Cómo Salí de la Isla de Algún Día con Yoel Sardiñas

Yoel Sardiñas escaped Cuba after a failed boat escape and suicide attempt, crossed multiple borders as an undocumented immigrant, and built a business in the US. A near-fatal brain aneurysm forced him to abandon the hustle mentality and learn stock investing from a mentor instead, leading him to teach thousands through his Invested Academy.
Chapters
entré en un estado de depresión y un vacío existencial tan grande. En ese momento se me quitaron las ganas de vivir. En ese momento lo único que pasó por mi mente fue: ¿cómo me voy a quitar la vida? Yo a los 14 años empecé a trabajar como mesero. Me tomaba a veces 2, 3 días ganarme un dólar, un día ganarme un dólar, 2 días así, de dólar en dólar, de propina, de propina, de propina, para llegar a esa cantidad equivalente a $10,000, que era lo que me cobraba el lanchero. Eran unos estafadores que se habían desaparecido y que no perdieran más el tiempo ahí, que la lancha nunca iba a llegar. Me enseñaron que para lograr éxito había que trabajar muy duro, y a mí trabajar muy duro en ese negocio Me llevó a la cama de un hospital al borde de la muerte por un exceso de estrés y de trabajo que me provocó un neurisma cerebral. No importa de dónde vengas, tú no eliges el lugar donde tú naces, pero sí es tu responsabilidad hacer de tu vida lo que tú decidas con ella.
Bienvenidos al podcast Yo Pude, Tú Puedes, donde vamos a hablar de cómo manejar tu mente y tus emociones para lograr todo lo que quieres en la vida.
Disfruten, amigos.
Bienvenidos a un capítulo más de Yo Pude, Tú Puedes. Hoy tengo un amigo muy querido, además muy exitoso, pero que ustedes no se imaginan de de dónde vienen. Cuando ustedes escuchen a Joel, nuestro invitado de hoy, se le van a caer todas las excusas, porque no importa dónde uno está, lo que importa es para dónde uno va. Joel, bienvenido.
Joel, bienvenido, amigas. Gracias, gracias, gracias de todo corazón. Gracias por esta invitación tan bonita a este podcast tan poderoso, Yo Puedo, Tú Puedes, que sin duda alguna entiendo que está ayudando a transformar la vida de muchas personas, sobre todo ayudando a romper esos techos mentales que muchos, incluyéndome a mí, hemos desarrollado desde nuestra infancia, precisamente por no entender ese superpoder que todos los seres humanos tenemos de crear en nuestra vida lo que sea que pongamos en nuestra mente. Pero eso no nos lo enseñan. Y desde ahí creo que yo tuve que romper muchos techos. Claro, ha sido muy difícil. Gracias por la invitación.
Gracias.
Claro. Bueno, contanos un poquito de dónde venís.
Bueno, yo soy cubano, yo nací en Cuba. Aquí en Miami hay muchísimos cubanos, pero realmente en otros, en otros lugares del mundo no tantos.
Y realmente la ciudad más grande de Cuba en Miami, la ciudad más grande de Miami, tal cual, la ciudad erigida por los cubanos.
Yo nací en Cuba y para mí, o sea, venir, me siento muy orgulloso de haber nacido en Cuba. Hoy soy consciente que de no haber nacido en Cuba hoy no sería la persona que soy, de no haber tenido que atravesar y pasar por todo lo que tuve que pasar, no sería la persona que me he llegado a convertir ni estuviera en el lugar que estoy. Pero sobre todo por la historia de resiliencia que hay detrás de cualquier cubano. Sí, lo que nos tocó pasar a los cubanos, creo que ningún ser humano se no se lo merecería vivir ni, no le deseas eso ni a tu peor enemigo, honestamente, pasar por lo que pasamos los cubanos.
Tú me contaste que a los 7 años llegabas a casa con hambre, abrías la nevera y literalmente no había nada.
Amiga, los cubanos utilizábamos la nevera como aire acondicionado para que nos diera un poco de fresco, porque adentro directamente agua. Yo hoy soy consciente que, o sea, pasar hambre, no tener zapatos que ponerte, tener escasez en todos los sentidos, vivir en un contexto de carencia de miseria, la más ajetreada, que fue lo que nos tocó vivir a todos los cubanos, o al 99.9% de los cubanos.
Es una tremenda valentía, Joel, porque es que es muy difícil nadar contra la corriente. Una cosa, digamos, en este país, que uno ve el que tiene, el que no tiene, que uno diga yo no quiero aguantar hambre, yo quiero ser como ese. Pero ustedes no tenían referencia de algo mejor, amiga.
La única referencia que yo tenía era ver personas, familiares de amigos míos que habían emigrado a los Estados Unidos, vivían aquí, y cuando iban a Cuba, y lo poquito que le llevaba Para mí eso era, a mí no se me olvida nunca, yo el pedirle a un amigo mío por más de un mes que cuando viniera su tía a visitarlo que me regalara un chicle, una goma de mascar. O sea, porque para mí yo añoraba poder mascar una goma de mascar en ese contexto de carencia, algo tan elemental y tan básico que hoy ni siquiera me gusta, pero es ese sentimiento de decir, de carencia tan grande de no tener nada y decir, ¿y de dónde lo saco? Solo sé Y hoy entiendo que ya venía en mí, yo vino intrínseco conmigo y fue el saber que había algo más. Yo no tenía con qué contrastarlo, pero en mi mente yo sabía que esa no podía ser mi realidad del resto de mi vida como la de tantas personas. Y me puse como propósito el buscar, ya entendía, ya lo tenía claro, tenía la evidencia sólida en mis manos. Muchísimas personas habían perdido su vida sin haber logrado nada diferente y yo lo tenía claro. Y bueno, si yo quiero vivir algo diferente a lo que es esta realidad, tengo que hacer algo al respecto, tengo que tomar una acción diferente a la que han tomado el resto de las personas que conozco que siguen teniendo los mismos resultados. Ahí, pero de que tú decides salir de Cuba o que tú pones en tu mente salir de Cuba hasta que pasa, hubo personas que nunca lograron, hubo personas que perdieron su vida. Entonces yo me propuse hacer lo que fuese que tuviese que hacer para irme de Cuba. Y la única manera que tienes de salir de Cuba, o en ese momento, tirarse al mar y se iban en embarcaciones rudimentarias. Yo vi, pero tabla, o sea, de mesa, como una mesa como esta flotando con unos remos. Fueron miles y miles de personas.
¿Perdiste algún amigo, algún familiar haciendo eso?
Perdí, o sea, conocí a muchas personas de mi barrio que perdieron la vida intentando cruzar Estado de la Florida. Entonces la manera segura de salir de Cuba era pagándole a un lanchero que te llevaran una lancha, que ilegalmente saliendo de aquí es como el equivalente a un coyote, pues, coyote que te cruza en la frontera con México, pero en este caso en una lancha.
Y ¿cuánto te cobraba ese lanchero?
Yo me di a la tarea de salir de Cuba de una manera segura en una lancha, pero te cobraban $10,000. $10,000 en Cuba en ese entonces, como decir ahora aquí $100 millones de dólares, es el equivalente. O sea, ponga en tu mente, inalcanzable, ponga en tu mente $100 millones de dólares en la actualidad, que sea que esté viendo este podcast. Era lo que para mí en ese momento representaban directamente $10,000.
Juan Carlos, pero tuvo que haber un momento. ¿Esto fue a qué edad que vos decidiste salir?
Yo puse en mi mente que me iba a ir de Cuba a los 12 años.
¿Cuánto tiempo te tomó ahorrar esos $10,000 y qué pasó?
Me tomó 7 años. Yo a los 14 años empecé a trabajar como mesero. Por eso te dije, me tomaba a veces 2, 3 días ganarme un dólar, un día ganarme un dólar, 2 días así para ganarme un dólar, ir ahorrando de dólar en dólar, de propina, de propina, de propina. Para llegar a esa cantidad equivalente a $10,000, que era lo que me cobraba el lanchero. De hecho, yo nunca llegué a reunir esa cantidad en total. Lo que más yo pude llegar a reunir fueron $7,000 y me cobraban $10,000. ¿Qué tuve que hacer? Vender todo lo que con mucho esfuerzo y sacrificio había comprado. Sí, ahí tú vendías este vaso de cristal y te lo pagaban en algo porque no había nada. Entonces tuve que venderlo todo y así pude reunir la cantidad de dinero, de la cantidad de $10,000. O sea, todo lo que vendí, 7 años. 7 años para ahorrar $7,000 y vendí todo lo que tenía, $3,000 más, y se lo pago a ese lanchero, a ese coyote, pero del agua, del mar, y le pago los $10,000 dólares. Y justo, no se me olvida nunca ese momento, era un auto que él había rentado, y ahí le entró el dinero. Me dice: tienes que estar tal día en tal lugar, ahí vamos a venir a buscarte la lancha, ahí van a haber más personas. Me explica todo cómo iba a ser. Y yo, wow, después que hice dinero sentí como estoy a punto de lograrlo, ya falta muy poco. Y empecé a vivir un estado en mi mente de euforia, de éxtasis, de emoción, de alegría, de regocijo.
¿Tu mamá sabía?
No sabía, ese es el detalle. Yo no podía contarle a mi mamá porque tenía miedo de que ella directamente me fuera a decir no lo hagas.
Que no te vayas, ajá.
No te vayas.
Por miedo.
Exactamente.
Por miedo a que muriera, por eso, por eso.
La historia de muchas personas que eran más los que perdían la vida intentando llegar que los que llegaban.
Sí, sí.
Entonces era también, las estadísticas no estaban como que muy a tu favor. Pero la desesperación era tal que directamente, o sea, tú estabas dispuesto a pagar ese precio. Al menos yo estuve dispuesto a pagar el precio de incluso arriesgar mi vida o a lo que fuese.
¿Cuántos años tenías?
Yo tenía 21 años en ese momento.
O sea, que vos te montaste pensando: yo estoy dispuesto a dar mi vida.
Totalmente. Esperando que no se haya montado.
Estaba en un lugar esperando que nos llegara a retirar esa lancha donde me iba a montar directamente. Y ahí estuve 3 días, estuvimos 3 días esperando, como te decía, en ese estado de emoción, de euforia. Y 3 días justo después, nunca empezábamos a llamar y a llamar y a llamar a la persona, y ya dejaron de contestar los teléfonos hasta que hubo alguien que avisó a otra de las personas que le estaban pagando, un familiar de otro de los que venía, que le había pagado desde aquí, que vivía aquí en Estados Unidos, que avisó que no siguiéramos esperando ahí, que eso era una estafa, y que los que le habíamos dado el dinero eran unos estafadores que se habían desaparecido, y que no perdiéramos más el tiempo ahí, que la lancha nunca iba a llegar. No, yo no quería caer en cuenta. Yo veía que del grupo, las personas empezaban a ir y yo decía: no se vayan, que va a venir, no se vayan.
Tenías fe, pues, en mi mente.
Yo no quería. Cuando verdaderamente realizaste: me estafaron, amiga.
Yo no quería volver la realidad. Ya yo estaba viviendo una realidad paralela, ya yo estaba en Estados Unidos en mi mente, sí, ya yo estaba en mi mente en Estados Unidos. Yo no quería volver la realidad. Para mí, volver la realidad fue como que directamente me quitaran la luz y me quedara ciego, caer en un túnel oscuro, y entré en un estado de depresión y un vacío existencial tan grande que directamente en ese momento se me quitaron las ganas de vivir. En ese momento lo único que pasó por mi mente fue: ¿cómo me voy a quitar la vida? Yo no pensaba en más nada que no fuese cómo me voy a quitar la vida. Y no se me olvida nunca que estuve a punto de quitarme la vida. Estuve ya, o sea, en mi mente yo estaba: va a ser aquí, va a ser así, y todo. Y preparé todas las condiciones para hacerlo. Y llevaba 2 días mi mamá yendo a tocar la puerta y tocaba la puerta en mi pequeño, un departamentico Así como este estudio pequeñito, pequeñito, ahí vivía yo. Y la puerta era así como de cristal, y yo me escondía en una esquina, y mamá venía y tocaba como que yo estaba en el trabajo. Pero llevaba varios días, y venía todos los días y me tocaba. En ese momento no existían los celulares, y venía y me tocaba. O yo no tenía celular en ese momento.
Tú pensando: me voy a quitar la vida, me voy a quitar la vida.
No, estaba planeando un método.
Hasta que ya llegó un momento en que ella empezó a gritar y a gritar y a gritar tanto que le abrí la puerta. Y llegó O sea, lo digo así, me trajo al mundo dos veces, cuando me parió y cuando llegó justo a punto para impedir que yo me quitara la vida. Y después de salir de ese shock emocional que los dos pasamos, porque cuando ella vio todo aquello, que no había nada, vacío, me dijo: ¿Qué pasó aquí? Y ella se dio cuenta automáticamente que algo grande y grave había pasado, porque yo me estaba escondiendo de ella. Y bueno, realmente esperaba un gran reproche y más bien me llevé una gran lección de vida, porque mamá lo único que hizo fue apoyarme. Su resiliencia fue muy grande, me ayudó a salir de ese vacío existencial, y solo me hizo comprometerme con ella a eso, que si realmente yo quería irme de Cuba, que lo hiciera de una manera segura, pero que no pusiera mi vida en el mar.
Porque si no me equivoco, ella te dijo algo malo te iba a pasar ahí, por algo no te fuiste.
Ella, ella lo que me dijo fue: deja de quejarte y deja de culpar que te estafaron el dinero, y deja de estar en ese sentimiento. Tienes que darte cuenta que todo en la vida pasa por algo y que lo único que te llevaron no fue más que dinero, y que el dinero va y viene. Que tienes y que pudiste haber perdido tu vida como tantos miles que han perdido su vida. Por lo tanto, para ya de— porque yo estaba en, o sea, en modo quejica.
Yo creo mucho en eso que dijo tu mamá: no nos podemos sentar en el puesto de la víctima. Es duro, durísimo lo que te pasó, pero ponerse en el puesto de víctima solo te va a hundir más.
Yo no lo entendía en ese momento, amiga, y hoy de hecho lo entiendo tanto que elijo—
hace tiempo eliminé de mi vida cualquier cosa que tuviera que con queja, culpa y crítica.
Directamente porque entiendo que es abrir una puerta para que siga replicando en el futuro. Y yo hoy soy consciente, yo veo personas que se pasan la vida entera quejándose, culpando, criticando, pero todos los días, todos los días la queja se repite una y otra vez, una y otra vez.
Entonces, cuando tú quieres que eso desaparezca de tu vida, para hacerlo, para dejar de ser víctima.
Sí, sí, hoy entiendo lo que es ir por la vida en modo víctima y en modo protagonista, pero también entiendo que no llegamos a este mundo siendo ni víctima ni protagonista. Entiendo, entiendo que las dos, no importa cómo vayas por la vida, así vayas en modo víctima o en modo protagonista es por aprendizaje. Y de una forma u otra, en nuestra cultura y en nuestro contexto, de una forma u otra todos tuvimos un rasgo de víctima, todos aprendimos de alguien más a ser una víctima, porque de una forma u otra vimos a personas quejándose, culpando y criticando, y nosotros que aprendimos a lo mismo, porque ya es una cuestión de aprendizaje.
Sí, también si te rodeas de personas que tienen techos mentales, también esos techos mentales los adoptamos, y especialmente un niño, o el ser consciente que desde niño Y sobre todo en nuestra cultura, todos heredamos esa parte de desarrollar techos mentales.
Y también soy consciente de que hay muchas personas que hoy han llegado a la cúspide de su vida y no lo quieren romper. Sí, no quieren romper esos techos y empiezan a construir historias y se hacen acreedores de narrativas que los empobrecen mentalmente hablando, porque yo no puedo, yo no soy suficiente, yo no lo valgo, yo no sirvo, a mí no me enseñaron, yo no. Pero es que siempre ese no, yo no, yo no, yo Y no se puede, porque es más cómodo, es su zona cómoda.
Tienes que trabajar para salir de esos techos mentales.
Yo fui esa persona y te lo digo, yo era esa persona que en algún momento me encontré comprándome esa historia. Hoy soy consciente que era una historia que yo me estaba comprando, pero que no era mi historia. Yo estaba siguiendo el guion de la película de alguien más, porque en ese guion social que a todos de una forma u otra nos han enseñado, y yo soy muy consciente de esto porque era el mismo guion para todo el mundo, o sea, el guion que de una forma u otra creo que hasta por cultura, en nuestra cultura latina todos heredamos, es Para ser alguien en la vida tienes que ir a la universidad y tener un título universitario, haz una carrera laboral por 40 años, jubílate a los 65, confúmate con lo que tienes, o sea, toma vacaciones una vez al año. Eso es un guión social, es un guión social que todos vivimos y que yo estuve a punto de comprarme ese guión social porque yo me vi—
Incluso aquí en Estados Unidos te venden ese guión, ¿verdad?
Ese guión lo venden creo que en toda Latinoamérica y aquí en Estados Unidos. Y ese guión social es el que ha llevado a muchas personas llegando a la— y yo lo he visto, ustedes deben haber visto también, llegando a la cúspide de su vida habiendo cumplido con todos esos requisitos y sin tener nada. Entonces yo, yo, si algo he sido yo, siempre he sido muy curioso. Mi curiosidad me llevó a mí a salirme de ese guión. Ese guión social nos pone a todos en algún momento de nuestra vida a tener mentalidad de rebaño, que es esa mentalidad en la que todo el mundo va de follower, todo el mundo va para llevar rebaño. Y hoy soy consciente que darme cuenta de que desde pequeño a todos nos enseñaron a vivir ese guion social de la película de alguien más, porque ese guion no lo escribimos nosotros, nosotros no lo escribimos, alguien lo escribió por nosotros. Pero para mí, ver personas que significaron mucho para mí en mi vida irse de este mundo sin haber logrado nada, siguiendo ese guion social, me hizo hacer un clic y darme cuenta de que ese no era mi guion.
¿Y cómo saliste de Cuba?
Amiga, me fui 2 años después de haber pasado por ese descalabro, volví a trabajar. Yo trabajaba como mesero en Cuba, en el turismo, y volví a trabajar en el turismo nuevamente como mesero. Reuní algo de dinero que me permitió pagar una visa a Ecuador, y me dieron el permiso de salida, y me fui a Ecuador igualmente. Y llegué a Ecuador con ese deseo y esa hambre de crecer y de emprender. Lo mismo que quería hacer en Cuba, pero que no podía. Y esa hambre de crecer y de emprender, en este caso en Ecuador, me llevó, conjuntamente con un amigo, emprendiendo y trabajando duro, a poner un pequeño negocio, algo muy pequeñito, pero que lo pudimos ir en el tiempo escalando y escalando y escalando. Y supe por primera vez lo que era abundancia financiera llegar a mi vida en Ecuador, gracias a ese pequeño negocio que lo escalamos, que era una tienda de ropa. Le vendíamos ropa a todos los cubanos que emigraban de de Cuba a Ecuador.
Qué lindo, qué bonito.
Nos compraba nosotros la ropa y la vendían en Cuba para, o sea, era ese negocio de emprendimiento. Y así empecé y tomé la, o sea, la decisión de vender el negocio y de reconectar con mi sueño de mirar a los Estados Unidos.
Y, ¿por dónde entraste? ¿Cómo entraste?
O sea, yo tenía todos los requisitos para que me dieran una visa para México Sí, pero cuando voy a la embajada de México en Ecuador no me dieron la visa precisamente porque justo antes de yo pedir la visa habían ido muchos más cubanos que le habían dado la visa y se habían quedado, no habían regresado, y entonces empezaron a prohibir la visa a los cubanos.
¿En México?
En México, en Ecuador, en Ecuador la visa para México.
Para México.
O sea, en ese momento existía una ley que se llamaba pie seco, pie mojado, que si tú llegabas a la frontera de Estados Unidos y pedías asilo político, en automático te acogían.
Con poner un pie, ¿verdad?
Con poner un pie nada más en Estados Unidos. Entonces los cubanos buscábamos llegar a la frontera más cercana, que en este caso México. No me dieron visa para México, pero sí me dieron para Guatemala. Por todos los requisitos sí me dieron para Guatemala. Entonces volé a Guatemala y le pagué a un coyote que me cobraba por llevarme desde Guatemala, de Ciudad de Guatemala, hasta la frontera norte con Estados Unidos, pero pasaba por varios tránsitos. Entonces estuve como 3 días en la frontera sur de México, norte de Guatemala, en un lugar que se llamaba Tapachula. En una casa, en una casa que era de latón, de latón como de lata, y el techo era de lata. Y ahí estuve 3 días esperando que, solo esperando un coyote, en la casa de un coyote, y había otro coyote. Pero lo que pasa que nos iban a llevar en un camión y tenía que llegar el camión a la frontera y en un compartimento. Bueno, a mí no me vendieron el viaje así, yo pagué. O sea, a mí me vendieron el viaje VIP sin que esté en ninguna relación. Me vendieron el viaje 5 estrellas y yo pagué por un viaje 5 estrellas. Pero ya desde que llegué a esa casa de latón, ya me di cuenta que ni va a ser fácil, eran estrellas de cartón, de verdad. Entonces ahí estuve y me río porque de verdad, para no llorar, de verdad, ese momento para mí fue difícil porque yo nunca en la vida había experimentado una sensación de calor y de ahogo y de asfixia tan grande como en ese momento ahí en el camión o en la casa, en la casa de lata, de lata, de lata, el sol. Y ahí no podía salir porque estabas escondido, correcto. Y era como, y lo que respirabas era como un aire de vapor caliente. Y ahí estuvimos 3 días. En la noche, en la madrugada, cuando más refrescaba, había como cerca de 35 a 38 en la noche. Por el día eran 42 a 45 grados centígrados.
45, muero.
El agua era caliente porque una cosa de que tú decías, ¿y esto qué es?
Te puede dar un heat stroke.
Pero en mi mente siempre estaba, lo voy a lograr. Y voy a llegar a Estados Unidos. Y no se me olvida nunca que a los 3 días supuestamente llegó el camión, nos cruzan, era un río que divide la frontera sur con la norte de la frontera sur de Guatemala con la, o sea, sur de México con la norte de Guatemala. Hay un río y hay un puente fronterizo. Entonces, si tú tienes visa para entrar, o los ciudadanos a México entran por ese puente, los inmigrantes entramos por abajo en una balsa, un flotador que cruzan ese río escondido. Y ahí nos cruzaron a todos los que estábamos para cruzar, nos montaron en unas motocicletas, era casi que de noche y era, aquello parecía un estado de guerra de sitio, las calles todas llenas de hoyos, de huecos, todo feo, un lugar muy feo. Esa parte de ahí, Tapachula, era muy fea. Y de ahí nos llevaron a la casa donde estaba el camión. Ahí nos montaron en el compartimento, ahí se suponía que yo iba en la cabina. Cuando yo me monto en la cabina, ¿y dónde voy? Y dice: no, no, ¿dónde voy?
No.
Abre un compartimento y era para que tú ubiques, o sea, la mitad de esta silla. Tú no cabías así, tenías que ir así de lado, así, y o sea, cuántas horas en posición fetal. Ahí se suponía que había durado 24 horas, duro, pero era una posición muy incómoda. Eso fue como onda a las 10 de la noche.
Wow.
Y empezó la travesía. Como a las 2 horas para el camión y nos paran para de dejarnos saber que había un retén, un retén, pero que tenía rayos X. Yo no sabía que habían puesto, habían zonas en México, la carretera, que tenían retenes, y era el gobierno y el ejército habían puesto retenes, pero los retenes tenían escaneo de rayos X para el narcotráfico y todo ese tema. Entonces lo que hacían los coyotes, tenían unas rutas, antes del retén paraban, te bordeaban el retén en un auto o caminando, corriendo, y el camión te esperaba del otro lado, y ahí siguen en el mismo compartimento. Pero lo que pasó fue que cuando me bajan del primer retén, nos montan en un taxi que iba a bordear ese retén y nos iba a parar del otro lado. Cuando vamos en ese taxi, lo que pasa, éramos 3 personas, pero uno no hablaba español, era un hindú y hablaba inglés. Y todo ese lapso hasta Ciudad de México fue una odisea, un calvario, precisamente porque al este hindú no hablar español, o sea, en el taxi, como ocurrió montaron otro retén provisional donde nunca había un retén. Y cuando el taxi llega, el taxista ve que estaban montando el retén y para, apaga las luces y nos dice, si no, si hablamos, como él hablaba, no hablaba español, podía darse cuenta que éramos inmigrantes. Entonces nos baja y nos dice, miren, era como una calle como bordeado así en una U, bájense por acá, atraviesen, y del otro lado los voy a estar esperando. Y resultó ser que cuando nos bajamos y atravesamos, era como una bajada así que subía Era puro, o sea, una sabana, una vaquería gigante con un maizal. Era en el medio de la noche, no se veía nada. Y cuando yo salto para, había como un río que había que atravesar cortico, caigo en un lodazal que era de esos de vaca hasta aquí, de caca de vaca y de lodo de inmundicia hasta aquí.
Ay, no, qué estrés.
Y empiezo a salir desde ahí y logro subir y me restriego en toda la hierba. Para limpiarme todo aquello. Y entonces empiezo a caminar entre las vacas y moviendo vacas, el maíz, hasta llegar al otro lugar. Cuando llegamos al otro lugar, el taxi no estaba. Habían unas motocicletas que habían sido, o sea, yo no me iba a montar. Ya yo estaba en ese momento que ya, o sea, la desesperación era tanto porque yo decía, ¿y si me dejan aquí tirado? ¿Qué hago yo aquí?
Pareciera una película esto, te lo juro. Wow, wow, wow.
Y directamente, si, o sea, si yo me entregaba a las autoridades, me deportaban para Cuba. Y si me deportaban para Cuba, era empezar desde cero de nuevo.
Sí, sí.
Entonces era esa parte en la que tenía que atravesar. No, en ningún momento podían tomarme en todo ese trayecto. Y fue como que cuando llega uno, vamos, vamos, vamos, y el taxista dice, no, nosotros, nosotros, el camión lo está esperando. O sea, me dio sentido, dije, ¿quién será? O sea, yo no, era un taxi primero y después una motocicleta. Nos montamos en la motocicleta que supuestamente nos iban a llevar para donde estaba el camión, y cuando vamos de camino para donde estaba el camión, vienen como dos patrullas y encienden las luces y le dicen a los de la motocicleta, vamos a bajar la velocidad, y encienden las luces, deténganse, deténganse, y la motocicleta hace como que va a parar y le dice al otro, vamos, vamos, vamos, y se lanza la motocicleta. Entonces las patrullas viran, encienden las luces, eran como armados en unas camionetas que iban atrás, todos camuflajeados de la policía supuestamente, y con armas largas.
No salías de una, Joel, es que no lo puedo creer, es una película ahorita.
Y en automático empiezan a caerle atrás, nos empiezan a caer atrás, Y yo vi una curva así y de repente es como este muro negro así que tú ves al final que se acaba la calle y no había más nada. Y era como una L que tenía que doblar en L. Y yo veo que uno saca un radio y le dice: abre, abre, abre, abre. Y las patrullas venían doblando por atrás. Entonces lo que abre era la calle moría contra una casa que era un muro así como grande de con matas. Y abren de repente una puerta y las 3 motos entran por esa puerta y después abre otra puerta. Entran por adentro en la casa. Esto sí, como Periculo en Cámara Lenta. Yo me recuerdo haber pasado, una señora sentada viendo la televisión, la moto pasó entre el sofá y la televisión por adentro de la casa. Las 3 motos pasó la cocina, pasó una habitación, y atrás, o sea, la moto que yo venía medio tiempo bajándose, la de en medio se estrella contra una cochiguera, un lugar de cerdos. Y ahí nos dejaron como una hora hasta que se desaparecieron los policías en ese lugar de cerdos, ahí con los cerdos. Cuando Pasa todo ese momento, como a la hora nos vuelven a llevar y nos llevan directo hasta el camión. Pero cuando llego al camión era lleno de estiércol y lleno de lodo apestoso. Yo solamente en el camión había dejado una pequeña mochilita que tenía otra muda. El camionero no quería dejarme montar porque yo olía a excremento. Sí, yo olía totalmente excremento, todo mi cuerpo estaba lleno de excremento y no me quería dejar montarme en el camión. Entonces tuve que quitarme toda esa ropa, dejarla ahí, y lo que me quedó ya para el resto del viaje fue una camisa y un short. Y entonces así en el compartimento de nuevo respirando todo ese olor a estiércol durante todo el trayecto hasta el siguiente retén. En el siguiente retén vuelve a pasar lo mismo, nos vuelve a montar en otro taxi. Y ahí el taxi, cuando nos va bordeando igual, tenía que atravesar un riachuelo que era bajito, pero había llovido mucho y estaban altas las aguas. Entonces el taxi nos dijo lo mismo: bájense, yo no puedo pasar por acá. Y es como que Dios estaba poniendo su mano porque pude bañarme en ese riachuelo, quitarme todo el estiércol. Y el taxi regresó, nos buscó del otro lado y nos volvió a llevar el camión. El tercer y último retén antes de llegar a Ciudad de México, un retén que había que atravesar por una línea de ferrocarril. El camión nos dejó, estará caminando, y nos esperaba del otro lado de allá. Pero era del ejército y yo nunca había visto, o sea, yo no entendía lo que yo estaba viviendo. Ejército, arma, había como una, algo parecido a un tanque, una cosa que, y había que atravesar por el lugar donde directamente Si no atravesabas por ahí, no tenías cómo llegar al camión, era una línea de tren. Y entonces fue esa parte en la que ya yo dije, ya no, ya no más, o sea, aquí me quedo. Y el que me hacían señal allá, como que te vas a rendir ahí, no, porque era pasar por detrás de, me iban a ver, si pasaba me veía el ejército, y ellos lo que menos iba a pensar que era un inmigrante, tenían más lágrimas, y si disparan aquí, definitivamente que fue una odisea.
Y me imagino que de ahí te pasaron otras tantas, pero cuéntanos el momento emocionante que llegas a Estados Unidos.
Amiga, fue difícil porque justo ya en la frontera norte, después de haber pasado todo, ahí quedó. Pasé por un desierto donde directamente tuve que correr y me dañé todos los pies. Llené, ya cuando llegué a la frontera norte, yo tenía todos los pies todos destrozados porque ya la ropa que tenía solo eran unas sandalitas y un short. Y llegué con todos los pies todos destrozados, sangrando. Y no se me olvida nunca porque eran cosas que yo no entendía. Yo nunca había pasado por ese momento. Entonces, en el puente fronterizo entre Laredo y Nuevo Laredo había una línea muy grande de personas cruzando. Hoy entiendo que eran personas que cruzaban a trabajar a Estados Unidos, y del lado mexicano había como un retén muy grande del ejército. Entonces yo no entendía en ese momento que ese retén era solamente para velar por la seguridad y nada más. Entonces yo me escabullí entre todos los mexicanos y pasé ese asustado, y cuando logré pasar el retén me mandó a correr hacia la parte de Estados Unidos en el puente. Y yo veo que las personas piensan que yo estaba corriendo porque me estaba esquipeando la línea, porque había que hacer una línea. Y ellos empezaron a gritar: "La línea, la cola, la línea". Y cada vez se hizo más y más, y aquello fue un bullicio tan grande que, o sea, llamó la atención de todas las autoridades de Estados Unidos. Y me ven corriendo, y cuando yo vengo corriendo, entonces en automático salen ellos a interceptarme. Y ya yo entro a la parte de territorio de Estados Unidos y digo palabras mágicas, o sea, no se me va a olvidar nunca porque fue como que Ahí sentí que me sudé frío, me desplomé completo, y fue: yo soy cubano, mi nombre es Joel Sardinha y vengo a pedir asilo político. Y fue como que wow, finally, wow, palabras que directamente me hicieron sentirme libre. En automático me atendieron y me trataron súper bien. Y bueno, ahí supe lo que era.
¿Qué edad tenías ahí ya?
Yo tenía ahí 26 para 27 años.
Empezaste a luchar por eso a los 12.
Exactamente, 14 años.
Exactamente.
Joel, ¿y en qué momento te metés vos para avanzar en tu historia en las inversiones, en finanzas? O sea, suena como tanta la diferencia entre esta historia, este Joel y quién soy yo hoy en día.
Todo eso que tiene una vida de abundancia en Estados Unidos.
Yo llegué a Estados Unidos con el mismo, cuando tú llegas a Estados Unidos lo primero que te dicen es aquí, aquí hay que trabajar, hay que pagar bills. Y ese es el guion social que también aquí, o sea, yo soy consciente que los guiones sociales están en todos lados. O sea, llegamos y hay una diferencia muy grande entre que tú te compres ese guion que te están dejando saber a que tú elijas escribir tu propio guión. Entonces, ya yo venía de tener un negocio en Ecuador, yo había vendido el negocio en Ecuador, yo sabía lo que significaba trabajo duro y un negocio, por lo que me tomé un tiempo sabático aquí en lo que me preparaba para poner un negocio con la venta del negocio en Ecuador, porque tenía recursos para poner negocio acá, y puse mi primer negocio, que fue un negocio de transporte de autos. Y para hacerte el cuento corto, yo hoy soy consciente de que en mi mente en ese entonces yo tenía la visión de que para lograr el éxito, o que la única manera que había de lograr el éxito, era trabajando duro. Me enseñaron que para lograr éxito había que trabajar muy duro, y a mí trabajar muy duro en ese negocio me llevó a la cama de un hospital al borde de la muerte por un exceso de estrés y de trabajo que me provocó un aneurisma cerebral. Y todas las personas que yo conocía que trabajaban muy duro también como yo tampoco tenían éxito.
Oye, oye, cuando a uno se le revienta un aneurisma, es uno en un millón el que sobrevive, por ahí.
A mí el neurólogo, el neurólogo que me atendió me dijo: no todo el mundo despierta como tú, por lo que la vida, entiendo que te está dando la segunda oportunidad.
Tú has nacido como 10 veces, Joel, por lo menos.
Yo soy un gato.
Has superado demasiadas cosas, pero ahora vos trabajás inteligente, no trabajás duro.
Pero te comparto rápidamente, rápidamente. Yo conocí, gracias a este negocio, una persona que lo llamo mentor de vida, al señor John. Y ese señor era un señor, yo no conocía su historia. De hecho, como nosotros latinos vamos por la vida juzgando a las personas, hablando mal de las personas, yo fui esa persona que a ese mentor de vida lo jugué sin conocer su historia hasta que entendí que el señor había nacido en un contexto y un entorno más hostil y más difícil que el mío, y había llegado a este país siendo un niño sin nada. Y llegando sin nada, él y su papá lograron convertirse en una de las personas más ricas de New York, y tenía la empresa de real estate directamente, top real estate en Manhattan. Pero solamente era el 20% de sus ingresos, todo el 80% venía de los bienes raíces, de donde las inversiones en mercado de valores. El 20% de bienes raíces y el 80% de las inversiones en mercado de valores. Y para mí, conocer a ese señor, yo le retiré los autos, 7 autos en una mega mansión en los Hamptons en Nueva York. Y cuando yo llegué ahí, tú no hablabas inglés, yo no hablaba inglés, y a mí no se me olvida nunca que de hecho yo no lo conocía en ese momento, yo no lo conocía en ese momento, fue su asistente. La probabilidad, el asistente me hizo ver después de hablar con él mucho rato de que me habían contratado porque no había nadie más. No sabes cómo se sintió eso, cómo se sintió eso, pero me hizo también decir voy a darle esa milla extra para que me vuelvan a contratar.
Eso fue muy importante, yo he oído esa historia y te quiero hacer una pregunta, porque mucha gente hace la ley del mínimo esfuerzo. Y tú le dijiste: yo te pongo estos carros en Florida en 24 horas. Y en eso está mintiendo.
No me creyeron porque normalmente el servicio que le daban era tan solamente, o sea, en de 4 a 7 días le entregaban los autos. Y yo por ese esquema de mientras más trabajo más gano, no parábamos. Entonces cuando le digo eso no me creyó y nunca le dijo a su jefe, al señor John, que yo le iba a entregar los autos en 24 horas. Por lo que cuando yo empiezo a llamar al señor no me contesta y lo vuelvo a llamar, no me contesta. No me estaban esperando.
Literal, no te creyeron, literal.
No me creyeron, no me creyeron.
Pero hiciste algo más. Cuenta, ¿qué más?
Pero los impresionaste.
Lo que hice de más fue que llegué con los autos. Normalmente, cuando tú recoges los autos en el snow, temporada de nieve, con una gran nevada, llegan mugrientos a la Florida. Y yo nunca había hecho eso que hice, pero para mí eso es dar la milla extra. Siempre dar, aunque no lo esperen, más de lo que puedas.
Hice la milla extra.
Di la milla extra. Paré el camión, bajé todos los autos, los pasé por un car wash, los lavé, llegué a la casa, a esa mega mansión en Palm Beach, con los autos limpios. Eso, eso, eso Hacemos la diferencia para que llame la atención del señor John. Y eso hizo que yo me ganara el permiso de que el señor me quisiera volver a contratar y que pudiera conocerlo y que pudiera hacerle preguntas que me ayudaron a cambiar mi vida. Gracias a ese señor supe lograr las inversiones de Mercado de Valores. Gracias a ese señor.
Ese fue tu primer mentor.
Mi primer mentor.
Y me acordaste algo que dice una canción de Pitbull, tu compatriota, dice: pide plata y te van a dar un consejo, pide un consejo y vas a agarrar el doble de dinero. Tú le pudiste haber dicho: ay, señor John, deme más plata, deme más trabajo. Pero tú no, tú le pediste un consejo. Consejo, ¿verdad?
Y directamente fue preguntarle a qué se dedicaba y que él me dijera que el 20% de sus ingresos venía de los bienes raíces, pero el 80% de las inversiones en mercado de valores, y que esa era su pasión. Y aquello, o sea, pero lo curioso de esto fue, y esto también es un techo mental, un techo mental que aprovecho porque de eso va este podcast, Yo Puedo, Tú Puedes. Cuando yo por primera vez me enfrenté a la definición de qué era la bolsa de valores, cualquier persona que esté viendo este podcast ahora mismo va a Google y pone qué es la bolsa de valores. Y lee la definición, lo primero que va a pasar es: esto no es para mí, no entiendo nada. Y lo ves como algo imposible, como algo de otro planeta. Y para mí eso fue lo que pasó. En automático nuestra mente no está acostumbrada a que la pongamos en coma. El mito y el tabú. Esto es para multimillonarios, banqueros, economistas, y ya se fue la historia que me compré. Entonces lo dejé ahí en el olvido porque ni lo entendí. Y para mí fue como juzgar al señor. Claro, ahora lo entiendo todo, este señor es multimillonario, Nació en cuna de oro, heredó una fortuna y debe ser economista, debe ser banquero. Y ahí lo dejé. Esto no es para mí, yo no tengo ni tiempo ni dinero y esto no es para mí. Y 2 meses después, cuando me vuelve a contratar por el súper servicio que le di, tuve la oportunidad de volver a interactuar con el señor y fue cuando conocí su historia, que había nacido, sus padres eran sobrevivientes del Holocausto de Hitler. El señor había nacido en ese contexto, había llegado. Para que veas que muchas veces vamos por la vida jugando a la protagonista.
Además que la historia de uno es natural.
Asumiste que él había nacido en cuna de oro y nada que ver.
Entonces Eso marcó un antes y un después, porque fue como, si él pudo, yo también puedo. Porque muchas veces no conocemos la historia de las personas, juzgamos a las personas y nosotros mismos creamos un techo mental en nuestra mente. Ah, claro, él le tocó muy fácil, a mí me está tocando difícil, pero ese señor le había tocado más difícil que a mí, había nacido en un contexto más hostil que a mí. Y muchas veces, por eso creo que este podcast es mágico, porque es mostrar que tú también puedes. O sea, que viniendo de donde se venga, tú también puedes. Y para mí ese señor fue quien me mostró lo que era el camino a mercado de valores No se me olvida nunca sus palabras cuando me dijo, yo le dije, la definición me intimidó, yo no pude directamente, eso no podría estar más alejado de la realidad, esa definición no es para nada difícil, de hecho es demasiado fácil, y hoy en mis conferencias lo comparto así de esa manera, o sea, el mercado es como un Walmart, un supermercado, así, así, es que es lo que es, ahí ocurre exactamente lo mismo que en un Walmart, una gran cantidad y variedad de productos, muchos te benefician, otros no, saber cuál elegir es lo que te hace bien.
Y que cualquier persona puede entrar a un Walmart.
Cualquier persona puede entrar a un Walmart.
Hablando de techos mentales, ¿qué consejo le darías vos a los latinos del mundo que quieren empezar a invertir en la bolsa?
En la bolsa y en cualquier aspecto de tu vida. El primer consejo que te voy a dar, que me encantaría poderte dar, es el mismo que apliqué en mi vida. Dejé de seguir el guión social, dejé de ser el protagonista del guión de la película de alguien más y elegí convertirme yo en esa persona que escribiese ese guión. Elige convertirte en esa persona que escribe el guión, elige convertirte en el protagonista, en el guionista, en el escritor, en el productor y en el director. De tu película. Porque cuando yo lo hice, todo cambió para mí. Yo dejé de seguir guion social, me desmarqué del rebaño, dejé, o sea, empecé a preguntarme qué hacen las personas de éxito. Para mí, el señor John fue esa referencia. Pero de ahí para allá empecé y seguí buscando mentores, mentores que tuvieran los resultados. O sea, esa parte en la que no hay nada que inventar, sino alguien ya lo logró, tú también puedes hacerlo.
El segundo, buscar mentores.
Exactamente. O sea, mira, Por cultura, a nosotros los latinos nos enseñan: estudia, una vez que te gradúes de lo que te gradúes, empiezas a trabajar y no hay más nada que aprender. Y todos hacemos lo mismo. Y yo fui esa persona que cuando empecé, dejé de estudiar y empecé a trabajar, me estancué, porque ya dejas de aprender. Hoy soy consciente que te estancas y dejas de crecer en el momento que paras de aprender.
Sí, yo siempre digo: derrama tu bolsillo en tu mente y tu mente llenará tus bolsillos.
Vacía tu bolsillo en tu mente y tu mente llenará tu bolsillo.
Dijiste algo poderoso, Joel. Mentores que tienen lo que tú quieres, porque cualquiera puede ser mentor también, que tenga los resultados. Exacto, y viene y te dice yo te voy a enseñar.
Y de eso me encontré mucho en el camino también, me encontré mucho en el camino. Y al final del día, o sea, es una historia que es para varios podcast, vale, pero al final del día entré en el mundo de las inversiones, empecé a pasar por nuevas academias de inversiones, 8 en inglés, una en español, quebré 4 veces gracias a las inversiones. Gracias a mucha información de la cual aprendí, que hoy te puedo decir que era información basura y de relleno, que lo único que hizo fue traerme— pero hoy doy gracias por eso. Aprendí, es que he aprendido tantas cosas. Entre todo lo malo que te pasa en la vida es para bien, aunque todos estén en tu contra.
Y sabes que eso lo dice toda la gente de alto desempeño, toda la gente exitosa que yo conozco, como tú, agradecen los fracasos. El fracaso no existe, a veces se gana y a veces se aprende.
Yo antes lo veía como una pérdida, lo veo como aprendizaje, y agradezco porque Gracias a que pasé por todo eso y quebré 4 veces, aprendí todo lo que no debía hacer nunca más.
Soy la persona que soy hoy.
Y si no hubiese quebrado 4 veces en las inversiones, hoy no tuviera los resultados que tengo, hoy no fuera sosteniblemente rentable, hoy no tuviera una comunidad de más de 4500 alumnos teniendo resultados extraordinarios. Precisamente por eso, porque aprendí todo lo que no se debía hacer y aprendí a cortar el camino. Entendí cuáles eran los productos que solamente tenía que ir a Walmart a buscar y qué era lo que no tenía que mirar de Walmart y en qué tenía que poner mi energía y mi enfoque. Sí, y eso me ha puesto en una posición que ni en mis sueños más grandes yo hubiese imaginado lograr los resultados que he logrado hoy en mi vida, gracias a haber tenido esa persona que me demostró que también había podido. O sea, y él, él creo que es la historia de resiliencia que este podcast puede dejar. O sea, y lo digo con todo el amor del mundo, si yo viniendo de 7 pisos más abajo, de estar abajo, pude llegar a estar abajo, y de abajo pude empezar a hacer, y solamente cuestionando. Hay dos preguntas que a mí me cambiaron la vida, y fue en la cama de ese hospital donde empecé a cuestionármela. Uno, porque cuando yo me di cuenta que la vida me había dado una segunda oportunidad, empecé a cuestionar y a preguntarme si me había funcionado el sostenerme en esa identidad que yo había creado como persona, en la que la única forma que había de ganarse la vida era trabajando duro, en la que directamente la única forma que había de llegar al éxito era trabajando duro, cuando tenía la evidencia social de muchas personas que habían hecho lo mismo y no tenían éxito. Y que no lo habían logrado tampoco. Entonces hay algo que es muy fácil de medir y son los resultados.
Sí.
Y cuando tú empiezas a ver que no tienes ese resultado que esperabas tener para un punto de tu vida, tienes que preguntarte si te funciona seguirte sosteniendo sobre esos pilares de identidad que te llevaron al punto donde estás.
Hay que desaprender cosas también para ser exitoso.
Yo lo digo, aprender a vaciar el vaso. Nuestro vaso está tan lleno de tanta información, tan basura, que lo único que hace es darnos parálisis por sobreinformación y crear esos techos mentales. Para mí romper techos mentales es también aprender en modo humilde, aprender a entender que nunca sé lo suficientemente bueno en algo como para dejar de aprender, aprender de los mentores. Para mí tu mamá es una gran mentor de vida y la admiro mucho por eso, amiga, porque he aprendido mucho de ti. Pero entender esto, ir por la vida creyéndose uno que se la sabe todo, yo era esa persona, muchas veces fui por la vida, mi ego en el entorno y en el contexto también te convierte en un egocentrista, en un autosuficiente. Porque es una batalla en la que yo quiero ser mejor que tú y no te das cuenta que eso no te lleva a ningún lugar hasta que aprendes que directamente ir en modo humilde, ir en modo aprendizaje, no creerte que te la sabes toda y simplemente estar dispuesto siempre a sumar, aportar, a dar, aportar valor, puede cambiarlo todo porque empiezas a vibrar desde una energía muy diferente, empiezas a convertirte en una persona muy diferente con una identidad en construcción muy diferente. Entonces hoy soy consciente que no importa de dónde vengas, tú no defines, porque hoy lo tengo claro, en el lugar. Tú no eliges el lugar donde tú naces, pero sí es tu responsabilidad social hacer de tu vida lo que tú decidas con ella.
Me encanta.
Vamos por la vida culpando a los demás, vamos por la vida culpando a los demás directamente. Es que yo nací aquí, es que yo vengo de acá, es que no, señor.
Es que es esquizofrenia, le digo yo.
Es que esto es que no, no, no, porque mi mamá Ese es el detalle. Y en esa culpa que es y crítica nos quedamos la vida entera. Yo no hubiese elegido nunca nacer en Cuba, fue el lugar que me tocó nacer, pero esa no fue mi elección. Pero sí fue mi elección hacer todo lo que tenía que hacer para salir de ahí, y sí fue mi elección convertirme en la persona que hoy soy, porque hoy soy consciente que mis elecciones y tus elecciones son las que te van a tener en el lugar donde estás. Nadie te obliga a elegir, tú eliges. Tú eliges en todo momento si ves una serie de Netflix o las noticias, que es un basurero lo que te meten en tu mente, O lees un libro, elección es tuya, pero el resultado va a ser totalmente opuesto.
Exacto.
Cada que le dices sí a algo, le estás diciendo no a otra cosa. Si yo le digo sí al noticiero, le puedo estar diciendo no a tiempo con mi familia, a mi salud, a un libro. Varias cosas rescato muy poderosas de tu historia. La paciencia. La gente, estamos en una sociedad de microondas. Entonces yo quiero empezar hoy, ya hoy, ¿verdad? De pronto la gente te ve a ti con tus megayates, con tu estilo de vida, la gente no sabe de dónde vienes, la gente no sabe que te revolcaste en estiércol literalmente para estar aquí. Verdad. Entonces vemos eso y lo quiero ya, yo quiero lo que Joel quiere ya. Una vez le oí decir a John Maxwell, mucha gente me dice que quiere hacer lo que yo hago, pero yo le digo, pero para hacer lo que yo hago tienes que estar dispuesto a hacer lo que yo hice. Entonces la paciencia, el no parar de educarse, verdad, Joel, muy importante. Todos los días hay que aprender. La gente se gradúa de una universidad, de un curso, y cree que terminó. No, apenas está empezando, verdad. Y tener una misión. Tú tienes una misión, verdad, que te mueve, educar a otros para que puedan tener libertad financiera.
Me apasiona. De hecho, en mi academia, en Invested Academy, son muchísimos, o sea, son terabytes de testimonios, de historias de personas transformadas. Hoy te lo digo, soy un apasionado de la transformación, desde mi transformación, y de entender por qué también. Y eso se lo debo a la herencia cultural. Yo aprendí: si tienes algo bueno, no lo compartas con nadie. Eso es lo que nos enseñan en el entorno, eso es lo que escuché a muchos amigos míos ser así, y los vi ser así. Y ese sentimiento de, y sobre todo, exactamente. Y yo era esa persona, o sea, yo hoy soy consciente de que mi transformación viene desde que aprendí a compartirlo, desde que yo me abrí a dar. Y eso me lo enseñó mi mamá desde pequeño, a siempre el bien sin mirar a quién, tener un porqué, ahora una misión. O sea, hoy te puedo decir, soy un apasionado de la transformación, desde mi transformación. Y el poder ayudar a otras personas a transformarte me hace darme cuenta, y hoy para mí es algo que lo llevo intrínseco en mi ADN ya, y es que ninguna transformación está no se comparte. Sí, todo lo que yo me he podido transformar y todo lo que yo he podido lograr desde que empecé a compartirlo, puedo decir que mi transformación está completa porque son ya miles de vidas transformadas de una forma u otra. Este podcast lo van a ver miles de personas que han estado en mis conferencias y de una forma u otra estar ahí les marcó y les cambió la vida para siempre porque hubo algo, algo que pudieron rescatar que los hizo ver así como tu podcast, que si tú pudiste yo también puedo. Exacto, es esa parte de de que, y con esto me encantaría poder redondear esta invitación tan poderosa, sobre todo para todos los oyentes o televidentes, ya sea por YouTube, donde sea que escuchen este podcast tan maravilloso. Y es, recuérdalo siempre, o sea, no hay nada que pueda hacer tanto honor a la capacidad insaciable que tú tienes dentro de ti, a esa perfección que existe dentro de ti, desde el momento en punto que llegaste al mundo, para darte cuenta de que tienes todo lo que necesitas para lograrlo desde el momento en punto en que llegaste al mundo. Fuiste uno entre millones de peronotosoides y tú lo lograste. Ya por eso solamente ya tienes que decir: ya yo puedo. O sea, imagínate cuántos más venían y tú fuiste el que llegaste hasta ahí. De verdad, desde ahí entender. Entonces, no importando lo que hayas pasado, no importando lo que hayas tenido que vivir, no importando cuántas cosas te sucedieron en la vida, te puedo dar un consejo poderoso: cada una de esas cosas fue una prueba que la vida estaba poniendo para ver si estabas listo para el siguiente nivel.
Lo que no te mata te hace más fuerte.
Sí, yo entender y aprender esto fue como decir, ok, esto es porque viene algo mejor. Y cada vez que te pase algo malo, recuérdalo. Y hay personas que tienen una historia más dura que la tuya y ya lo lograron. Lo único, lo único que tienes que hacer es modelar qué hicieron esas personas. Y te aseguro que si hay un denominador de éxito que he encontrado en todas las personas, y hoy lo aplico en mi vida, es que las personas que tienen el éxito o que han logrado éxito, y las que no, primero, lo que hacen con su tiempo. Todos tenemos 24 horas al día, pero es lo que tú hagas con tu tiempo Directamente lo que vamos a hacer, la diferencia. Y segundo es que se la creen. Eso es un denominador común de todas las personas.
Parte de la manifestación, literal, creer en vos mismo.
Créetela, créetela por tu vida, por Dios, créetela, que no tienes nada que buscar afuera, todo está dentro de ti, porque lo mismo que hay adentro es lo que vas a recibir afuera. Y quieres tenerlo así ya cuando adentro no te has convertido en esa persona que tenga ese resultado afuera.
Muy bonito. Trabaja más duro en ti que en tu negocio. Bueno, mi gente, ahí lo tienen. Sí, Joel Sardiñas, que Lo estafaron en Cuba, le costó años salir. Ustedes lo oyeron, pudo, tú también puedes.
Yo pude, tú puedes.
Eso, gracias, gracias, Joel.
Soy hábil, completo y capaz. Soy saludable, soy abundante, soy imparable. ¡Cambiemos las preguntas y la vida cambia! La calidad de tu vida depende de la calidad de tus preguntas.
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