Cómo Transformar El Duelo En Una Misión De Vida Con Juliana Gutiérrez

Juliana Gutiérrez lost her son Jerónimo to a rare childhood cancer at age 5, then her daughter Alicia was diagnosed with a degenerative neurological disease. She turned her grief into action: writing a book whose profits fund meals and transportation for families with sick children in hospitals, and building a business that lets her be present for her daughter 24/7.
Chapters
En este nuevo episodio de Yo Pude, Tú Puedes, una de las historias que más nos ha conmovido a Sofía y a mí. De los últimos momentos de Jero, ¿qué pasó? ¿Cómo lo ayudaste?
A la edad de 2 años y 8 meses recibimos un diagnóstico y es que Jero tiene cáncer. Quien tiene un hijo enfermo es una familia enferma.
¿Cómo se porta un niño que tiene ese diagnóstico?
Con su hijo al borde de la muerte, Julie le hizo una promesa: Vete tranquilo Que pase lo que pase, te prometemos que el papá y la mamá vamos a ser felices. Y salimos de la casa Andrés y yo, y sabíamos que salíamos 3, pero que regresábamos 2. La muerte de un hijo es de los dolores más grandes que puede transitar el ser humano.
¿Cómo manejabas tu mentalidad para mantenerte positiva?
Y más adelante vendría un segundo desafío.
Alicia empieza a caminar, y cuando empieza a caminar se iba hacia los lados. No encontramos un diagnóstico para Alicia. Tiene un pronóstico de vida No muy largo, no sabemos cuánto.
Hoy Juliana y Andrés se desconectan del celular para conectar con su hija y disfrutar cada día. Su libro es un verdadero manual para la felicidad. Hijo mío, te prometo ser feliz. En este nuevo episodio de Yo Pude, Tú Puedes. Bueno, mi gente, saquen pañuelos, Kleenex, ¿verdad? Vamos a llorar, nos vamos a reír. Yo creo que van a salir de aquí a abrazar a la abuelita, a la hermana, a los hijos. Tengo una persona aquí que admiro muchísimo y ustedes la van a admirar más o igual. Ella es empresaria, esposa, mamá, escritora y sobre todo es un ser de luz. Juli, bienvenida, ¿cómo estás?
Bienvenida, Juli.
Bueno, muchísimas gracias, Sophie, Márgara, por esta invitación tan especial. Muchas gracias y agradecida de poder estar en este espacio y con ustedes.
Gracias, gracias, Juli. Bueno, yo supe de ti por una amiga mutua, ¿verdad? Que es Marce. Marcela Baena. Ella es una amiga mía y llegó a Miami, me trajo un libro que decía Superhero, te prometo ser feliz. Y yo le dije, ay, Marce, yo no sé qué es este libro, pero me parece hermoso el título. Cuéntanos quién es Hero.
Ay, para resumirte un poco quién es Hero, Hero es un maestro que vino a nuestras vidas, a la vida de Andrés y mía, que es mi esposo. Nuestro primer hijo, Jero, llega 2 años después de estar casados a nuestras vidas, y créanme que fue la persona que ha llegado a inspirarnos como nunca, que nos ha hecho crecer más que nadie en este mundo. Como te cuento, Jero, pues fue nuestro primer hijo después de 2 años de estar casados, llega a nuestras vidas, primer hijo, primer nieto, primer sobrino, toda la familia, primer de todo. Nos podíamos morir de la emoción con la llegada de este niño. Y estábamos muy ilusionados obviamente por esa llegada de Jairo.
¿Y cómo era él?
Ay, una hermosura. Sabes que yo pienso que Jairo era un alma vieja, porque de verdad tenía además un percentil altísimo y nunca creyeron que tenía la edad que tenías súper alto. Ah, percentil significa, sí, de la altura. Y siempre nos decían, pero, ¿cómo así? ¿Cuántos años tiene? Y además, ¿cómo se expresaba? ¿Cómo hablaba?
Hay niños así que lo dices, como un alma vieja metido en un cuerpo. ¿En qué momento empieza Jairo a enfermarse, Juli?
Bueno, imagínate que la vida transcurría normal. Nosotros pues con ese deseo de ser padres, y Andrés y yo éramos independientes. Ambos trabajábamos los dos en lo mismo, teníamos un almacén de accesorios que se llamaba Juliana Gutiérrez Accessories. Yo creo que mucha gente de pronto que pueda estar oyendo este podcast en Medellín reconocerá la marca. Nuestra vida transcurría completamente normal, como las parejas normales que van, trabajan, regresan a su casa, tienen a su hijo. Y un día empezamos a notar que algo con Jero no iba bien. A la de 2 años y 8 meses recibimos un diagnóstico y es que Jero tiene Cáncer, cáncer de próstata.
Pero, ¿qué notaste? ¿Qué te llevó como a buscar?
Lo primero que empezamos a notar fue que tenía infección urinaria, pero eso realmente no fue la alerta mayor, porque cuando ya el día que entramos a la clínica fue porque se queda Jero amaneciendo en la casa de mis padres, y Andrés y yo habíamos salido a comer, y cuando recibo una llamada de mi mamá diciéndome: gorda, Jero está con mucho dolor abdominal, vámonos por favor para a la clínica, nos encontramos allá a ver qué es lo que Jairo tiene. Y cuando llegamos a la clínica empiezan a hacerle un montón de estudios y nos preguntaron que si Jairo había tenido en días anteriores infección urinaria. Le contamos que sí, pero que habíamos hablado con el urólogo que nos había dicho que necesitaba una circuncisión y que estamos esperando más o menos un mesecito para operarlo. Y nos dijo: no, esta no es la causa de sus infecciones urinarias, Jerónimo aparentemente tiene un tumor, vamos a seguir haciendo más estudios para mirar qué tiene. Y desafortunadamente el diagnóstico que recibimos después de 2 días de estar hospitalizados es que Jerónimo tiene un cáncer de próstata, y que por donde además está la ubicación de este tumor es muy mal pronóstico porque estaba cerca su médula, cerca la columna y cerca muchos órganos vitales. Créanme que cuando uno recibe estas noticias, para Andrés y para mí, que no habíamos tenido en nuestra vida la palabra cáncer tan cercana, lo más cercano que habíamos percibido la palabra cáncer era la abuela materna de mi esposo que había fallecido por un cáncer de mama. Pero en personas adultas uno lo ve de pronto más normal. Cuando te dicen cáncer de un niño, y más bien, y de próstata en un niño también, 2 años, 3, 4. No, no, tenía 2 años y 8 meses. Uno no, es que mi esposo incluso decía próstata, pero qué próstata va a tener este niño si tiene 2 años y 8 meses. Increíble. Y es como si estuviéramos corriendo una carrera y nos pongan un muro de cemento al frente. Nos damos un golpe muy duro contra este muro y nos levantamos completamente aturdidos a empezar a entender cómo íbamos a afrontar esto que hoy estábamos viviendo. Por supuesto que no teníamos ni idea. Nos enfrentamos a un mundo completamente oscuro, un mundo desconocido, que no teníamos ni idea ni las herramientas ni nada para llegar a afrontar esos momentos. No, y es que yo creo, Julie, que uno nunca está preparado para eso. No estás preparado, Margana. Nunca nos preparan en la vida para situaciones duras, para situaciones difíciles, ¿cierto? Y mucho menos con los hijos. Yo creo que quienes somos padres, ese es el miedo más grande que tenemos en la vida, que algo le pueda llegar a pasar a nuestros hijos. Y a nosotros se nos materializó, se nos materializó ese miedo tan grande. Y además, viendo la condición que Jero tenía en ese momento, lo veíamos muy mal. Y de verdad yo pensaba que Jero en una hora ya no iba a estar vivo. Yo no me imaginaba ni siquiera que seguía un tratamiento, sino que me decían la palabra cáncer y yo dije: "Ya, en una hora se va a morir". No, muy duro ese diagnóstico, pero también fue el momento donde dijimos: "Llenémonos de valentía para poder acompañar a este hijo hoy en este proceso que tenemos". Sin saber cómo, pero de alguna manera lo íbamos a hacer. Y aquí, como pareja, vivimos un proceso muy bonito porque Andrés y yo fuimos educados de una manera muy distinta. Ambos tenemos maneras de afrontamiento súper diferentes. Andrés en ese momento entra en shock con el diagnóstico. Yo nunca había visto lo que era una persona en shock. Uno siempre le dice: "Nahim, quedó en shock", y no entiende qué es esto. Andrés literal deja de hablar 2 días. No entendía. No procesaba lo que estaba pasando. Yo le hablaba, no me respondía, era como ausente de la situación. Y cuando la oncóloga llega a hablar con nosotros y nos dice: vayan a la casa, traigan ropa al hospital porque aquí vamos a pasar por lo menos un mes mientras empieza Jerónimo su tratamiento, pasa unas cirugías, todo. Yo me acuerdo que nos montamos al carro Y de la nada, yo le había pedido mucho a Dios que por favor nos ayudara en este proceso y que estuviéramos bien, bien, bien unidos como pareja, como familia, para ayudar pues a nuestro hijo a transitar este momento que estábamos viviendo. Y me acuerdo que nos montamos al carro, Andrés como un ente, y fuimos andando por la Avenida del Río, por la autopista, diciembre, era diciembre, y empezamos a ver los alumbrados y soñándonos estar ahí con nuestro hijo.
Alumbrados son unas luces que ponen, así les alumbrados navideños, son súper lindos, son súper lindos, son hermosos.
Entonces fuimos pasando por los alumbrados y todo nos recordaba a querer estar ahí en ese momento viviéndolo con Jero. Y Andrés, nunca lo voy a olvidar, ni el sitio, ni el momento, ni la hora. Andrés se voltea y me dice: gorda, si estamos viviendo esto es por algo, lo vamos a vivir de la mejor manera en pareja. Antes nos habían dicho con su diagnóstico, las palabras del equipo médico fue: "Ustedes se ganaron la lotería, porque eso es un caso en miles, ¿cierto?" Sí, pues que un niño con cáncer de próstata, yo nunca lo había oído.
O sea, te dijeron que te ganaste la lotería de una manera negativa.
Sí, claro.
Exacto, lo dicen de una manera negativa. Y en ese momento, hablando con Andrés, se voltea y me dice: "¿Y si nos ganamos la lotería? Lo vamos a aprovechar". Como si nos hubiéramos ganado una lotería. Y de verdad, esas palabras, yo decía, me cambiaron a mi marido. Yo no entiendo de dónde están saliendo esas palabras tan bonitas. Qué rico poder entender que vamos a transitar esto juntos. Y me decía, vas a ver todo lo lindo que va a llegar a nuestras vidas, la gente que vamos a conocer, cómo nos vamos a gozar también a pesar de todo lo malo que hay alrededor, o todas las cosas dolorosas que nos puede estar costando. Vamos a entender todo lo bueno también que nos va a llegar. Y desde ese momento tomamos la decisión de verdad, de sin saber cambiar la situación y lograr entender que sí, por muy difíciles que estábamos viviendo esos momentos, teníamos la capacidad de transformarlo en cosas positivas y verle todo lo bueno que pasaba también alrededor.
Y que empezaron a ver bueno, Julio.
Bueno, entonces en ese momento, para contarles aquí un poquito, yo administradora de empresas, pero fui médica frustrada, médica frustrada toda la vida. Quise haber estudiado medicina y no sé por qué no lo hice. Terminé estudiando administración de empresas, pero mira, fue una de las cosas que me gustó incluso, o sea, estar en un ambiente hospitalario con médicos, aprender los términos, estudiar sobre ese tipo de tumor. Yo llegaba muchas veces a urgencias con Jerónimo y yo me sentía pues como súper normal, los términos para mí se facilitaban, y yo decía, viene con neutropenia febril, y se voltean y me decían: ay, usted es médica. Y yo: no, nada, nada, solo soy la mamá del niño. Y entonces yo decía: mira también cómo se facilitan esas cosas en la vida. Para mí era más natural entender lo que me hablaban porque quizás de alguna manera me gustaba aprender, aprender de eso. Y me volví medio experta pues también en por lo que estábamos pasando. La gente, Márgara, llega gente tan linda a tu vida, gente que no te imaginas, gente que ni siquiera te conoce. Los mensajes, la energía el equipo médico se volvió nuestra familia. También aprendes a valorar muchos momentos que antes pasaban desapercibidos, que yo creo que Jero, dentro de las cosas que más viene a enseñarnos en la vida, y más adelante lo hablamos, el porqué es a vivir el día a día, el hoy. Y yo creo de verdad que esa es una de las grandes enseñanzas que en el transitar de esta condición de Jerónimo aprendimos: el hoy, a vivir el presente, el Agradecer cosas tan simples: el despertarnos, el volver a estar juntos, poder estar los 3 unidos en ese momento. Porque empecé contándoles que Andrés y yo éramos independientes, que teníamos un almacén de accesorios, pero lamentablemente durante la enfermedad de Jerónimo no teníamos cabeza para concentrarnos en esto. Quien tiene un hijo enfermo es una familia enferma, no es un hijo enfermo. Estamos todos enfermos y concentrados en eso. Nadie tiene una cabeza para pensar en qué va a hacer, y menos cuando dependíamos además de temas creativos. Diseñar era muy difícil para nosotros, la creatividad se fue por completo. Entonces casi que nuestro negocio, casi no, nuestro negocio quebró y tuvimos una red de apoyo muy bonita de amigos, sobre todo la familia. Sobre todo la familia, y aprendimos a dejarnos cargar. Entonces también otro aprendizaje grande es el ego, dejar ese ego al lado. Sobre todo mi esposo, el proveedor del hogar. Cuando dice me tengo que dejar cargar, además de la familia de mi esposa que viene a ayudarnos en este momento en temas económicos, a pagar la casa, pagar el mercado, los servicios, los amigos también ayudando. Pero era un regalazo que nos estaban dando para nosotros poder estar 24/7 concentrados con nuestro hijo. Yo decía: no lo miremos de verdad desde este aspecto de que no están ayudando, crónicamente no están ayudando, es a poder compartir este tiempo con Jero, a poder disfrutar estos momentos con él.
Y yo quiero saber, Jero, ¿él estaba como con miedo? ¿Él no entendía qué estaba pasando? O sea, ¿cómo se porta un niño que tiene ese pronóstico? Bueno, o diagnóstico.
Pero muy inteligente, muy inteligente. ¿Cómo te parece que que cuando decirle la palabra cáncer era decirle tienes gripa, pues esto yo creo que la magnitud de su enfermedad no se la dimensionaba. Sin embargo, un día que estábamos en el hospital, aquí hace unos años, exactamente hace 12 años, ocurrió un desastre que fue el desastre de La Gabriela, que fue como un derrumbe, un derrumbe. El derrumbe se viene un talud sobre unas casas sepulta más de 100 personas. Desde el hospital donde estábamos logramos ver parte del desastre. Y me acuerdo que en ese momento Jairo me pregunta que si habían niños allí sepultados, y le dije que sí. Me pregunta: ¿Y se murieron? Sí, hijo, algunos murieron. Y en ese momento me preguntó: ¿Mamá, y yo me voy a morir?
Ay, mi niño.
Fue el primer momento.
Realizó como que los niños se mueren.
Los niños se mueren.
Sí, sí.
Y fue el primer momento para poder hablar de esto con Jero y también darnos cuenta que sí, que era una de las posibilidades altas que había. Y en ese momento nos sentamos con Jero y le dijimos: hijo, hubo niños que fallecieron y también los papás, y tú también te vas a morir. Pero también la mamá, pero también el papá, también los abuelos. Mi amor, es una realidad que hay en la vida. A todos nos va a llegar la hora en distintos momentos, pero todos vamos a pasar por esto. ¿Cuándo? No lo sabemos, mi cielo. Y por eso la importancia de disfrutar la vida en el aquí y en el ahora. Entonces, y cada vez Jero fue incorporando más el concepto de la muerte, y cada que teníamos oportunidad de hablar de la muerte lo hacíamos. No, no, no frecuentemente, nada, sino como un paso natural que tenemos en la vida, lo único cierto de hecho que tenemos en la vida. Y también fue algo que, por lo menos para mí, fue una experiencia muy bonita porque mis hermanos— yo soy la menor de 3 hermanos, fuimos una familia súper unida siempre. Mi papá y mi mamá ya no nos acompañan acá en este plano terrenal, pero toda la vida mis hermanos decían, cuando mi papá y mamá decían, el día que ya no estemos, y mis hermanos inmediatamente, ay, ya van a poner a llorar a Juliana. Porque a mí no me podían hablar de la muerte, y estaba, tenía más cerca la muerte de mi hijo a la muerte de mis padres en ese momento. Y yo decía, Dios mío, ¿cómo estoy transitando esto? Una enfermedad de mi hijo y no de alguien mayor de la familia, ¿cierto? Y para mí fue también un aprendizaje y cambiar ese chip frente a lo que pudiera ser el desprendimiento de un ser querido.
Pero, ¿cómo manejabas tu mentalidad para mantenerte positiva? O sea, hay personas que nos están escuchando que tienen familiares que pues tienen enfermedades graves, o sea, algún tip que les puedas dar.
Mira, Sophie, siempre pienso que nos enfocamos mucho en las situaciones que estamos viviendo propias, ¿cierto? Y poco miramos alrededor de lo que tenemos también a nuestro lado. Y para mí, ver muchas realidades que teníamos en el hospital me ayudó a entender que nosotros éramos unos bendecidos. ¿Por qué? Estando en el hospital veíamos familias que les tocaba llegar caminando porque no tenían para los pasajes para el tratamiento de sus hijos.
Pasajes de bus.
Del bus, los pasajes del bus para poder, para el taxi, y venían de más de, en carro de una hora, o sea que caminando se podían demorar 3, 3 horas y media con sus hijos enfermos de cáncer del oriente antioqueño. Bajaban caminando a ponerle el tratamiento a sus hijos porque simplemente no alcanzaron a vender las suficientes fresas. Cultivadores del Oriente no alcanzaron a vender las suficientes fresas para cubrir el transporte. Todos estos pequeños detalles. No era solo concentrarnos en nuestro dolor, en nuestro mundo, nuestra tristeza, sino también entender todo lo que había alrededor. Y todo esto fue, nos llevaba, nos llegaban como mensajes a decir: mira, gracias a Dios tienes una familia que te apoya, que puedes estar aquí 24/7 con Jerónimo. Gracias a Dios tienes también los recursos. Así estuviéramos nosotros en quiebra, pero teníamos al menos para seguir subsistiendo, no nos faltaba absolutamente nada. Cuánta gente si no tenía nada alrededor. Entonces también el agradecer, o sea, nos volvimos personas súper agradecidas en este proceso, porque yo creo el agradecer para mí ha sido uno de los hábitos que se inculcó desde ese momento. Más bonito y que me ayuda, me ha ayudado mucho a ser una persona resiliente. Y entendí que para ser personas resilientes lo primero que tenemos que trabajar es en el agradecer, y es uno de los hábitos que más ayuda para poder tener esa capacidad de resiliencia. Y de verdad que agradecer cada, cada cosa que Andrés y yo incluso podíamos estar juntos, habían personitas, niños hospitalizados que estaban solos, completamente solos. Tuvimos la historia de una niña que yo veía que pasaba el tiempo solita y que llamaba a las enfermeras, y las enfermeras eran por todo el pasillo: "Ya vamos, ya vamos, en un momentico vamos, que tenemos que terminar de dar la medicina acá". Y un día le pregunté a una de las enfermeras: "Benny, ¿por qué está sola?". Y me dice: "Está sola porque su mamá es del Chocó y tiene 4...". Sí, era una familia de 5 hijos. Mamá soltera con sus 4 hijitos más en el Chocó, solitos. Entonces la mamá viene, deja a su niña aquí haciéndose el tratamiento, y le tocó dejar a los niños en la casa allá solitos mientras ella regresaba. Pero ya no los podía dejar más solos, tuvo que volver. Entonces esta niña está aquí solita. Pedí permiso para poder acompañarla todas las noches, para poder estar con ella, para poder al menos ir a darle la comida, leerle un cuento. Yo decía mira qué afortunados somos que estamos, pues yo le decía, Andrés, estamos tú y yo aquí. A Jero no le falta nada, o sea, absolutamente nada. Tiene dos adultos a su disposición y esta niña está esperando que alguien vaya a ayudarle a poder comer. Decía, no, acompañarla, darle un abrazo en la noche, que le leamos un libro. Mira, yo podía ser ajena a toda esa situación. Yo tenía a mi hijo enfermo, sabes, que podía ser completamente ajena, pero el también ver las situaciones alrededor me ayudó mucho. A entender que no era lo peor que podía estar pasando.
Qué linda, Juli.
Cierto, y que mucha gente estaba en otras situaciones difíciles. Qué belleza, Juli. Ahora, Sofi, creo que esto me lleva a otro punto, y es que el dolor de nadie se puede minimizar.
Sí.
Cierto, y es que el dolor de cada uno es de cada uno, y que nadie tiene el derecho a venir a decirte si es menos o más doloroso lo que estás viviendo. Y cada uno tendrá experiencias o gente alrededor que te ayude a mirar que las cosas tal vez tengan solución, o que tan duro lo que está viviendo esta persona y lo mío puede que sea más llevadero, ¿cierto? Entonces yo me empecé a pegar de eso, a decir: gracias a Dios nosotros estamos juntos, gracias a Dios somos dos adultos a disposición de Jerónimo, esta niña está sola, qué pesar esta niña, y pensaba en su mamá, pensaba en la familia, la angustia de su mamá teniéndola solita. Y decía, definitivamente, todas estas situaciones y cómo logré cambiar el chip viendo mi alrededor. Mirando las situaciones de los demás también para entender que la mía, a pesar de dura, podía ser también manejable.
Y cuando uno sale a servir, sale servido, ¿cierto? Así es. Es una de las maneras más lindas. A mí, cuando mucha gente en Nicaragua me decía, tengo depresión, obvio, primero va a ver un médico, pero yo también le decía, ve a servir. Y me decía: no, pero yo no estoy en condición de servir. Y yo les decía: te va a ayudar, porque a mí también, obviamente yo no he vivido lo que tú has vivido, pero yo tuve depresión y me ayudaba mucho ir a ayudar a otros. Ahora, Julie, cuéntanos de los últimos momentos de Jero, qué pasó, cómo lo ayudaste. Cuéntanos, yo no quiero adelantar nada.
Ok, Jero Tuvo 16 quimioterapias, perdón, 36 quimioterapias y 20 radioterapias. Todas las radios debían ser con anestesia general. Fue un proceso muy duro porque además le daba muy duro la despertada, muy difícil. Íbamos pasando muy bien su tratamiento, todo iba perfecto, y un día Andrés estaba bañando a Jerónimo y me llamó, me dijo: "Gorda, corre". Y yo: "¿Qué pasó?" Y le vi la cara a Andrés y yo dije: "Algo bueno no está pasando". Cuando le tocó la parte de la espalda le sentimos nuevamente un bultico y dijimos: "Esto nuevamente tiene que ser un tumor". Llamamos a la oncóloga y nos dice: "Se vienen ya para el hospital y le hacemos una resonancia". Y efectivamente Jero había recaído. Ya con esa recaída teníamos muchas menos probabilidades de éxito en su tratamiento El tumor inicial de Jerónimo era un rhabdomiosarcoma embrionario con diferenciación anaplásica. Ese apellido de diferenciación anaplásica lo hace mucho más agresivo que cualquier otro tumor, y esto pasó, fue más rápida la enfermedad que la medicina, y nuevamente sale su tumor. Cuando Jero recae, eso es más duro que el diagnóstico inicial, obviamente, porque esas probabilidades de éxito ya casi que nulas.
Ya, ¿esto cuántos años tiene Jero?
Ya Jero había cumplido 3 años, ya Jero había cumplido 3 años.
Cuando vos recaes de un cáncer, ¿ya es peor siempre? O sea, ¿ese es el caso siempre?
Como que normalmente, sí, porque es que ya la, bueno, puede que hayan recaídas, pero puede haber metástasis o puede recaer y puede que haya otro esquema para podértelo tratar con otras medicinas, pero desde El inicio del tratamiento de Jero era un tratamiento, como era tan raro, tan escaso este tumor, era un tratamiento casi que experimental, y sabiendo que llevamos como un protocolo definido para tratar otros rabdomiosarcomas, ¿cierto? Pero que digamos que este no se había presentado nunca en toda la historia pues del hospital donde Jero fue tratado, nunca se había presentado, entonces ya sabíamos que estaban agotando desde su primer diagnóstico todas las posibilidades de tratamiento. Entender ya después que una recaída no iba a ser fácil encontrar una medicina para poderlo ayudar. Entonces el staff médico se reunió con nosotros, a Jero nuevamente lo operan, le extraen su tumor. El primer tumor de Jerónimo estaba encapsulado, o sea que fue fácil extraerlo, no hubo que hacer mayor daño, lograron hacer el control local de su enfermedad, entonces había que hacer un esquema de quimios y radios para que no volviera a salir el tumor. Sin embargo, el tumor vuelve y sale, pero cuando viene esta otra cirugía del tumor, ya su tumor no estaba encapsulado, ya su tumor se había esparcido hacia otros órganos, incluso ya había metástasis, ya estaba muy regado, y tienen que extraerle incluso la uretra, dijeron que a consistostomía, entonces ya en unas condiciones pues mucho más negativas y y en ese momento el equipo médico se reúne con nosotros más o menos 3 días después de la cirugía que Jero había tenido a presentarnos opciones del nuevo tratamiento y nos dicen: bueno, aquí lo que sigue es, la primera opción es una cirugía completamente mutilante para Jerónimo donde hay que hacer un falseamiento pélvico completo, extraerle todos los órganos de la pelvis para evitar nuevamente tumores dentro de los órganos de la pelvis. El otro es un tratamiento experimental en el exterior. Y el otro, la otra opción era no hacer nada. Yo me acuerdo que nos explicaron súper bien las dos opciones y le dijimos: déjennos pensarlo hasta mañana y hablamos. Esa noche fue eterna. Andrés y yo nos quedamos en la habitación viendo a Jero al lado y sabiendo que teníamos la vida de Jero en nuestras manos, pues que teníamos que decidir sobre el destino de Jerónimo. E inmediatamente los dos nos miramos y descartamos la primera opción del vaciamiento pélvico completo. Decíamos: amamos tanto, tanto a nuestro hijo que no queremos por solo tenerlo aquí a nuestro lado, tenerlo malas condiciones. Él se merece lo que sea, menos estar tirado en una cama y conectado a 20.000 cosas. Ya tiene una sistostomía, quedaría con mil cosas más, y un niño está conectado, no se lo merece.. La otra opción del tratamiento experimental era con muchas probabilidades de éxito y además con una probabilidad muy alta de falla cardíaca y cerebral. Entonces decíamos: estamos en el exterior, alejados de nuestras familias, pasando por unos momentos más difíciles, nada nos va a garantizar un alivio, una solución a esta condición. Y tomamos la decisión, la tercera opción, que fue no hacer nada. Además que de verdad no hacer nada también es una opción, es una decisión. Muchas veces estamos luchando en contracorriente, queremos nadar ese río para arriba, pero a veces hay que dejarnos también llevar por ese río y ver a dónde nos lleva. Y tomamos, decidimos tomar la opción de no hacer nada. Y cuando nos volvimos a reunir con este equipo médico, de verdad lloraban, se alegraban de la decisión que habíamos tomado. Antes ellos, claro, como equipo nos tenían que presentar esas opciones, pero no hubieran quería que tomáramos ninguna de las dos primeras. Y cuando decidimos por la tercera, nos agradecían en el alma porque nos decían: esto sí es pensar en él, claro, es pensar en Jero. Y decíamos: lo amamos tanto, y es un amor tan incondicional que lo único que queremos es que él esté bien a pesar de nosotros, con muchos dolores. Y no entendía tampoco que mucho le explicábamos. Sabes, una cosa, Sophie, nunca le ocultamos nada, todo el tiempo le hablamos con la verdad. Cada examen: "Mamá, ¿me va a doler?" "Sí, hijo, te va a doler, pero puedes escoger la manito en donde te van a chuzar". Entonces tratábamos de llegar a negociaciones, por lo menos que él tuviera algo de poder de decisión o ayudarle. Una de las estrategias que usamos fue coger un peluche que le regaló una de las pediatras del hospital, divina, y todo lo que le iban a hacer a Jerónimo se lo hacían primero a su peluche, al dinosaurio que tenía. Entonces iban a canalizarlo y canalizaban primero al peluche para después canalizarlo a él. Buscábamos, o te digo, no teníamos las herramientas, pero las buscábamos. ¿Cómo hacer la vida más fácil para todo, cierto? Y yo creo que la necesidad genera capacidades, genera habilidades, y teníamos que buscar la mejor manera de poder ayudarlo, cierto. Entonces, en ese momento tomamos la decisión pues de no hacer nada. Y cuando el equipo médico nos dice, bueno, entonces ya entienden que no hay nada para hacer por Jero, lo único que se nos vino a la cabeza, Andrés y a mí, fue nada medicamente, pero por Jero hay mucho por hacer. Jero va a ser el niño más feliz del mundo hasta que Dios quiera. Y en eso nos enfocamos día a día Andrés y yo, desde su, pues, desde la, desde esa recaída que fue en octubre. Y tomamos, nos fuimos, habíamos, le habíamos prometido a Jero que cuando finalizara su tratamiento, que solamente le faltaban 4 quimioterapias para finalizar, no logramos finalizarlas, que cuando terminara su tratamiento nos íbamos a ir para el mar, que él soñaba con irse al mar con los abuelos, con todo el mundo. Nos fuimos en ese momento los 3, nos fuimos para Cartagena. Yo decía, con la cistostomía, como estuviera mal, enfermo, maluco, con defensas bajitas, como estuviera, ya aquí íbamos a cuidar, ya teníamos era que de verdad aprovechar y disfrutar cada segundo. Nos fuimos y fue el paseo más maravilloso del mundo porque fue conectarnos, vivir como su último deseo y cuando regresamos, regresamos noviembre, estuvo hospitalizado un tiempo con una infección horrible que le dio, claro, el agua del mar, cosas pues que pasaron, y llegó con una infección horrible, estuvo hospitalizado mucho tiempo. Después fue diciembre, ya en diciembre estaba muy decaído. Finalmente, después del Puente de Reyes, que aquí es el segundo puente de enero, Y en ese puente de enero, después de regresar, que habíamos estado en la finca de mis padres, toda la familia juntos, yo recuerdo que llegamos y esa semana Jero se puso muy mal y salimos de la casa Andrés y yo, y sabíamos que salíamos 3 pero que regresábamos 2. Ahí hospitalizaron a Jerónimo, empieza a decaer, a decaer, y finalmente hay un momento en el que nos piden que lo, que autoricemos para sedarlo, que ya estaba con muchos dolores. Lo autorizamos, la sedación, obvio no queremos que Jero sufra ni que tenga que pasar por esto. Y el 25 de enero a las 7 de la mañana me acuerdo que empiezo a ver que el monitor, la frecuencia cardíaca muy baja Y desperté a Andrés. Andrés estaba dormido, llevábamos sin dormir por ahí 20 días. La adrenalina que eso produce, uno no le da ni sueño ni cansancio, yo no sé. Y yo no, súper humano, increíble, increíble. Sí, yo no sé de dónde salen esos superpoderes para atender esa necesidad, la adrenalina muy tesa. Y me acuerdo que desperté a Andrés y le dije: Jero se va. Y cogimos los dos Estábamos en la habitación con mis suegros, con mis padres, con mi hermana y mi cuñada, y yo le cojo la mano a Andrés y los dos se la ponemos encima del corazón a Jero, Jero sedadito, y empezamos a hablar con él y le dije: hijo, vete tranquilo, que pase lo que pase, te prometemos que el papá y la mamá vamos a ser felices.
Estás llorando.
Y créanme que de verdad, en este tono, en esta paz y en esta tranquilidad. Y en esas palabras, así se lo dijimos. Y solo sentimos una respiración más de Jero y ya no vuelve su respiración, no hay más latidos. Y en ese momento sale mi hermana y mi cuñada corriendo de la habitación a llamar a las enfermeras, y yo salí detrás de ellas a jalarlas, a decirles No, entren, que es que ustedes no saben el milagro que acaba de pasar. Jairo se alivió. Todo el tiempo que hemos pedido para que Jairo se alivie, Jairo se alivió. Ya vayan, mírenle la cara de paz que tiene Jairo, con una sonrisa. Y yo decía, de verdad, fue el alivio que tanto habíamos pedido.
Cuántas veces he oído en cuanto a la muerte: Jairo se alivió.
Para mí fue un alivio, Margara. De todo el tiempo pedíamos un milagro, un milagro, un milagro, y los milagros incluso llegan de maneras que no esperamos. Pero no, para mí, Jero no se estaba muriendo. Esa tranquilidad y esa paz y esa cara que le viene ese momento, dije, trascendió. Tiene que estar viendo cosas muy lindas, tiene que estar viviendo un momento muy lindo, y ya ese dolor, este cuerpo no lo necesita. Él ya tiene que estar más en otro sitio más lindo, porque verdad está, el más vieja tiene que trascender rápido. Y vino a enseñarnos en este corto tiempo que estuvo acá, no importa si fue mucho, largo, lo que sea, nos dejó muy grandes enseñanzas, muchas, muchas, muchas enseñanzas. ¿Cuánta gente vive 100 años y pasa por el mundo tan desapercibido? Pero a la edad de 3 años y 8 meses 9 meses dejó un gran legado en nosotros.
Y por eso tu libro se llama Superhero, te prometo ser feliz.
Entonces, desde el día 1 de Jero haberse muerto, teníamos Andrés y yo cosas muy claras, pero muy distintas. Una era que yo quería volver a ser mamá. Sí, Andrés no, se moría del susto. Y Andrés quería escribir un libro a como diera lugar, pero también Teníamos que encontrar el momento para poderlo hacer. Yo creo que teníamos que transitar muchas cosas y poder sanar antes de poder llevar el mensaje también de cómo habíamos vivido esa experiencia y cómo habíamos logrado transformar, que es lo que hacemos hoy con el libro. Contamos la experiencia desde lo muy humano, muy humano, que vivimos todo lo que pasamos de la enfermedad con Jerónimo, pero entregándole a la gente también como así la manera como lo vivimos nosotros, de las herramientas, de lo lindo, de la capacidad de transformar.
Es como un learning experience. Libro para la felicidad. Yo así lo veo.
Una vez me dijo alguien, y que me llegó mucho estas palabras, y me dice: lo tengo en mi mesa de noche porque es mi manual de la felicidad. No puedo creerlo. El libro está en Amazon, se puede comprar.
Muchas personas que han comentado en el podcast de María Alejandra Requena, que habla de cómo perdió a su esposo, de que, de que le ayudó, pero no mucho, no lo suficiente, porque han perdido un hijo. Sí, que creo que vas a ayudar a mucha gente en nuestra comunidad con esto, en verdad.
Muchas gracias. Y créeme que era parte de mi propósito descubrir qué tenía que venir a vivir yo en esta vida. Y yo creo que mis hijos, ahora les hablo un poco de Alicia, pero yo creo que mis hijos me han llevado a descubrir mi propósito de vida. Y cómo logro descubrir esto, pues es que cuando Jero fallece, primero, al día siguiente Recuerdo que abrí los ojos y veo la caja de las cenizas de Jerónimo en mi mesa de noche junto a una foto de Jerónimo. Y yo abrí los ojos y dije: esto fue una pesadilla. O sea, esto de verdad no, no, esto fue, esto fue una realidad, eso no fue una pesadilla, esto fue, Dios mío, ¿qué fue esto que yo viví? Y me acordé de la promesa que le había hecho a Jerónimo. Y yo dije: ¿cómo vamos a cumplir esto? Le prometimos que íbamos a ser felices pasara lo que pasara. Y también entendí que tenía que vivir un dolor y que tenía que llorar y que estar triste no era distinto a no ser feliz, ¿cierto? Que uno cree muchas veces la tristeza, no, yo tengo un propósito y yo soy muy feliz, soy muy feliz en la vida, pero también tengo momentos en los que me detona la tristeza profunda y lloro. Y he pasado por momentos duros y difíciles después con la muerte de mi mamá, la muerte de mi papá, y también ya por más que incorpore la muerte a mi vida y que entiendo que es una transición y que es me duele que no estén y sigo siendo humana, y una humana fuera de no sentir, cierto, sería distinto. Y yo creo que es uno, la muerte de un hijo es de los dolores más grandes que puede transitar un ser humano.
Pues dicen que si se te mueren tus papás eres huérfano, se te muere tu pareja eres viudo, se te mueren tus hijos, no hay, no tiene nombre, no hay nombre, porque es, pues no me puedo imaginar. Ahora cuéntanos de Alicia.
Alicia tiene 10 años, cuando tiene 10 años, Alicia llegó a nuestras vidas 2 años después del fallecimiento de Jero. Como les conté, tenía un deseo enorme de volver a ser mamá. Yo siempre me soñé con una familia numerosa y Andrés venció ese miedo, ese temor, y decidimos volver a ser padres. Ali llega a nuestras vidas, una mona divina, ojiazula, además. Fue muy bonito porque pocas veces soñaba con Jerónimo y 3 meses antes de quedar en embarazo Alicia soñé con él y me acuerdo que en el sueño Jerónimo me decía: mamá, vas a volver a ser, vas a volver a ser mamá, vas a tener una niña. Mira los ojos de Martín. Martín es mi sobrino y Martín estaba en el sueño y me decía: mira los ojos de Martín. Y yo me concentraba en los ojos de Martín y veía, me veía a mí en los ojos de Martín y veía que al lado, al lado mío había como una niña. Yo decía: hijo, ¿qué me estás diciendo? Yo no veía a Jero. Jero me hablaba y me decía: vas a volver a ser mamá. Y yo veía a la niña, además pues en los ojos uno ve el reflejo, ni ve a la niña, pero yo me la imaginé mona y ojos azul. Y era divino porque Jero siempre me decía: vamos a comprar una hermanita al Éxito.
El Éxito es un supermercado aquí.
Sí, y vamos a comprar una hermanita. Y entonces yo le decía: no podemos comprar un niño en el supermercado. Pero me decía: una mona, mamá, una niña. Para los que no saben, mona es rubia, chela, rubia, y Martín tiene ojos azules. No, mi sobrino no. Jero quería, Jero quería que la hermana, siempre pedía una hermanita de ojos azules. Además, pues ni mi esposo ni yo, no había cómo. Y esta niña ha nacido de ojos azules, Simona. Entonces es de verdad mandada del cielo por Jero. Jerónimo me mandó esta niña. Entonces empieza toda, yo creo que en el momento que Alicia nace, ahí esa alegría, cómo llenar esos vacíos tan grandes antes, que teníamos esa ilusión tan buena de volver a ser padres, de querer volver a revivir esos momentos. Y así empezó, así empezó esa historia. Y cuando Ali tiene más o menos 8 meses, y 8 meses, mi mamá es diagnosticada con un cáncer cerebral. Y finalmente, cuando Alicia tiene 11 meses, mi mamá fallece. Al mes siguiente, Alicia empieza a caminar. A caminar. Quienes somos padres sabemos que en el desarrollo de nuestros hijos, más o menos a los 12 meses, nuestros hijos empiezan a caminar. Y al ir 12 meses exacticos, empezó a caminar. Y cuando empieza a caminar, se iba hacia los lados. Y yo: no le pasa nada, ya está aprendiendo a caminar. Y mi esposo: gorda, algo le pasa a Alicia. Y yo que no, yo ya puse mi cuota, nada le pasa a Alicia. Ya entregué a mi hijo, entregué a mi mamá, ya nada me pasa, ya inmune, cierto, nada en la vida me volverá ¿Qué va a pasar? Y sin embargo me tocó aceptar que algo no estaba bien con Alicia. No quería, pero me tocó aceptarlo. Y Andrés me decía: Gorda, algo no está bien, vamos, vamos. Y empezamos un proceso con Alicia. Entonces nos fuimos para donde el pediatra. El pediatra me dice nada. Con neurólogo. Y el neurólogo empieza a hacer muchos estudios de Ali a ver qué pasaba. Pues imagínate el antecedente: un hijo fallece de cáncer, la abuela fallece de cáncer. Y la niña va creciendo. Ya en ese momento tenía ya 2 años, pues porque duramos 2 años en estudios y todo, y no encontramos un diagnóstico para Alicia. Pasaron, pero lo que ya le pasaba como un tema de equilibrio, iba perdiendo el equilibrio, pero Alicia caminaba, corría todo, pero cada vez se caía más, se caía más, se golpeaba más, y no encontrábamos qué tenía Alicia. Cuando Ali tiene 5 años 5 años exactamente, 3 meses después de la muerte de mi papá, que también fallece de un cáncer renal, encontramos el diagnóstico de Alicia. Nos hicieron una marcación genética completa, Andrés, Alicia y a mí, y encuentran que Alicia tiene una enfermedad huérfana degenerativa, de la cual Andrés y yo somos portadores de esta malformación, por ende no podemos tener más hijos. Un caso aislado completamente lo de Jerónimo, otra lotería con otra lotería llega a nuestras vidas, completamente otra lotería, en este buen sentido de la palabra. Y es donde llega a ratificar todos estos aprendizajes que tuvimos con Jero, donde de verdad llega a decirnos, ven, o sea, lo que dicen, lo de prometemos ser feliz pase lo que pase, realmente es una realidad. Donde decimos, esto no fue dientes para afuera, sino no, de verdad, yo sigo siendo feliz pase lo que pase. Con todos los retos que tenemos en la vida, aún así seguimos siendo felices.
Explícame la enfermedad de Ali.
Ali tiene la enfermedad de orfanato degenerativa de Ali, es una ataxia cerebelosa. El cerebelo de Ali va reduciéndose de tamaño, ya tiene 10 años, tiene un pronóstico de vida no muy largo, pero no sabemos cuánto. Entonces mientras esté aquí, volvemos a lo mismo, a dedicarnos a que Ali no sea un diagnóstico. Alicia es un ser humano y llena de miles más de capacidades, menos de, pues mejor dicho, me enfoco más en sus capacidades, en sus potenciales, en lo que sí puede hacer que en lo que no, ¿cierto? Cada día es una pérdida, cada día con Alicia es un duelo porque cada día tiene pérdida de capacidades, pero también me enfoco en las que gana, en lo que aprende, en lo que puede hacer. Está aprendiendo en este momento a escribir y a leer, y no saben la felicidad que esta niña tiene aprendiendo a escribir y a leer. Y digo, y tiene 10 años, es un proceso que los niños aprenden, ¿qué? A los 6, a los 5 o 6 años. Y yo, no importa, lo está logrando en este momento, lo puede hacer en este momento, paso a paso y día a día, a enfocarnos con ella. Y es otra niña que nos ha de verdad llenado el corazón y muchos aprendizajes, porque la capacidad de resiliencia que ella tiene de verdad es de admirar. De admirar. Imagínate, ya entiendo esa frustración.
Juli, ¿y los fines de semana es verdad que tú no contestas el celular, que tú te desconectas para conectarte con Alicia?
Es verdad, les voy yo. Este año tuve un cambio de vida. Mira, las cosas son muy lindas y lo vi también. Yo pasé por un proceso muy difícil este año, y es que tuve una enfermedad coronaria muy dura. No me morí de milagro, me dio una disección arterial espontánea en la arteria principal del corazón. Y eso es que las paredes internas de la arteria se desprenden y pueden reventar muy fácil la arteria y generar, pues, se sangra la persona en un momento. Y me explicaba el médico, me decía, eso, el médico explicándome con el diagnóstico, me decía, es que esto le da al 9, al, perdón, al 1% de la población mundial y el 90 se muere. Entonces, cuando me decía eso, yo me reí, y él me decía: pero es que esto no es charro, qué risa le da. Y yo le decía: usted no sabe las loterías que he tenido yo en mi vida, tranquilo, que una más que llegue la recibo con mucho amor. Además, que la recibo es para darme cuenta que a veces la vida vuelve y nos va llevando como por caminos y vamos perdiendo los propósitos, cierto. Y yo decía: no, mi propósito, cuando yo trabajé muchos años en una aseguradora y tomé la decisión de retirarme y formar mi propia empresa para poder estar con Alicia, para poder disfrutar su proceso, para poder hacer las terapias con ella, para dedicarme mucho a ella. Y de verdad, como que el trabajo te va llevando, la vida social te va llevando, y me fui dedicando como otros años mucho a eso. Cuando volví a vivir este momento, dije: no, no, es que es el momento, verdad, que la vida vuelve y te sacudiste y dice: a ver, acuérdate lo que teníamos, acuérdate. Entonces volvamos a ¿No contesto? Es verdad, Margara, que no contesto ni desde las 5 de la tarde, porque me conecto desde las 5 de la tarde con mi hija todos los días de la semana. Recibo, le recibo a la empleada que tengo, que es la mano derecha, como le dice Alicia, o le dice Alicia, la amiga del alma y corazón. Alicia le dice que su amiga del alma y corazón, la amamos. Y le recibo a Meli a las 5 de la tarde, mi hija, y todo el tiempo me dedico a estar con ella.
Y los fines de semana pero dedicación al 1000%, no solo Alicia, al esposo, a la familia, a volvernos a conectar en eso, porque es que nos estamos desconectando por estar conectados al celular y se nos olvida que ese novio que tenemos al lado, esa mamá que tenemos al frente, ese hijo se puede ir. Así es, o uno se puede ir.
En verdad me acabas de enseñar algo a mí demasiado valioso, como que en general tu propósito es demasiado grande, como que en serio me has dejado como wow.
¿Qué te enseñó? ¿Qué estás pensando?
O sea, me impresionó, me impactó mucho eso de valorar lo que uno sí tiene, en verdad. Y verte aquí feliz, no estoy diciendo que no deberías de ser feliz, pero cómo habla de todo de una manera positiva, en verdad, como sacar lágrimas, como que lindo, en verdad, como que me impactó mucho, me impactó mucho.
Gracias, Ophi, créeme que para poder hablar hoy así he vivido un proceso. Creo que si hubiera sido al mes, Aunque al mes de muerto Jero me llama la psicóloga del hospital donde Jero fallece y me dice: "Julie, tengo una familia que se le va a morir su hijo y no sé qué decirles". Y yo creo que ella me llamaba a ver yo a qué terapia estaba asistiendo, de qué psicólogo estaba yendo. Y le dije: "Mira, Cata, ¿sabes qué? Diles que ya voy para allá". Y Cata: "No, yo no te estoy llamando a decir a que vengas, ni mucho menos, pues, ¿cómo te vas a venir para acá?". Colgué el teléfono y mi esposo me me regañó, me dijo: ¿cómo te vas a ir para allá? Se acaba de morir Jerónimo hace un mes en ese hospital. Y yo: pues para allá. Y llegué allá y todo el equipo médico me miraba como: esta señora se enloqueció, se vino para acá. Mira, Sofí, cuando yo entré, a mí la sonrisa no se me borraba de la cara. Hasta pena me dio. Yo decía: mi hijo se acaba de morir y yo vengo sonriente. Y trataba como al menos de disimular. Y en ese momento oía la voz de Jerónimo diciéndome: Mamá, para esto pasó todo lo que pasó. Y créeme que fue el momento en el que dije, como que pasaba una película al frente mío y empiezo a reír y a decir: sí, sí, para esto pasó todo lo que pasó. Tu vida no va a ser en vano, hijo, y aquí soy una herramienta para que tu vida siga dando fe de todo lo que inspiró, no solo en nosotros sino en el mundo entero. Cuando le pedíamos un milagro a Dios Juan Carlos de la vida de Jerónimo, le decíamos: si Jero se alivia, vamos a hablar de todo el testimonio que nosotros vivimos. Y de verdad me voy a parar en cada escenario que me inviten a compartir esta experiencia de vida. Y hoy fue que Jero se alivió, pero se alivió, se alivió de una manera distinta. Y por eso esto lo hago con todo el amor del mundo, porque creo que estas cosas, cuando decimos ser generosos, cuando decimos comparte, muchas veces pensamos que es desde lo material. ¿Cuántas historias de vida ustedes lo hacen? ¿Cuántas historias de vida tenemos para poder compartir con los demás y que puedan inspirar a alguien a volver a llevar a la esencia, a entender que la felicidad no está en lo material, que la esencia Y la felicidad está también en quienes nos rodean, en el tiempo, en que la vida tiene un límite, en lo corto que tenemos hoy, en que esos propósitos tienen que estar enfocados en volver a de verdad querernos a nosotros mismos, a valorarnos. Entonces toda esa experiencia que vivimos con Jero creo que es digna de compartir, y que hoy compartimos y que vivimos con Ali creo que ratifica todos esos aprendizajes, y que validan que no es algo que sea en vano, que Jero no vino en vano a una vida, y que Alicia tenía que venir también con un propósito muy fuerte a seguirnos fortaleciendo como familia y como seres humanos.
Yo creo que vos sos como un angelito en la tierra para todos los que han perdido a alguien, creo que sí.
Sí, yo, para los que tenemos a alguien también, porque ahorita Yo estaba oyéndote, yo estoy ahorita aquí en Medellín donde mi mamá, que la veo 3 veces al año, pero a veces llego de trabajar, hola mamita, no sé qué, me voy a dormir, me voy antes de que ella se levante, y yo digo, joder madre, ¿verdad? Uno nunca sabe cuándo es la última vez que vas a abrazar a tu mamá, a tu esposo, a tus hijos. O sea, cada día es un regalo. Hay un poema de Ana María Rabate, yo no me lo sé exacto, pero dice algo como: no llenes de flores panteones, llena de amor los corazones en vida, hermano. En vida, hermana, en vida. Y ese es el mensaje que tú nos estás— es un regalo enorme el que nos estás dando hoy a todos, no solo al que se le ha muerto un ser querido, a los que los tenemos vivos y a los que tenemos vida hoy también.
No esperar a pasar por estos momentos para valorar, cierto, y no esperar a que los momentos se conviertan en recuerdos y el hubiera. No es convertir, no es pensar en el hubiera. Qué rico convertir en el hacer, cierto, en el estar presente.
Qué rico irse de este mundo con una maleta llena de recuerdos. Así es, porque lo material no nos lo vamos a llevar.
Así es.
Juli, gracias. ¿Cómo te pueden encontrar en redes? Ya sabemos que el libro está en Amazon para nuestra gente de EE.UU. Acá en Colombia, ¿dónde lo pueden encontrar?
En Colombia lo pueden pedir a través de nuestra red social que es @superjerito en Instagram.
¿Con J?
Con J, Súper Jerito con J. Este libro, pues el propósito también es muy bonito porque parte de las utilidades del libro va a ayudar a la unidad de oncología pediátrica de un hospital o a fundaciones que tienen niños en algún, transitando pues por esta enfermedad, a las familias de bajos recursos. Entonces buscábamos cómo ayudar también de una manera y un proyecto que fuera sostenible. Entonces también le devolvemos un poco al mundo de ese aprendizaje que la vida también trajo a nuestras vidas.
Y tú tienes una agencia de seguros también, ¿verdad?
Tengo una agencia de seguros. Entonces ahí fue cuando tomo la decisión de retirarme de la comodidad, de la certeza de mi trabajo en plena pandemia, cuando todo el mundo deseaba tener trabajo. Y yo un día cerré el computador y dije: no soy capaz de seguir acá viendo además la realidad de mi hija 24/7, porque ya era tenerla 24/7 conmigo. Porque en la vida, claro, yo la mandaba para el colegio, pero no me daba cuenta qué pasaba durante ese momento en el colegio. Y ya llegaba en la tarde y me dedicaba a las terapias de Alicia, pero Pero entender el avance que había tenido esa enfermedad y vivir eso, yo dije: ella me necesita más que nadie en el mundo. Entonces nada, tomé la decisión de retirarme de mi trabajo, en el cual, mejor dicho, vivía feliz y agradecida amándolo, pero dije: no, no, tengo que tener algo que me permita tener movilidad, que si alguien está hospitalizada yo no esté estresada por tener que pedir un permiso. Creé junto con dos socios más una agencia de seguros y ha sido maravilloso también. Ese camino. Pero entonces ahí es donde también digo, hay que poner unos límites, porque entonces también trabajas en lo tuyo, en lo propio, y quieres seguir, y entonces llegas a la casa a seguir. Y digo, no, no, no, es que también hay momentos para todo. Y en ese momento, las 5 de la tarde, es conexión con Ali. Entonces incluso hablábamos de la amiga que tenemos en común, y me dice, es que tú no entendiste cuando le tenías que decir a la gente que no, era decirle a todo el mundo no, pero menos a mí. Nos tenemos que tomar un café. Yo, no, él no es para todo el mundo, no es para todo el mundo.
Sí, qué linda. Ella te quiere mucho, me dice. Juli, esta es la amiga que tenemos, es una alienígena. Ella es extraterrestre porque ella es una felicidad, ella es luz para todo el mundo.
Ya no es normal.
Juli, gracias por ser así, es que el mundo te necesita, ¿verdad?
Muchas gracias.
Hay un dicho que dice: mucha gente busca el propósito, hay personas que el propósito las atropella en la cara. A ti te atropelló en la cara y lo supiste identificar. Y eres una luz viviente para todo el mundo. Sigue siéndolo. A todo el mundo los invito que compren el libro de Superhéroe. Es un manual de la felicidad, y además cada vez que lo compren están apoyando a niños que no tienen los mismos recursos, verdad, para tener de pronto a su mamá al lado, un pasaje de bus, verdad, para llegar a la alimentación.
Cuántas familias están hoy en un hospital con el dolor de tener a su hijo enfermo y pasando con un café.
Sí, sin un solo café para almorzar, sí, con un café.
Entonces la alimentación, la estadía, los pasajes, pues no vamos a solucionar todo en la vida, pero por lo menos darles un poco de tranquilidad en este proceso ayuda.
Sí. Y yo sé, Juli, y no lo dudo, yo soy creyente, y Dios te va a multiplicar por millones todo lo que estás haciendo.
Muchas gracias. Eso espero, manera para poder seguir ayudando a muchas familias. Muchas gracias a ustedes también por ser este canal para poder llegar a mucha más gente y Y no, yo creo que entre todos podemos seguir aportando desde las experiencias vividas a que otros puedan lograrlo. Gracias, gracias, hermosura.
Y si te gustó este episodio, suscríbete para que puedas seguir recibiendo contenido de valor para tu vida y tu negocio, y activa la campanita para que te avisemos cada vez que subimos nuevo material.
More from Juan

🇻🇪 Venezuela, Chino y Nacho nos cuentan sobre sus orígenes y el orgullo de representar a su país.

¿Por qué se separaron Chino y Nacho? Esto y mucho mas aprendizajes de vida en #YoPudeTuPuedes 🎙️








