La preocupación es como una silla mecedora: te mantiene ocupado pero no te lleva a ningún lado. El orador propone tres acciones: hacer preguntas orientadas a soluciones, enfocarte solo en lo que controlas, y cuidar tu cuerpo con sueño y meditación para fortalecer tu sistema inmunológico contra el estrés.
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Seguramente has disfrutado muchas veces de una linda tarde sentado en una silla mecedora. Puedes pasar horas meciéndote y relajándote, pero al final estarás siempre en el mismo lugar o tan solo a unos centímetros de donde empezaste, ¿verdad? La preocupación, amigos, es como una silla mecedora: te mantiene ocupado, te da algo que hacer, pero no te lleva a ninguna parte. Vamos a cambiar la palabra preocuparte por la palabra ocuparte. Ocúpate de estas 3 cosas para salir adelante: Primero, ocúpate en hacerte preguntas que te sacan del problema: ¿cómo solucionarlo? ¿Qué puedo aprender? ¿A quién le puedo pedir ayuda? Segundo, ocúpate de cambiar solo aquello que está bajo tu control. Si un vaso de leche se derrama, ya no podrás tomar la leche que está en el suelo, ¿verdad? En lugar de pasar horas lamentándote por la leche derramada, cosa que ya no puedes cambiar, busca cómo conseguir otro vaso y llenarlo de leche o de otra bebida. Tercero: ocúpate en cuidarte a ti mismo. Cuando tenemos mucho estrés, nuestro sistema inmunológico se debilita, así que además de tener un problema, es posible que nos enfermemos, lo cual puede traer otro montón de problemas. Ocúpate en alimentarte bien, dormir bien, meditar y cuidar tus pensamientos. Sé tu mejor amigo y cuídate bastante en los momentos en que más lo necesitas. Sigue estos pasos para vencer las preocupaciones y levántate de la silla mecedora de la preocupación en la que estás atrancado. La única diferencia entre un buen día y un mal día es tu actitud.