Cómo dar la Milla Extra con todo en contra con el periodista Juan Manuel Cortés // Margarita Pasos

Juan Manuel Cortés, periodista y productor colombiano-estadounidense, cuenta cómo pasó de una infancia humilde y bullying en la escuela a crear programas como Confesiones de Novela y Suelta la Sopa. Trabajó desde los 16 años sin contactos que lo ayudaran, enfrentó críticas sobre su voz, y luego superó un cáncer reenmarcándolo como una oportunidad de crecimiento.
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Bienvenido al podcast Yo Pude, Tú Puedes, el podcast número 1 para personas que buscan orientación e inspiración para lograr lo que se propongan en la vida y los negocios. Empecemos. Bueno amigos, bienvenidos a este episodio de Yo Pude, Tú Puedes, tu podcast de desarrollo personal en español. Y aquí estoy a la par de Leandro. Ustedes ya saben que aquí yo solo traigo invitados de primera línea.
Él es presentador.
Yo sé que muchos de ustedes ya lo conocen porque tiene su lado celebrity. Presentador, periodista, ¿verdad? Productor también y empresario, mi amigo Juan Manuel Cortés. Hola, Juanma, ¿cómo estás?
Margarita, qué honor estar aquí. Qué honor estar en esto que es tan interesante. Qué interesante. Si yo puedo, si yo pude, ¿por qué tú no puedes? Todos podemos, todos podemos. Me encanta la filosofía de tu podcast.
Exacto, gracias Juan Carlos Sanchez Balza. Y bueno, mucha gente cuando ve una persona como tú allá en Telemundo, verdad, de pronto dicen bueno, es que a lo mejor él tuvo suerte o le dieron la mano. ¿Por qué no nos cuentas un poquito de tus antecedentes? ¿Cómo llegaste tú a la pantalla chica y a ser un referente para, para digamos, los presentadores de televisión hispanos aquí en EE.UU. y en el mundo?
Ayer justamente alguien llamaba y me decía, ay, mira, yo quiero ser locutor, y lo que pasa es que para eso se necesitan palancas. Palancas, pues para los que en algunos países se entiende lo que es una palanca, otros no, pero lo voy a explicar. Palanca es tener alguien que te ayuda, alguien que te da, que te dice, alguien adentro que ayude, aquí te voy a poner, aquí te voy a poner, ¿verdad? Entonces sí es cierto que existen palancas, porque hay personas que están en los medios de comunicación porque a lo mejor tienen buenas amistades, buenas relaciones públicas, Yo te puedo decir que en mi caso no ha sido así. En mi caso yo vengo de una familia muy decente, muy decente, pero por lo menos mi mamá y mi papá se separaron. Ellos nunca tuvieron una situación económica así grande. Siempre vivíamos en finca de mi tía que administraba, mi papá y mi mamá administraban la finca. Era una finca vícola cerca de Bogotá, como a una hora y media de Bogotá. Cerca a un lugar que se llama Fusagasugá. Yo crecí entre gallinas, moras, café.
Tú sabes que yo crecí en una finca también de mi abuelo.
¿En serio?
Tenía su parte bonita y su parte como sola, su parte linda de la gallina, los marranos, todo eso, ¿verdad? Igualito, igualito, teníamos quebrada.
Me gustaba lanzarme en la quebrada y jugar ahí, agarrar el barro y hacer cerámicas. Bueno, sí, y sí, muy solo la verdad. Pero a ver, ¿cómo es que llego aquí? Tú te puedes quedar esperando que lo que tú sueñas te suceda y puede ser que nunca te va a llegar. Una frase que se la escuché hace mucho tiempo a Margarita Pasos aquí con nosotros: tú te puedes quedar dormido para seguir soñando. Es muy fácil. Yo te digo, te voy a decir una cosa, yo ayer después de una semana entera de mucho trabajo Yo ayer me quedé dormido todo lo que pude y me quedé ahí soñando. No hice mucho, pero en determinado momento dije: "Ay, sabes qué, me voy a levantar y voy a hacer algo de mi negocio y lo voy a hacer, porque no va a ser un día tan poco productivo". Pero bueno, el punto es este: cuando yo tenía 7 años, que mi mamá se separa de mi papá, yo conocí a través de ella a un grupo de amigos, bueno, de mi mamá que conoció en esa época, que eran periodistas, unos periodistas muy importantes. Que había un periodista que se llamaba Alberto Acosta, Juan Carlos Sanchez Balza, gente que era muy importante en los medios. Y yo fui a esa finca y yo me acuerdo mucho que ellos me dijeron: ¿Y tú qué quieres ser cuando grande? Y yo los vi tan interesantes en lo que hacían, tan interesantes, que yo dije: yo quiero ser periodista y quiero ser periodista de televisión. Eso me metió en la cabeza. Yo dije: "Wow, a mí me encantaría ser periodista, pero qué interesante lo que hace él, que él es el que decide el contenido del programa, del noticiero, y es el que lo presenta". Cuando yo tenía 16 años, yo siempre en el colegio era el más nerd, el que más... Sí, nerd, ¿no te entiendes?
Mal portado, bien...
Yo estaba en un colegio de puros... O sea, nadie estudiaba, nadie estudiaba. Entonces era muy fácil...
Puros necios y mal portados.
Puros necios. Era un colegio militar donde se portaban súper mal.
Al que se portaba mal lo mandaban para allá.
Y donde me hacían mucho bullying, por cierto. Pero cuando yo salí de ahí, yo dije: "OK, ¿qué puedo hacer? Tengo 16 años, estoy en la universidad, necesito trabajar. Mi mamá no tiene suficiente dinero para darme lo que yo necesito". Gracias a Dios mi mamá trabajaba en el Banco de la República y le daban muchas prestaciones, incluyendo pagar la universidad a Adriana. Entonces entré a la Universidad Javeriana, que es una de las mejores en Colombia, y comencé a estudiar comunicación. Pero desde que entré yo dije: yo tengo que ganar, tengo que ganar dinero, tengo que comenzar a generar dinero. Entonces, a lo mejor yo no les digo palancas porque no son, ¿cómo te digo? Por ejemplo, una amiga mía me comentó: mira, hay una amiga de mi mamá que necesita a un practicante, alguien que le ayude. Claro, yo llego ahí porque esta amiga me contó que existía esta posibilidad, pero yo llegué ahí a arrasar. Yo dije: voy a hacer lo mejor que pueda, porque no hay forma en que si tú no das lo mejor de ti, no hay forma de que no consigas algo bueno.
Uno cosecha lo que siembra. Hay gente que quiere sembrar tomates y cosechar aguacates, y no es así la cosa, ¿verdad?. Si uno da lo mejor, entonces uno empieza a ver los resultados.
Me encanta. Yo trabajaba en una agencia de relaciones públicas. Ahí conocí mucha gente. Una cosa fue llevando a la otra, fueron viendo que yo trabajaba duro, que trabajaba con ganas, que los resultados de mi trabajo, gracias a Dios, eran buenos. Y eso es lo más importante, dar lo mejor de ti.
Ya cuando llegas a la agencia— Estás dando un mensaje poderoso, Juan Carlos. Yo siempre le digo a la gente, hay gente que trabaja por lo que le pagan y te dicen: a mí no me pagan por eso. Y no dan la milla extra. No dan el poquito extra. Y dice Brian Tracy, que es uno de mis mentores, ¿cuándo ha visto usted que Hacienda no le abran oportunidades al que solo da lo mínimo? El que dice a mí no me— Siempre el que empieza a escalar en la vida es el que da antes de recibir. Y me parece que estás dando. Si tú vas a empezar limpiando zapatos, pues que tus zapatos queden los más limpios. Alguien te va a ver y va a decir, este muchacho cómo trabaja de bien, vengase a trabajar conmigo. Y uno en la vida, si uno hace las cosas bien, sí o no, se te van abriendo puertas.
Exactamente, exactamente. Eso es lo más importante, porque a veces mucha gente trabaja por trabajar. Voy a cumplir mi horario, son las 8 de la mañana, tengo que salir a las 5 y media, y ay, qué pereza. No, no, no, tú tienes que llegar y disfrutarlo. Y a lo mejor no es el trabajo que tú quieres, pero lo vas a hacer lo mejor posible, y eventualmente alguien lo va a notar, y eventualmente entonces tú vas a tener un mejor trabajo. Entonces yo así, así todas las cosas en mi vida. Yo comencé a No voy a hacer un recorrido por todo mi trayectoria, porque si no...
Por tus 25 años de vida.
Pero no, imagínate, ya tengo casi 48, o sea que yo comencé a los 16.
No, si yo somos bien contemporáneos.
Ah, mira, mira, para que veas.
Yo soy un poquito mayor, 2 años mayor, pero así quedó, me dice Doña Margarita. No, mentira.
Doña Margarita. Pero entonces yo ya llevo casi 32 años trabajando, pero yo me he ganado el lugar en cada lugar donde he ido. Después de trabajar con esta relacionista pública, Fabiola Morera, conocí más gente, me contrataron como jefe de prensa del Teatro Nacional, en Bogotá, que me contrató Fanny Miquel, que en paz descanse, y fui director de relaciones públicas del del Festival Iberoamericano de Teatro y yo tenía 17 años.
Increíble, increíble por tu actitud.
Y yo, aunque siempre tuve cara de niño, que yo siempre tenía cara, ese complejo de que, ay, Dios mío, no me van a creer, que me tenía que poner corbata. Pero de repente comencé a trabajar con alguien, con el alcalde de Medellín de aquella época. Yo le hacía la publicidad en Bogotá y siempre que él venía a Bogotá, iba a Bogotá, pues yo lo llevaba a los medios. Luego me di cuenta que yo podía tener mi propia agencia de relaciones públicas. Comencé a tener mi agencia, me comenzó a tener muy buenos clientes, pero llegó un momento en el cual me di cuenta que trabajaba mucho y no ganaba tanto. Vine a Estados Unidos. Alguien me mencionó que tenía un amigo que tenía una agencia, una productora de televisión. Fui ahí, ahí estuve 3 meses. Él me dio un trabajo, no ganaba mucho, pero me dio la oportunidad de conocer mucha más gente, de ahí salir a otro trabajo.
Es que no todo el salario es en dinero, es en contactos, es en aprendizaje, ¿verdad? Hay tantas cosas que le suman a un trabajo. Mucha gente de mente más corta solo, o sea, si tú tuvieras mente corta, hubieras dicho: "Ah no, este no me paga suficiente" y te hubieras perdido un montón de aprendizaje y conexiones, ¿verdad?
Claro, voy a dar lo menos que pueda de mí porque me está pagando muy poco. Eso se puede pensar. Si yo hubiera pensado así, nunca hubiera llegado a ninguna parte, porque siempre los primeros trabajos me pagaban muy mal. Pero incluso cuando tenía mi agencia de relaciones públicas.
¡Ah, como a todos! Es que empezar es así. La gente quiere estar de CEO, ¿verdad? Sí, eso se llama el derecho de piso, pagar el derecho de piso.
Y además te voy a decir una cosa, uno tiene que— esto me lo enseñaron en cábala. Si tú ves una moneda de un centavo en el piso, y tú no lo recoges porque te parece que un centavo es muy poco, entonces le estás enviando al universo el mensaje de que no quieres encontrarte dinero en el piso. Y lo mismo, si tú— yo me ganaba en mi primer trabajo $30 al mes, pero si yo no los hubiera valorado, entonces a lo mejor hoy no tendría muchas cosas que tengo. Años 2000, cuando llegué aquí a Miami, cuando conseguí este otro trabajo en un website donde escribía de música, y de repente es el boom de los websites, pero también es el boom de todas Juan Carlos Sanchez Balza, que todos los websites quiebran. Y entonces el que yo trabajaba quebró, y de repente me dicen: mira, hay una posibilidad de trabajar en una revista que se llama TV Notas. No imaginaba yo que esa, que ese iba a ser el comienzo de una carrera en justamente periodismo de espectáculos. Y allí tampoco ganaba mucho, pero yo hice todo lo posible por hacer mi trabajo lo mejor posible. Yo veía que Éramos un equipo en Estados Unidos y el otro en México. Siempre publicaban las notas de la gente de México y no publicaban mis notas ni la de la gente de acá. Comenzaron a publicar mis notas, me ascendieron de cargo de reportero a jefe de información, me subieron el sueldo. Hasta un día que llegó, después de 3 años y medio de estar allí, un jefe que me dijo que había un ambiente muy desagradable en la oficina. Y esto, fíjense, esto si yo pude, tú puedes. Sí. Porque yo me acuerdo mucho, porque todo esto que les he contado, bueno, aparentemente todo ha sido pues trabajado, pero yo creo que esto fue uno de los momentos determinantes en mi vida. Tenía algunos compañeros de trabajo con quienes después pues igual se me caen súper bien, los admiro, pero en ese momento nos llevábamos muy mal, muy mal. Era un equipo muy pequeño y yo sentía que mis compañeros iban y le hablaban mal de mí a mi jefe.
Todo por esas migas.
Y yo sentía que les molestaba que yo me ganaba los bonos todos los meses, porque había un bono de $500 para el que más notas tuviera y el que más notas salieran en portada. Y yo siempre me ganaba esos $500 de bono. Creo que eso generaba un poquito de molestia. Y también me ascendieron y me subieron de sueldo. Entonces entiendo que había un ambiente pesado. Sí, yo hubiera podido quedarme allí, pero me reunió con 3 testigos, personas que yo consideraba amigas mías, para decirme que yo no funcionaba para esto, que yo no servía para esto.
Wow, eso ha sido bien retador para ti.
Claro, porque yo me quedé pensando y dije, a ver, yo tengo dos opciones. Yo tengo la opción de pensar que no sirvo para esto, o— pero no fue una opción para mí, porque yo dije, yo sí sirvo para esto, porque si no sirviera para esto no llevaría aquí 3 años y medio con ascensos, ganándote todos los bonos. Entonces, yo sirvo para esto. Pero si yo hubiera creído lo que esa persona me dijo en ese momento, que sus razones tendría para decírmelo, obviamente, yo me hubiera quedado hundido en el "no sirvo para eso".
Sí. Y sabes qué, Juan Carlos, que así como a ti, si tú ves la historia, que a Walt Disney le dijeron que no tenía imaginación, a Beethoven le dijeron que era un compositor sin futuro, a Edison le dijeron que era tonto. La gente va a hablar de uno. Pero no es lo que la gente cree de ti, sino lo que tú crees de ti. Y lo bueno fue que tú, en vez de decir, ay, sí, yo no sirvo para esto, dijiste, a ver, tú dirás lo que dirás, pero yo sí sirvo para esto, ¿verdad? Y eso me gusta mucho. Bueno, pero vamos a cómo llegas a Telemundo, porque mucha gente de nuestros países latinos, ni se diga aquí también, han querido llegar a estas cadenas grandes como Telemundo, Televisa, Univisión. Y bueno, son pocos los que llegan, Juan Carlos, la verdad. Cuéntanos cómo llegaste ahí y por qué crees que lo lograste, que tú puntualmente lo lograste.
A ver, como si al terminar mi trabajo en TVNotas me dicen que no sirvo para esto, pero yo no lo creo. Entonces, ¿qué hice yo? Yo dije: yo sí sirvo para esto, voy a seguir trabajando como freelance. Yo me daba cuenta en ese momento que tanto TVNotas como TV y Novelas Tanto en México como en Estados Unidos compraban muchos reportajes y los compraban a muy buen precio. Esa era la época de oro de las revistas. Pues yo dije: voy a conseguir exclusivas. Si yo sé que a lo mejor una exclusiva se puede vender por $7,000 dólares en esa época, o $10,000 o $1,000 o $500, voy a hacer exclusivas y las voy a vender. La misma persona que me estaba haciendo la vida imposible dentro de TVNotas me dio el teléfono del director de la revista TV y Novelas en México, Chucho Gallegos. Comencé a venderle reportajes. También, ojo, se los vendí al mismo jefe que me dijo que yo no servía para esto. También se los ofrecí a él porque se vendía para el mercado de México o para Estados Unidos.
Sí.
Yo vendí a la exclusiva en Estados Unidos al jefe que dijo que yo no servía para esto y en México a Chucho Gallegos, el creador de TV y novelas. Pasa el tiempo, pasan 2 meses, le he vendido tantas notas, han salido tantas portadas con mis notas, Porque me he dedicado con ganas. Que en ese momento está saliendo la directora de la revista TV y novelas en México, en EE.UU., perdón. Y es cuando me llaman y me dicen: mira, estamos comparando, comprándote tantas notas que quisiéramos entrevistarte como posible director. Éramos 2 entrevistados, quedé yo. Pasó el tiempo, yo quería hacer televisión, eso lo tenía escrito en la carta.
Bien escrito, tú lo habías visto, habías dicho: eso es lo que yo quiero.
Siempre me invitaban a programas de Telemundo, de Univisión, de Telefutura, que en aquella época—
Telefutura, me acuerdo de Telefutura.
Incluso cuando después me llevaron como director de la revista TV y Novelas México, y todos los días salía en televisión, pero nunca me pagaban, solamente era invitado para hablar.
Eras un invitado, claro, una entrevista.
Pues yo un día dije: tú tienes que hacer que las cosas sucedan, porque tú no puedes esperarte. Dios no va a llegar aquí a tocarme la puerta y decirme: mira, Juan Carlos Sanchez Balza, aquí están las llaves de tu mansión. Sí, yo no, eso no va a pasar. Yo tengo que hacer algo, tengo que hacer algo. Entonces, cuando yo vi que yo salía en un montón de programas, no me pagaban, y un día dije Me di cuenta que estaban haciendo casting para un programa nuevo, un programa que se llamaba La Tijera, donde conocí a muchas personas, a Carolina Sandoval, estaba ahí también Charlie.
¿Era de Telemundo o de qué cadena era?
Ese era de Telefutura.
De Telefutura, ok.
Entonces, ¿qué hice yo? Llamé a la productora y le dije: oye, sé que están haciendo castings para esto, ¿por qué no me hacen un casting a mí? Y entonces, I made it happen, como dicen en inglés. Sí, sí, era algo tan sencillo, tan sencillo como tomar el teléfono y decirle hazme una entrevista, hazme un casting, que ella ni siquiera me hizo el casting, me dijo no, pues ya tú sales en todos los programas de estos, ya sabemos cómo eres, ven y te quedas toda la semana.
Excelente.
No, no sucedió nada más allí. Duramos ahí, sobre todo que era un tema raro porque yo estaba en Televisa, porque TV y novelas era de Televisa, pero Televisa estaba peleando con Univisión y Telefutura era de Univisión, aunque ahora son socios, ahora son súper socios y qué bueno, qué bueno que se unieron y superaron esos problemas antiguos, pero en aquel momento tener al director de TV y novelas de Televisa en un programa de Telefutura, Univisión, todos los días era raro.
Sí, no, no, eso era como tener al de la Pepsi hablando, cantando en la Coca-Cola, pues, o sea.
Exacto. Y llega un momento en el cual me doy cuenta que lo que hay que hacer es, si tú quieres que suceda, pues hay que proponerlo. Entonces—
Sí, tú dijiste la frase que a mí me encantó: ¿te vuelves a dormir para seguir soñando o te levantas para lograr tus sueños? Sin tomar acción, está bien visualizar, está bien creer, pero hay que tomar acción, ¿verdad? Y mira que Juan Carlos Sanchez Balza, el que más reportajes vendía, O sea, siempre ha sido una persona que toma acción masiva. Y ahora entiendo muchas cosas de tu éxito, porque yo decía, bueno, él no nació aquí, vino de Bogotá, ¿cómo llegó, verdad? A ser— me creaba mucha curiosidad, como, y es increíble lo que estás contando. Muestra que nada es imposible para nadie si tienes la claridad y la ética de tomar las acciones correctas, ¿verdad, Juan Carlos Sanchez Balza?
Exactamente. Y yo en alguna época, fíjate, por ahí en el 2004, cuando me habían echado de TVNotas y estaba a punto de ser contratado como director de TV y novelas, que todavía no lo sabía, yo reaccioné con mucha entereza, dando lo mejor de mí. Un día lloré porque había que desahogarse también. Y tengo un amigo que se llama Carlos Messer que me decía: mira, tú y yo vamos a hacer un programa de televisión va a ser ta ta ta, y yo no le creía. Por eso es importante que nunca dejes de creer en que puedes llegar lo más lejos posible. Pasó el tiempo y ya estando en TV y novelas, yo en ese momento pues ya había ganado de repente algún reconocimiento en mi industria, y me dice, como conductor era pésimo, eso sí tengo que decirlo, era muy tieso, era muy nervioso.
¿Esto cuando estabas en Telefutura?
Cuando estaba, sí, ya antes de Futura Viajera.
Estabas empezando en la parte de conducción, claro.
Llevaba ya no sé cuántos años siendo gratis, pero realmente, a todos los programas, pero realmente me faltaba prepararme. Entonces, ¿qué es lo que pasa? Llega Carlos Mesber y yo creamos un nuevo proyecto que se llamaba Confesiones de Novela. Él ya tenía una idea de lo que iba a ser Confesiones de Novela, pero yo también me metí a cambiar un poco el formato. Lo hicimos, lo ofrecimos, lo aceptaron en Telemundo y cuando lo aceptaron en Telemundo, en Televisa me dijeron: "Bueno, ya Telemundo, Televisa y Univision están otra vez juntos. Ya estar en Telemundo no está bien. Entonces, ¿qué quieres hacer? Televisa o Telemundo". Y en ese momento yo dije: "Bueno, yo quiero hacer televisión". Así que me metí en eso, el programa estuvo 9 meses al aire. El que era el presidente en aquella época de Telemundo Dijo que yo no servía para hacer televisión, que yo no era un buen conductor, que yo hablaba con un acento muy marcado y que no servía para estar en televisión. Entonces yo dije: "OK, otra vez. ¿Cómo que no sirvo?" Entonces yo dije: "Sí, sí." Es que para ti eso era como gasolina.
Lo que a mucha gente lo desmotiva, a ti era como que: "A ver, tengo que demostrar, ¿verdad?" Me imagino, ¿o no?
Claro, yo dije, ok, a ver, ¿cómo que no sirvo? Este programa, Confesiones de Novela, bueno, duró 9 meses al aire porque por diferentes razones que no tienen nada que ver con el éxito que tenía, que le iba súper bien. Se vendió en 67 países.
¡Guau!
Gané un montón de dinero gracias a los porcentajes de las ventas internacionales.
Sí.
Y todo el mundo lo comentaba. Que no sirvo, bueno, a lo mejor, a lo mejor puedo mejorar. Entonces tomé clases de dicción, porque si el señor decía que yo hablaba mal, pues entonces a lo mejor tenía razón. Y si yo me veo en eso explorando, pues yo no digo que tenga un acento neutro, pero tenía que tener mejor dicción, mejor desenvoltura, tenía que expresarme mejor. Entonces Ese señor me hizo un gran favor, porque yo me hubiera podido quedar ahí pensando: "Ah, no sirvo para esto, pero..." Entonces ahí fue cuando dijimos: "Bueno, o sea que nos acabó el programa semanal, ahora tenemos que hacer un programa diario, ¿cómo lo vamos a hacer? Vamos a entrar..." Hicimos el piloto, hicimos la primera presentación. Después fue cuando el señor dijo que no quería que yo estuviera en ese proyecto. Entonces yo me salí porque yo dije: "No, yo en ese proyecto..." Me dijeron: "Puedes estar detrás de cámaras, pero no delante de cámaras." Yo dije: "Pues no, porque yo lo que quiero es estar detrás y delante de cámaras." Entonces me salí y pasó el tiempo y me volvieron a llamar. Entonces ahí estuve en ese proyecto durante 10 años, 8 al aire, 2 preparándolo, Suelta la Sopa. Y pues eso me enseñó que pues que cuando uno se lo propone, lo crea.
¿Tú creaste Suelta la Sopa?
Lo creamos entre Juan Carlos Mezber y yo, sí.
O sea, lo creaste. ¡Guau! No sabía esa parte tampoco yo.
Sí, sí, yo de hecho hice la propuesta por escrito, la diseñé con gráficas. Yo quería hacer algo como lo que yo hacía en la revista, pero pasado, traspasado a la televisión, de llegar con cámaras paparazzi y sorprender a las personas y entrevistarlas en un aeropuerto, por ejemplo. Cosas que otros programas, no te quiero decir que inventé, inventamos nada diferente, pero sí era un programa mucho más de encontrar al artista in fraganti, de tener exclusivas fuertes. Y entonces pues nada, nos fue muy bien, tuvimos un súper rating, pero llegó un momento en el cual, desde hacía mucho tiempo había personas en la compañía que no entendían cómo un programa de espectáculos lo estaba produciendo una compañía externa y no se producía internamente. Hasta que llegaron, pasaron los años y los años hasta que por fin decidieron que ya no estaríamos allí. Y no te voy a decir que lo de las palancas funciona, claro que funciona. Hay gente que tiene palancas y le va súper bien.
Sí, pero yo digo que la palanca te entra, pero ahí te mantienes tú, porque si por mucha palanca, si tú entras y no mejoras y no haces tu trabajo, no sé qué tanto tiempo. Tendrías que ser hijo del dueño, pues.
Bueno, no, tiene que ser, tienes que ser bueno, claro. Pero hay, bueno, hay casos de casos, hay casos de casos, hay casos de todo. Pero, pero bueno, el caso es que yo ahora estoy en un proceso que, gracias a Dios, hace 2 años yo decidí, cuando estaba en medio de una cirugía que me venía y que era una cirugía muy compleja, lo que más me dediqué durante mi proceso de quimioterapia y luego con la cirugía fue precisamente a preparar mis emociones. Mis emociones, que son las que al final son las que te sacan adelante. Cuando yo llegué a la primera quimioterapia, la persona que estaba allí, el enfermero, me comenzó a decir varias cosas. Primero, un panorama muy desalentador allí en la sala de quimioterapia, porque tú ves a personas que están sufriendo mucho, personas que tienen la piel amarilla, que están sin cabello, que están desanimadas, que están pesimistas, que piensan lo peor, que les duele todo, que tienen náuseas. Y todo eso es lo que me dijo el enfermero, que me iba a pasar, que no iba a poder comer con cubiertos de metal porque me iba a sentir, iba a sentir un sabor desagradable, que no iba a poder ir a trabajar al día siguiente de la quimioterapia, que me iba a sentir con unas náuseas terribles, que no iba a poder dormir, que iba a tener insomnio, que se me iban a caer las pestañas, el cabello.
¡Oh, mejor dicho! Tremendo pep talk que te dio el enfermero. Usted va a salir hecho miércoles de aquí, fue lo que te dijo. ¡Qué horror!
Pero yo lo único que me imaginé, como yo me estaba preparando, porque yo dije: ok, si detrás de cada desafío hay una bendición, ¿Cuál puede ser mi bendición? Vamos a mostrarle a la gente. Y fue cuando comencé a hacer vídeos, eso fue en 2015, que yo, que se puede vivir un proceso de quimioterapia con una sonrisa en la boca, con agradecimiento, con agradecimiento. Primero que todo porque estoy vivo, agradecimiento por el aire que respiro. Yo me levantaba y lo primero que hacía era orar. Es una oración hebrea que se llama Modeh Ani Lefaneja Melejai Bejayam Sharte Binishmativejen la Raba de Monateja, que es una oración que sí que quiere decir básicamente realmente: gracias Dios por devolverme el alma al cuerpo.
Bonito.
Cuando te despiertas, qué bonito.
Ahora, otra cosa, porque agradecer que tenías tratamiento. Hay gente con cáncer que no tiene acceso al tratamiento, por ejemplo. O sea, cuando uno busca el lado bueno de las cosas, uno lo encuentra. Y entonces tú me contaste que tú visualizabas esa quimioterapia, que son químicos y es prácticamente un veneno para el tumor, y tú lo veías como la luz de Dios entrando en tu cuerpo. ¿Te acuerdas que me contaste eso?
Exactamente, eso fue cuando el enfermero comenzó a decirme todo eso. Yo comencé primero que todo a orar. Yo escuchaba las palabras de fondo que él decía con toda la buena onda del mundo, porque lo que quería era que yo estuviera advertido de lo que me podía pasar, que la quimioterapia era una quimioterapia fuerte la que me iban a aplicar. Pero yo comencé a pensar, yo no dejé que esas palabras penetraran en mi mente. Yo comencé a imaginar y a decirle: Dios mío, gracias por este líquido que va a entrar en mi cuerpo. Que la primera vez que entró en mi cuerpo, eso entra a través de un catéter que te ponen en el pecho, y luego eso recorre todo el cuerpo, todo el sistema circulatorio. Y cuando comenzó a recorrer mi cuerpo ese líquido, que yo sabía que era, para muchos es un veneno, yo dije: eso es lo que a mí me va a salvar. Entonces yo comencé a pensar Comencé a pensar, y mientras el enfermero hablaba de todos los síntomas negativos, yo decía: Dios mío, permite que este líquido que va a entrar en mi cuerpo limpie las células que tiene que limpiar y tenga el mejor efecto posible en mi cuerpo. Ya cuando comenzó a entrar, yo comencé a visualizar que era la luz de Dios que estaba entrando en mi cuerpo. Y fíjate, algo curioso, porque yo nunca volví a sentir Cuando entraba el líquido en mi cuerpo, yo nunca lo volví a sentir, pero esa primera vez sí lo sentí. Y lo sentí, y yo me imaginaba que era la luz de Dios limpiando lo que tenía que limpiar y dejando intacto lo que tenía que dejar intacto. Yo nunca pensé que me fuera a pasar nada de lo que él me dijo, que si las pestañas, que lo único que sí pensé, como yo me estaba visualizando, como que qué bendición hay detrás de esto, qué puedo hacer, puedo ayudar a otras personas. Comencé a hacer videos en mis quimioterapias donde yo siempre estaba de fiesta. Siempre tenía gente alrededor mío tocando la pandereta o haciendo meditaciones o orando, contando chistes. Siempre estaba rodeado de gente en mi quimioterapia, que me siento muy afortunado por eso. Siempre me acompañaron. Entonces mi quimioterapia era una quimioterapia de alegría. Yo me imaginé sin pelo, porque así es como uno se imagina a la gente que tiene cáncer, que están en proceso de quimioterapia. Me imaginé sin pelo dando conferencias o hablándole a la gente acerca de cómo, de cómo con certeza y mente positiva se puede superar cualquier obstáculo. Y nunca tuve náuseas. Tuve un día, tuve náuseas. Creo que fiebre tuve un par de días, nada más al comienzo de la quimioterapia. Comencé a cuidarme mucho el sistema inmunológico. Tú llegabas y te hacían el examen de sangre y está el sistema inmunológico muy abajo, hay que inyectarte. Oye, lo tienes arriba. Entonces así fue cuando comencé a darme cuenta que funcionaba.
Qué bonito, Juan Carlos, me encanta. Mira, tantas cosas, yo me pudiera quedar días hablando contigo, pero hay dos cosas muy potentes en todo lo que tú has dicho, de tantas, pero quiero rescatar. Yo le digo a la gente, ¿cómo se hunde un barco? Un barco se hunde si le entra agua, ¿verdad? Igual una persona se hunde cuando deja que el mundo entre, el mundo negativo. Y yo veo tu historia Lo que me cuentas, voces negativas no te faltaron. A nadie le van a faltar voces negativas. Alguien que te diga usted no sirve, usted no puede, usted se va a vomitar, se va a desmayar, sí o no. Y tú siempre decías no, yo no voy a dejar entrar. Fuera algo profesional o fuera algo de salud, tú no dejas. Entonces, como yo digo siempre, no son las voces externas, son las voces internas las que te hacen sentir bien o mal, las que te hacen estar fuerte o débil. Eso me encantó, ¿verdad? Y también la parte de la envidia, que sufriste mucha envidia en muchos momentos porque como ibas creciendo, y es uno en la vida no puede tener lo que resiente. Y tú, yo te he visto, eres una persona cero envidia, generoso. La gente que tiene envidia no puede avanzar porque si yo resiento al que tiene éxito, yo no puedo tener lo que recibe. Mi subconsciente creativo, por ciencia, no te lo va a permitir porque sería una incoherencia. Entonces me parece súper poderoso, me ha encantado. Se me fue volando el tiempo, imagínate. Yo decía, wow, otra hora aquí. ¿Cuál es tu mensaje final de Yo Pude, Tú Puedes para todos nuestros escuchas?
Yo pude superar el bullying que me hacían cuando yo era niño y adolescente, muy fuerte, muy fuerte el bullying que viví. Pude superar situaciones en mi infancia y en el divorcio de mis padres que fueron difíciles. Y las pude superar. Pude superar situaciones que económicamente para mí no era fácil cuando yo era adolescente, y sin embargo decidí ser el creador de mi propio destino y buscar trabajo y hacer. Si mi mamá no me podía dar el dinero que yo necesitaba, lo iba a conseguir yo. Si yo pude llegar a EE.UU. y echarle todas las ganas y dar lo mejor de mí para conseguir trabajos que de otra manera o que para muchos son difíciles de conseguir. Y si yo pude entender que para conectarme con Dios yo tengo que— está bien desahogarse. Uno puede tener sentimientos negativos porque si hay algo que te hace llorar, hay algo que te da tristeza, hay algo que te da rabia, está bien, desahógate para que no quede ahí guardado debajo del tapete. Pero después de eso tienes que conectarte con sentimientos positivos, porque conectarte con la tristeza, con la envidia, con la preocupación, con el sentimiento de víctima, con el dolor, eso no es conectarte con Dios. Conectarte con Dios es conectarte con la certeza, con la fe, con la esperanza, con la ilusión, con la alegría, y ser incluso alegre en medio de la dificultad. Entonces, si yo pude, y te voy a poner un ejemplo, Si yo pude hacer mis 12 quimioterapias sonriendo todo el tiempo y rodeado de amigos a quienes les hice entender que no tenían por qué estar tristes, sino que tenían que estar alegres para que me contagiaran esa alegría, tú también puedes hacerlo. Tú puedes estar en cualquier lugar, en un lugar completamente oscuro, y solo basta que entre un poquito de luz y la oscuridad se desvanece. Y esa luz, esa luz, esa luz viene adentro. Entonces eso, eso es lo que quiero decirles, que sí, sí, sí, yo pude darme cuenta que no, que mi futuro no depende ni de mi pasado ni de lo que estoy, ni de lo que estoy, ni lo que acabo de hacer, sino de lo que haga de ahora en adelante, tú también puedes. Tú tienes que entender que lo que pasa en tu futuro va a depender de lo que hagas y lo que sientas y lo que pienses en este mismo instante. Y si estás pensando algo negativo, cámbialo, haz el switch y cambia tu futuro.
Así es, mi Juanma, me encanta. Si cuidas el hoy, el mañana se cuida solo. Bueno, mis amigos, aquí lo tienen, un súper episodio de Yo Pude, Tú Puedes con nuestro amigo periodista Juan Manuel Cortés. Juanma, muchísimas gracias.
Gracias, gracias, Margarita. Me encanta haber estado aquí. Perdón por todo lo que hablé, pero me emociono y no me callo. Pero gracias, gracias, Margarita. Qué honor estar en este espacio tuyo.
Gracias a ti. Gracias por unirte a un episodio más del podcast Yo Pude, Tú Puedes. Espero que lo hayas disfrutado. Me aseguro de leer todas las reseñas de mis podcast, así que si tienes alguna pregunta para mí Déjame una reseña en Apple Podcast y me aseguraré de responderla en un próximo episodio. Hasta la próxima.
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