Dashrath Manjhi, a man from northern India, spent 22 years carving a 100-meter path through a mountain with a hammer and chisel after his wife died because the nearest hospital was too far away. His work cut the distance from 75 kilometers to 5 kilometers for local communities. The speaker uses this story to challenge indifference and call for selfless action.
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Con tantos sucesos bélicos y actos terroristas que vemos en la actualidad, es común escuchar a personas decir que ya no tienen fe en la raza humana, que hay mucha maldad. La verdad es que siempre serán más las personas buenas que las malas. Pero hay algunos que de verdad toman las cartas en el asunto y hacen de su vida una historia de amor y servicio que nos inspira a todos. Quiero contarles una historia que demuestra que verdaderamente la fe mueve montañas. Dashrath Manjhi era un señor del norte de la India que vivía en el pueblo de Jhelaur. El pueblo estaba completamente aislado de escuelas, hospitales y áreas de trabajo, ya que una montaña rocosa se alzaba en medio. Y hacía que sus habitantes caminaran hasta 75 kilómetros para llegar a un hospital. Un día, la esposa de él enfermó gravemente y no logró sobrevivir el trayecto de 75 kilómetros a pie. Al morir su esposa, Dashrath decidió que con tan solo un martillo, un cincel y unas palancas abriría paso en la montaña. Al principio recibió burlas, pero al ver la perseverancia de este hombre, sus mismos vecinos empezaron a llevarle comida y apoyarlo para que no tuviera que trabajar y se dedicara a picar la montaña. 22 años le tomó a Dashrath abrir un camino de 100 metros que hoy le permite a varias comunidades caminar tan solo 5 kilómetros para llegar al hospital y a la ciudad más cercana. ¿Cuántas vidas habrá salvado el amor de este ser humano? Pensemos: ¿vivimos una vida egoísta donde nuestra única preocupación es nuestro bienestar y el de nuestra familia? ¿O estamos dispuestos a dar, compartir y apoyar a otros? El mundo no está en caos por las acciones de los malos, el mundo está en caos por la indiferencia de los buenos. Hagamos cada día un acto desinteresado por otro ser humano, así iremos construyendo un mundo mejor.