice: Yo me iría con usted, pero a usted le conviene que yo me quede afuera porque yo soy de mantenimiento, y si eso se traba, yo soy el que la voy a sacar.
Mira, ay, qué risa.
Todo se vuelve anécdota. Y qué bonito que tengamos el valor de contarlo para que otras personas lo hagan y vean que todo es posible. Todo lo que uno se proponga en la vida lo puede conseguir. Ayer, esta semana, estuve hablando con Eric Hugh, que es el vicepresidente senior de servicios de Apple, un cubano de aquí de Miami que quería ser arquitecto, y un día se paró al frente de una computadora de Apple y dijo: no, esto es lo mío. No te quiero contar cuánto gana. Si lo queremos medir por millones, todos los millones del mundo. Creó Apple, todos los servicios de Apple los crea ese señor. Y cuando me fui a despedir de él, le dije: dime esa palabra a la que le atribuyes el éxito. Dijo: que amo lo que hago. Entonces, cuando amamos lo que hacemos, nos atrevemos a todo. Sí, porque queremos— te atreviste a volar al público porque tenemos que tener un porqué hacer las cosas. Después de que tengamos el porqué Ya lo demás son excusas.
Y que tu porqué es tuyo. Puede ser ser la mejor mamá del mundo.
Claro.
No tiene que ser volar y dar conferencias en el mundo como lo ha hecho Luzma. Pero qué te apasiona, y eso lo para uno, eso te hace dar el paso.
Eso es lo que lo empuja.
Sí.
Honestamente, yo hoy jamás hubiera ido a trabajar a Amazon después de que se murió mi abuela. O sea, pero es que es cierto, me refiero que—
A mi trabajo convencional, digamos.
O sea, mi trabajo— Perdón.
No es que Amazon fuera malo, ella trabajó en Amazon.
Pero no era mi pasión.
Claro, pero esto es lo que te gusta.
Esto sí.
Entonces, como que esto más bien me levanta el ánimo, es mi pasión. Relación. O sea, es mi sueño seguir haciendo esto, entonces por eso lo estoy haciendo hoy.
Yo sabía que esto iba a ser muy especial porque tu mamá y mi suegra, eso te iba a decir, te aseguro que ella, que a lo mejor está aquí con nosotros, a lo mejor está ahí entre ustedes dos, está súper orgullosa de que te estés riendo y de que estés contando esa historia. Sí, cuando mi papá se murió, Fernán Martínez, el que me consiguió la cita con Cristina, que además no es un tipo que digamos espiritual ni nada de eso, él me escribió y me dijo te van a empezar a pasar cosas maravillosas y no vas a entender por qué. Y a mí eso se me quedó en la mente.
¿Y qué le pasó? Cuéntame.
Fíjate lo curioso, a mi papá le encantaban las tortugas, las tortuguitas chiquitas. Mi papá una vez se trajo de Cartagena una tortuguita metida en una caja de Marlboro para entregársela a mi hija, su nieta.
Sí.
Nunca quiso ir a Europa por miedo a volar, que eso también a mí fíjate que al final me motivaba, o sea, yo quiero ir porque mi papá no fue, yo no quiero ser la que la que mi hija diga, mi mamá, romper esa cadena de miedo. Sí, que por eso es muy importante lo que le dejemos a nuestros hijos. Yo a Dominique la crié para que fuera valiente, yo les conté mis miedos. Hoy en día ya se entera de todas mis—
Ay, Luzma, no, espérate, yo le tenía terror a las montañas rusas porque mi mamá le tenía terror y me decía no te montes. Y yo a mis hijos les decía montense, y mamá, ¿tú por qué no te montas? Porque me mareo.
Mentira, es mentira que te mareas. De lo que uno se entera, la confesión, la confesión, es en serio.
Hasta hoy en día, literalmente en este segundo, me estoy dando cuenta que no te marías.
Wow. Pero que, pero bien, exacto. Bueno, adivina cuál fue lo único que le tuve que confesar que no, porque era tan valiente que me entraba las lagartijas. Porque yo, nena, las lagartijas, mira esa belleza, se comen los moscos. Mami, mira, un día le dije, mira, te voy a decir muy claro, a mí no me gustan. Si tú me las entras, se me puede dar un muerto. Y te quedas sin mamá. Ahí. Y hoy en día, ¿al qué le tiene miedo Dominique? A las lagartijas. Pero el cuento de mi papá con las tortugas no va a tener una explicación. Yo llego a Italia después de que se murió, después de que se muere mi papá. Voy al Vaticano, conozco todo lo que, de lo que él me hablaba, porque él no viajaba, pero todo se lo leía. Entonces para mí era como que yo estaba haciendo el tour con él. Por la noche Estábamos mi esposo y yo comiendo y llega un tipo, un vendedor ambulante, y me ofrece carteras, que a mí me encantan las carteras. Le digo no, no, no, no, thank you, no, no, gracias, no, yo no voy a comprar. Y de pronto el tipo me dice: pero sé que a esto no me vas a poder decir que no, una tortuguita.
No, no, güey.
Mi esposo, que es escéptico, me dice: no puede estar pasando esto.
No puede estar pasando esto.
Y en Roma, que era la cuna.
En mi vida me han ofrecido una tortuguita, un vendedor ambulante.
A ver, explica, no, espérate. Y me dijo: y no te la voy a cobrar, te lo voy a regalar. No, yo tengo la tortuga en mi casa. Y como la trajiste, no, no, era de mentiras, era de mentiras, era una tortuguita de Carey divina. Eso se los cuento porque para mí todavía no tiene explicación. Sí, él me hubiera podido decir, dar un, no sé, un reloj, una cadenita, algo, pero una tortuguita en Roma, y que mi papá estaba obsesionado con las tortuguitas. Era como si ese señor lo hubiera mandado a mi papá para decirme: oye, yo estoy contigo.
Contigo.
Entonces yo sí pienso que ellos no se van del todo. Y me acuerdo siempre de lo que me dijo Fernan: te van a empezar a pasar cosas maravillosas y no vas a saber, o sea, no van a tener explicación. Y esto para mí fue algo inexplicable, y que agradezco mucho a Dios que me pasara. Me acuerdo que recién yo lloraba mucho del trabajo a la casa, y cuando entré a la casa, ahí en el carro le decía: papi, mándame una señal. Cuando abro la puerta de la casa, estaba sonando el teléfono de la casa, y contesto, y era una hermana de una tía mía. Ay, mija, nada más era para contarte que soñé con tu papá y me dijo que te dijera que estaba bien.
Y tú le venías diciendo, y yo le venía hablando con él. Sí, sí, sí, es impresionante.
Y fíjate que últimamente digo yo misma que lo he dejado descansar en paz, porque yo antes lo atiborraba. Y bueno, ya vivió lo que tenía que vivir y ya me demostró que está conmigo, ya que descanse en paz. Pero eso era su vida. Ahora todo el mundo, voy a las conferencias, me regalan. Yo tengo en mi oficina, cuando vayas, mira, tortuguitas por todas partes en mi casa. Y fíjate que hasta eso se lo agradezco a Dios que ocurriera, porque me siento que él está conmigo todo el tiempo.
Claro, qué lindo. Y mira, ahora que hablamos de señales, a mí me pasaron dos muy claras con mi papá, y por algo el tema se fue por aquí.
Claro, claro.
Mi papá no era creyente, pero él decía que él era ateo. Y yo soy muy creyente, igual que tú, igual que tú. Y entonces yo rezaba por él y yo decía, ay, Dios mío, que mi papá no se muera. Hasta se burlaba de las cosas de Dios, era muy, él era muy chistoso, muy jocoso, pero eso para él era como absurdo, verdad, creer en un poder superior y en Dios. Entonces un día hablé con un padre, hace muchos años, mi papá se murió hace 3, pero le dije, padre, es que a mí me preocupa esto de mi papá. Entonces me dijo ¿Has oído la parábola de los talentos? Que a los que trabajaron desde el amanecer al mediodía, al final de la tarde, a todos les pagó lo mismo. Eso está en la Biblia, dice. Y entonces los que trabajaron en la tarde recibieron los mismos denarios, y los de la mañana le reclamaron al Señor y le dijeron: pero, ¿por qué les estás pagando lo mismo que a nosotros si nosotros estamos trabajando desde la mañana? Y él dijo: no te estoy haciendo ninguna injusticia. Eso fue lo que te dije, a tu papá le va a pasar lo mismo, mi si él se arrepiente en el último segundo, él va a recibir el mismo premio que es el reino de los cielos. Bueno, a mí eso se me quedó. Cuando mi papá se muere, en la misa del domingo, él se muere, yo no sé qué día, pero ese domingo yo voy a misa y la lectura era esa. Tú dime, o sea, hay 52 domingos al año, ¿verdad? Y la lectura, pues, entonces son esas cositas, ¿verdad? Y la segunda que me pasó es que mi papá me decía: «Cueva bizcocha», mi paisa. Bizcocha es como un país que no sea, que no sea bizcocha, pero era muy de mi papá el bizcocha. Y la primera vez que yo aterrizo en Medellín, como un mes después de que mi papá se muere, en el momento que aterrizo, el señor del lado agarra el teléfono y dice: ¿Qué hubo, bizcocha? ¿Qué hubo, bizcocha?
Y ahí estaba él.
Yo lo miré, ¿verdad? Y yo me quedé helada porque pues hay tantas maneras de saludar por un teléfono.
Entonces son esos pequeños regalitos que Dios te da y que Dios te manda, yo creo que para confirmar de que sí están en un mundo mejor y que están cerquita de ellos.
Sí, gracias por compartir todo eso tan lindo, Luzma.
Tenía que, hoy teníamos que hablar de eso, hoy teníamos que, hoy era necesario hablar de esto.
Y tu mamá es como mi suegra, son, tienen una misión totalmente, no, son maestras, son unas maestras graduadas, graduadas. Yo llamaba a mi suegra, Luli, ¿qué has hecho hoy? Fíjate que llegó un pajarito a la ventana y vieras qué bonito el pajarito, y me describía el pajarito, y yo decía, Dios mío, yo pensando, verdad, que si esto, así que gracias de verdad.
No, gracias a ustedes.
Pienso que el corazón, sabes que las admiro a las dos muchísimo.
Tengo una hija, como te decía, y me encanta esa combinación mamá e hija exponiendo su manera de pensar. Y lo que más admiro es cómo ayudan a la gente, incluyéndome a mí, que yo te oigo y yo soy feliz escuchándote. Así que qué bonito que puedas cumplir tus sueños ayudándose a los otros a cumplir Gracias, mi luz.
Yo creo que este capítulo le vamos a llamar Señales del Cielo. Qué bello, porque tú misma lo dijiste, no nos educaron para la muerte. Pero fíjate, San Francisco de Asís, uno de los grandes santos de la Iglesia Católica, le decía: hermana muerte, ¿por qué te demoras tanto? Porque él ya había visto a Jesús, él había visto el cielo, y eso, aquello era tan lindo que se quería. Muchos santos le piden a Dios la muerte no porque se quieran suicidar, porque no, sino que porque saben que lo que hay allá es hermoso, ¿verdad?
Eso es fe, y nos hace mucha falta alimentarla para que crezca.
Sí, gracias, mi amor.
Yo también mucho.
Ah, bueno, y el libro está en Amazon, ¿verdad?
Sí, está en Amazon, Cuánto te pesa lo que te pasa.
Espectacular, tienen que leerlo. Yo no lo he terminado, voy por la mitad, pero es wow.
Así que sí, es como para leer un poquito todos los días. Y yo siempre pienso, también se lo atribuyo a Dios, que esos libros que Dios te pone al lado es porque tú los necesitas. Y cuando los vuelvas a abrir en 3 años es porque esa partecita que vas a leer es la que necesitas en ese momento.
Gracias. Entonces, mi gente, Cuánto te pesa lo que te pasa, de Luz María Doria, y espero que disfruten tanto como nosotros hemos disfrutado.
Gracias a ustedes.
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