Critica Menos y Brilla Más con Giselle Blondet

In this episode of the "Yo Pude, Tú Puedes" podcast, host Margarita Pazos (joined by her sister Sofía) interviews celebrated TV personality Giselle Blondet. Giselle shares a candid life story, beginning with the trauma of her parents' divorce when she was three, and how that shaped her emotional landscape. She discusses the importance of emotional healing, forgiveness, and turning pain into blessings through coaching and personal development. The conversation moves to self‑esteem challenges, impostor syndrome, and the difficulty of setting boundaries or saying "no," especially in relationships and professional contexts. Giselle recounts her experience during the COVID‑19 pandemic, entering network‑marketing, and how that work helped her confront ego and fear of rejection. A major focus is the life‑threatening postpartum heart condition (SCAD) her daughter suffered, detailing the emergency, miscommunication with hospitals, the critical role of listening to symptoms, and the power of faith and family support during the crisis. They also explore health topics such as ASIA syndrome linked to breast implants, autoimmune issues, menopause, and the impact of age on confidence. Throughout, Giselle offers practical advice: trust your intuition, seek medical help promptly, practice forgiveness, maintain personal boundaries, and adopt a mindset that "if I could, you can too." The episode ends with a motivational message to her grandchildren and listeners.
Chapters
Desde que tenía 3 añitos, que mi mamá y mi papá se divorciaron y estuvieron en conflicto 20 años. Y cuando viene la pandemia, que yo no tengo trabajo ni la posibilidad de hacer algo que yo nunca jamás en mi vida hubiera hecho, yo me sentía hasta avergonzada de ser parte de eso.
Y su hija casi se muere. Sí, cuéntanos un poquito de eso.
La de emergencia me está diciendo que a ella la están llevando ahora mismo a hacer una intervención del corazón. Y yo, no, están equivocados, no, no, ella lo que, ella lo que tuvo es una cesárea, tiene problemas con la cesárea. No, no, no, están equivocados, no hagan eso.
Bienvenidos al podcast Yo Pude, Tú Puedes, donde vamos a hablar de cómo manejar tu mente y tus emociones para lograr todo lo que quieres en la vida.
Disfruten.
Ganadora de innumerables premios, ustedes la conocen, ha estado en su casa a través de la pantalla chica, de ahora de las redes sociales. Mi amiga, la admiro, la quiero es, en Colombia diríamos, es una mujer berraca, ¿verdad? Giselle Blondet, Gis, bienvenida a Yo Puedo, Tú Puedes.
Feliz de estar aquí contigo, sabes que te adoro, te admiro muchísimo, y aparte que tienes una hija no solamente bella y talentosa, sino que tiene un nombre fabuloso, Sofía, como mi nieta.
Gis, bueno, este podcast Yo Puedo, Tú Puedes es muy importante porque queremos que la gente te vea a ti y diga Porque la gente puede verte, tú que eres una celebridad, y diga, ah, pero es que ella es Giselle Blondé. No, momentito, si Giselle pudo, tú puedes, porque tú también has pasado las duras y las maduras, empezando con tus papás, ¿verdad? Cuéntanos un poquito tus comienzos.
Bueno, yo creo que una vida como la de todos, que siempre tenemos, yo digo, una vida pintoresca, donde realmente tenemos tantas y tantas oportunidades para nosotros, este, pues crecer. Lo que pasa es que a veces no nos damos cuenta y nos detenemos en el momento de la tristeza y esas cosas que son normales también, y no podemos reconocer la posibilidad tan grande que nos está presentando la vida. Entonces, a mí me la presentó desde muy pequeña, desde que tenía 3 añitos, que mi mamá y mi papá se divorciaron y estuvieron en conflicto 20 años. Ahora yo veo a William Levy y a Elizabeth Gutiérrez, y un poco pienso en todo lo que yo viví, porque me imagino cómo se deben sentir sus hijos.
Es que los hijos pagan la factura, lamentablemente.
Pues sí, y lo difícil es que uno como mamá, papá, después uno, pues yo creo que uno se da cuenta, ¿no? Pero en el momento tú estás haciendo lo mejor que puedes con lo que tú sabes.
Con lo que tienes.
Con lo que tú tienes. Y por eso yo creo que hice las paces con mi mamá, paces espirituales, porque yo nunca tuve un conflicto con ella realmente, personal, pero hay ciertas cosas que quedan en nuestras emociones que uno no las reconoce a veces y nos acompañan durante toda la vida y nos limitan. Entonces hice las paces con mi mamá, con mi papá, con todas esas cosas y esas personas que estuvieron en mi vida y se convirtieron en esos maestros de esas clases a las que yo no pensaba ir.
Sí, pero fui y Y bueno, después de esa palabra, fueron las situaciones difíciles, son tus maestros, ¿verdad?
Pues sí, definitivamente. Mira, en una de las, porque he hecho tanto coaching y todo, y bueno, tú sabes, Margarita, que hemos conversado y hecho coaching contigo, que eres fabulosa. Y la realidad es que uno poco a poco va dándose cuenta de lo importante que es reconocer y convertir en bendiciones. Uno dice, ay, eso es tan— se dice tan fácil, ¿cómo va a ser una bendición algo difícil o terrible que has vivido? Pero nada más con utilizar la palabra bendición, solamente con eso comienza el proceso de transformación.
Sí, ese es el poder del lenguaje, el poder del lenguaje totalmente.
Y para mí así Ha sido, o sea, convertirlo en un ejercicio importante, en una disciplina, el entender que cada cosa que pasa durante el proceso, a lo mejor es duro para mí convertirlo en una bendición, porque contra están mis emociones como ser humano, pero yo voy por arriba de eso recordándome que es una bendición y que aunque yo no sepa qué es lo que trae esto, trae algo bueno.
Yo tengo una pregunta, hablaste de tus emociones reprimidas, ¿cómo te diste cuenta?
Sofí tiene medio acento puertorriqueño.
Voy a estar en Puerto Rico hace 2 semanas, así que tal vez.
Me gusta, me gusta.
En verdad es nicaragüense, creo, pero bueno.
Ah, ¿sí?
Hablando de las emociones reprimidas que mencionaste, ¿cómo te diste cuenta vos que tenías, o sea, cómo llegaste a sanarlas y a perdonar a tus papás? Como que nos puedas contar un poquito de ese proceso.
Bueno, en mi búsqueda por, fíjate, qué interesante, o sea, porque yo creo que han pasado 2 cosas importantes como para que yo me enfocara más en eso. Una, cuando vino la pandemia, yo siempre estaba interesada en mi crecimiento personal. Eso ha sido algo que a mí siempre me ha gustado, pero no tenía las herramientas, no sabía bien cómo hacer, o sea, era así como, y por dónde empezar. Bueno, tenía el interés y una parte natural mía que yo siempre he llamado pues mi fe, mi, que son cosas que me han hecho ser diferente a mis padres, en el sentido de que yo siempre he sabido que las cosas van a estar bien, aunque parezcan que están mal, aunque la sienta que está mal. Siempre, mi mamá hasta se enojaba con eso porque ella, la realidad de su vida, claro, la realidad de su vida era completamente distinta. Entonces, a mí se me perdía algo y yo, bueno, pues se perdió, ¿qué voy a hacer? Y sigo para adelante. Ella, eso era, o sea, porque ella vivía con mucha carencia, porque cuando era niña no tenía ni zapatos y todas esas cosas. Entonces ella pues eso la siguió mucho tiempo hasta que murió, de hecho. Entonces cuando viene la pandemia, que yo no tengo trabajo ni ahí, conozco a Margarita, de hecho viene la posibilidad de hacer algo que yo nunca jamás en mi vida hubiera hecho, que es lo de tener una O sea, una cuenta, ser parte de una red de mercadeo. Y yo me sentía hasta avergonzada de ser parte de eso. Yo decía, Dios mío, pero bueno, estaba en la casa, no estaba feliz estando en mi casa, yo necesitaba hacer algo y yo soy una mujer muy trabajadora y empecé a hacerlo y me apasionó. Me gustó mucho más que la parte de ventas, que tuve que trabajarla bastante, porque la parte de ventas tenía que ver con mi ego, tenía que ver con mi con ese miedo al rechazo, al rechazo, todas esas cosas. Pero gracias a eso, ¿no? Pude confrontar esas emociones, pero mejor todavía me di cuenta de que habían unas herramientas que yo podía utilizar. Yo las busqué para ayudar a otras personas porque siempre me ha gustado eso. Entonces yo llamé a Margarita porque yo estaba pensando en mi equipo, en con todas esas mujeres que tenían unas historias, y yo quería que ellas fueran las número uno, y yo gozaba cuando ellas me decían que habían recibido un cheque de $4,000, de $5,000, de $6,000. Yo, Dios mío, gracias, me encantaba. Y yo, entonces, pues, sin querer, yo empecé a reconocer esas posibilidades y a utilizarlas para mí. Entonces, fue ahí Que yo hablé con Margarita y le dije: Margarita, yo necesito, porque, o sea, yo no sé cómo organizar mi tiempo, cómo, en realidad, cómo organizar mi vida. Siempre mi vida fue: bueno, qué es lo que viene, y yo playing by ear, como dicen, que tampoco tiene nada de malo, pero siempre es mejor cuando uno tiene en el GPS la dirección correcta, ¿no? Entonces, bueno, eso me ayudó, es lo primero, porque todos esos entrenamientos Me hicieron ver lo importante que era sanar.
Sí, mentores, gente que te guíe.
Todo eso para mí fue el resentimiento.
Es muy importante.
Sí, no, no, bueno, yo nunca me sentí resentida, la verdad. No, no resentida, pero sí, sí me sentía mi valor propio, mi autoestima, mi todas esas cosas.
Dice, eso es muy, esto es grande lo que estás diciendo, porque la gente te ve, oh my God, dice el blondette. En nuestra belleza latina, además guapísima, que ella esté diciendo que tenía baja autoestima, verdad. Las mujeres sufren más del síndrome del impostor. Tú, estando desde joven en la televisión, ¿tenías síndrome de impostora?
Por supuesto, y empecé a los 14 años, imagínate. O sea, yo tuve que apoyarme en eso para poder salir adelante. Pero imagínate que a mí siempre se me hizo mucho más fácil hablarle a una multitud que conocer gente nueva. Para mí, estar con, o sea, este escenario de ahora era hasta el otro día una cosa muy difícil para mí manejarlo, porque tiene que ver conmigo, con mi seguridad, con todas esas cosas, ¿no? Entonces, eso y mi deseo tan grande de tener una relación de pareja saludable, bonita. Yo decía, pero Dios mío, pero no entiendo. Yo la intención la tengo, tengo el deseo, o sea, hello, no puede ser que yo elija tan mal. Y entonces yo dije, en lugar de criticar y quejarme de la persona, déjame trabajar en mí.
Sí, exacto.
Y eso empecé a hacerlo y empecé a entender el significado del cambio que quieres ver en los demás tiene que empezar en ti, ¿no? Yo antes decía, claro, whatever, cambio que quieres ver en los demás tienen que pensar en ti. Y después lo entendí, y entendí que cuando uno trabaja en uno mismo y uno cambia, cambia todo. Uno atrae personas distintas, uno acepta personas distintas.
A mí me encantó una frase de Gisqui, dice: la única relación tóxica es la que uno tiene con uno mismo. Es cierto, todas las demás son consecuencias de esa relación. Cierto eso, porque entonces una mujer que se ama no permite que la maltraten, por decir un Claro, a mujeres que nos están escuchando que las están maltratando, una que, pero otras personas que hemos tenido más inseguridades, verdad, en algún momento podemos permitir eso, pero entonces en vez de decir cambien al maltratador, cambio yo, ¿por qué yo me metí en esta relación? ¿Por qué yo estoy permitiendo esto?
Y por cierto, Margarita, tú sabes que yo pensaba que cuando uno ya tenía, digamos, una autoestima más sólida, más saludable un buen trabajo, tienes a tus hijos, tu familia, tienes todo. Yo pensaba que eso era una mujer poderosa y que no había la posibilidad de que cayera en una relación tóxica o en una relación donde se sintiera pues atrapada. Y yo caí.
Claro.
Yo misma caí. Y lo peor era que no podía salir.
Sí.
Yo me sentía que yo— eso era imposible.
¿Te costaba decir no?
Me costó, claro, porque es que siempre una de las cosas más grandes que me pasaron a mí, por la que tomé decisiones terribles, bueno, gracias a Dios no tampoco catastróficas, pero terribles, como casarme con una persona que yo no quería, fue porque una vez habiendo dicho que sí, no sabía cómo salirme, cómo echarme para atrás, como si Como si eso fuera, bueno, quitarle valor a mi palabra. Y quizás de alguna manera pues sí, pero ¿qué vale más? O sea, tengo que ver la decisión que yo estoy tomando realmente, o sea, ¿está por encima de mi palabra de quererme, de mi palabra de valorarme, de mi palabra de agradecer el regalo más grande que me dio Dios, que es la vida? Sí, entonces a mí eso me costó mucho y entonces me ayudó también porque me ayudó también a ver y entender a otras mujeres y ver cómo tú puedes mirar a alguien que puede estar en la cima, puede ser la CEO de no sé qué, puede ser, bueno, lo que sea, la mujer más inteligente, la mujer más, no sé, Sí, buena, no sé. Y también puede caer en esa trampa. Y para mí es un mensaje importante porque yo creo que una persona de la que nadie espera que esté en una situación así se siente tan avergonzada. Creo que se le hace más difícil salir porque se siente que si sale la gente va a pensar que es una fracasada, que es una persona que no vale, una persona que no sirve, que olvídate, ya no va a tener más oportunidades y todo eso.
Dios, sabes cómo te entiendo. Yo le tuve miedo a decir no gran parte de mi vida, y hasta que aprendí, tengo derecho a decir no y tengo derecho a cambiar de opinión.
Exacto.
Y eso parece tan fácil, y uno dice, obvio, para mucha gente es obvio. Para las personas que hemos sido codependientes, que venimos de hogares donde han sido disfuncionales y nuestra autoconfianza ha sido dañada, es que no te sale la palabra no. Uno sabe que tiene, pero no te sale, ¿verdad?
Tu corazón te dice sí y tú ignoras. Es como cuando tú quieres, te dicen que vayas a una fiesta, ¿verdad? Y tú dices que sí, pero cuando llega ese día no querés ir, es que estás cansada, no quieres, o quieres, tienes tu deseo es compartir con tu familia, o quieres organizarte para la semana, lo que sea, no quieres ir. Entonces, ¿cómo es que a veces uno pone por encima? Yo sé que hay un compromiso, lo sé, pero uno puede llamar y uno puede ser honesto y uno puede decir, mira, sabes que yo tenía la intención de ir. Pero, ¿está mal hacer eso, Margarita?
No, no está mal. Es que tengo derecho. Yo siempre digo que todo se vale si se dice con cariño, ¿verdad? Puedes tener una amiga: mira, te quiero, qué lindo que me invitaste, de verdad tenía ilusión de pasar tiempo contigo, pero sabes que estoy agotado, hagámoslo en otro momento, ¿verdad?
Y eso puede caer también en la parte de prioridades, por ejemplo, digamos.
Claro, es que cuando tú le dices sí a algo, le estás diciendo no a otra cosa, y muchas veces por decirle sí a otros te dices no a ti, o a tu bienestar, o a tu familia. Y todas estas cosas no nos las enseñan.
Solo para agregar un tema medio interesante, aquí se puede diferir un poquito, quiero ver qué piensan ustedes, dale, dale.
Millenials, millenials viviendo.
Pero, ¿no sería mejor saber de que si no te interesa ir, decir que no desde un principio?
Ah, pues obvio, obvio. Lo que pasa es que dice Gis que se sentía—
Eso es lo que tú haces.
Sí, la mayoría de las veces trato de decir que no si no es una prioridad, porque no me gusta estar diciendo que no último minuto.
¿Y cuando te ha pasado lo que yo dije que haces?
No, sí, eso sí, ahí De acuerdo, de que hay alguna vez que es como una excepción, que en verdad no podés porque está enferma.
A ver, es que si tú dices sí y no vas a ir, estás mintiendo. Yo digo cuando uno dijo sí de corazón, porque el día que dijiste sí querías ir.
Ahí sí, de acuerdo. Yo digo cuando son problemas, cuando siempre decís que sí y después último minuto es como que, ay no, no sé.
O es algo muy importante, digamos que es tu boda.
Claro, no, por favor.
Y yo te dije, yo te voy a manejar hasta la altura.
No, por favor, no.
No te podés ir que no.
Claro que no. No, no, no, no, no, no tengo ganas de ir a tu boda, fíjate.
No, o sea, depende de la implicación.
Gracias por haberme pedido que sea la madrina, pero sabes qué, cambié de opinión.
No, no, no. Bueno, yo solo quería aclarar eso porque es importante tener palabra, pienso.
Claro, sí, pero hay momentos que si la consecuencia no es enorme y tú verdaderamente no te sientes que ese día no puedes, que estás agotado.
Por eso hablé de prioridades.
De acuerdo, prioridades.
Pero gracias por decirlo.
Solo quería aclarar para los que no están escuchando.
Pero déjame decirte, te estás buscando que te pregunte lo que es ser hija de Margarita Pazzo. Eso no está fácil.
No, no, no, porque ya salió la periodista.
Es fácil, pero me refiero que no, no, me refiero de que siempre tiene la razón en cosas así. Entonces por eso es como que está fuerte, es como que vengo y me quejo y es como que ya me dice algo que es como que sí, tienes razón, como siempre, mamá.
Pero te da muchas ventajas.
No, sí, obvio.
Pero ¿y en la escuela? ¿Eso no te causó problemas? Porque tener esas herramientas que te da una mamá como ella, eso no está fácil para los compañeros.
Bueno, yo también tuve una personalidad dominante como mi mamá. Soy una persona que dice sus opiniones y tampoco soy que soy muy follower, que se diga. Entonces sí, mi mamá siempre me enseñó como a decir lo que yo pensaba y a, ¿cómo se dice? Voice my opinion.
Sí, es que yo creo que todo uno tiene, y porque yo apagué mi voz muchos años, Gis, no tenía, no podía decir no, no era people pleaser. Hay dos extremos: el que no cumple su palabra y pasa por encima de todo el mundo, grave, pero también el que le dice que sí a todo el mundo y a todo, y yo de última, porque era incapaz de poner límites con amor y decir no puedo, no quiero, no quiero. Yo no podía decir eso, y uno tiene derecho a decir sabes que no quiero, me quiero quedar en casa, gracias por invitarme, qué lindo que me invitaste, pero hoy no tengo ganas de salir, ¿verdad? Oye, oye, ya que le preguntaste eso a Sophie, ¿Qué te dicen tus hijos? ¿Qué ha sido ser hijo de la famosa Giselle Blondet? ¿Cómo ha afectado para bien y para no también la vida de ellos?
Yo siempre traté de que mis hijos llevaran la vida más normal posible. De hecho, a ellos no les interesa, nunca les interesó estar en la televisión. Mi hijo es músico, pero por su pasión que tiene por la música. Mi hija, la mediana, mi Tormenta Tropical, es muy talentosa y muy bien pudo haber estado en este medio, pero ellos, la farándula esa, Nada de eso a ellos les interesa.
¿Te acompañaban a alfombras rojas ni eso?
Alguna vez a lo mejor me han acompañado, pero no es algo que realmente para ellos es importante. Al contrario, ha habido momentos donde, cuando estaban en el colegio sobre todo, no querían que yo fuera a la escuela porque pues se armaba el alboroto. Me empezaban a hacer preguntas o fotos. Y una vez mi hija se enojó muchísimo porque en el locker Y cuando el compañerito, un amiguito de ella, abrió su locker, había una foto mía con una así toda vestida. Yo nunca he sido así toda, imagínate si fuera así toda este.
Pero eres bien guapa, Giselle.
Pero andaba con un vestido de esos de alfombra roja, de hecho. Y ella estaba indignadísima. Ella llegó a la casa, que cómo era posible, qué falta de respeto, es mi mamá. O sea, y era en el locker el que lo tenía. Ella estaba indignada. Y así mi hijo también me celaba muchísimo de sus compañeros y todas esas cosas, pero fíjate, yo he tenido momentos donde yo les he pedido disculpas a ellos porque hay muchas cosas que no pude compartir con ellos porque no— porque estaba trabajando. Y otras decisiones que tomé que después ellos lo hemos hablado y ellos me han dicho, por ejemplo, los cambios de escuela, cambios de casa constantes, que ellos a lo mejor pues sintieron que estaban demasiado lejos de los amigos que por fin lograban hacer, o la estabilidad que ellos sentían a lo mejor en una casa, y yo me mudaba, me mudaba de país, me mudaba de— y entonces hemos tenido la posibilidad de conversar eso. Ojalá yo hubiera tenido esa posibilidad de hacerlo con mis papás y de y de sanarlo. Yo pedirles disculpas, decirles las razones que tuve, que qué pena que no me di cuenta, no lo pensé, esa parte que ellos me estaban expresando.
Qué bonito mensaje, Gis, porque muchas veces de pronto nuestros padres eran porque yo digo y punto, ¿verdad?
Claro.
Y que ahora los padres sepamos, no, nos equivocamos también, y también los padres le piden perdón a los hijos.
Y eso no quiere decir que eres menos madre, al revés, eres mejor madre, eres mejor. Para mí eres mejor cuando eres capaz de mostrarte como eres. Fíjate, yo escuché algo en estos días que salió en las noticias que me gustó mucho, de un papá que él se dio cuenta que el hijo le estaba haciendo bullying a otro niño en la escuela. No sé si viste esa noticia, pero, pero me gustó mucho el approach de ese papá. Y ahora que estamos hablando de los padres, el papá— y tú me dices si a lo mejor ustedes piensan que estaba equivocado— pero el papá, en lugar de castigarlo, en lugar de acusarlo, le dijo, lo puso en la situación del otro amiguito, le dijo: bueno, vamos a ver, imagínate que esto que tú hiciste él te lo hubiera hecho a ti, ¿cómo tú te hubieras sentido? Hablaron sobre eso. Y le dijo: bueno, mira, te voy a decir algo que creo que es importante, y es que nosotros siempre tenemos la oportunidad de regresar a ese lugar donde estuvimos, que hicimos pues lo que hicimos, y hacerlo diferente. Tenemos la oportunidad de pedir disculpas o de aceptar qué fue lo que hiciste y tratar de ver qué sale de ahí. Tú tienes esa posibilidad si tú la quieres. Y el niño tomó la posibilidad, un niño pequeñito, fue a la escuela, habló con el otro niño.
¡Qué belleza!
Se dio cuenta de que todo lo que él pensaba como que no, como que no, no era, era solamente un poco en su mente.
Sí.
Y él tenía unas tarjetas de Pokémon que son tan importantes para los niños, y él le regaló una al niño al que él le había hecho bullying. Y mejoraron su relación de amistad, mejoraron su comunicación. Y para mí, yo, mi opinión es que esa fue una lección para el futuro, para toda su vida, porque todos los seres humanos cometemos errores.
Exacto.
Y el tener la posibilidad de yo cometer un error y yo decirte, Margarita, si tú supieras, esto me cuesta un trabajo enorme decírtelo. Me siento tan y tan mal, pero es que si supieras que yo dije algo pensando de ti tal cosa, o pensando whatever, lo que sea. Ese paso es tan difícil, y que este padre le haya dado la oportunidad a ese niño de hacerlo, tan jovencito, para mí le está enseñando algo espectacular.
Y enmendar, pedir perdón y enmendar. Pues yo siento que la la cartita de Pokémon es como una manera, al niño seguro le costó, ¿verdad? Entonces es como una enmienda, no tiene que ser material, pero es un ejemplo de cómo puedo yo agregar valor a la persona que dañé.
También siento que aprender a reconocer nuestros errores es como que demasiado importante para crecer. O sea, si no aprendes a reconocer que no sos perfecto y que tenés defectos de carácter, como que nunca vas a mejorar como persona.
Sí, yo creo que cuando practicamos cosas así los papás Y bueno, los seres humanos, y nos damos cuenta del resultado. Creo que para mí, una vez más, la mejor manera de cambiar el mundo, la mejor manera de crear algo contagioso y diferente con el resto de las personas, porque cuando no hay nada mejor que como cuando uno está en la escuela, sacas un 100 en un examen, esa sensación, o cuando tienes una conversación difícil con alguien Y se entienden. Ese feeling, esa sensación es tan espectacular que si lográramos reproducirla, yo creo que lograríamos un verdadero cambio en los seres humanos.
Gis, tu hija casi se muere. Sí. Cuéntanos un poquito de eso.
Bueno, creo que la lección más grande que me ha dado mi vida, una tremenda lección de humildad en el sentido de que, bueno, Dios lo planificó todo para para que así fuera, porque obviamente la llevaron al hospital, que yo no quería que la llevaran, todo. Pero después me di cuenta.
Pero, ¿qué pasó? Cuéntanos, cuéntanos.
Que yo como trato de, es algo así como que celebro su renacimiento. Claro. Bueno, una niña, digo que es una niña, aunque Tiene 40 años, pero bueno, una niña muy sana, sin ningún tipo de problemas. Sí que le costó mucho quedar embarazada, y cuando por fin lo logra, a la semana está lactando a su bebé y tiene un ataque al corazón. O sea, es Realmente es lo que le llaman un SCAD, una disección espontánea de la arteria principal del corazón.
¡Dios!
Que le llaman widowmaker, o sea, un hacedor de viudas, porque es algo relámpago y es fulminante. Y además de que le da a un gran porciento de mujeres que están en el proceso del posparto, que entonces es como que difícil de reconocer. Son edades que tú no relacionas con problemas cardiovasculares y eso en una mujer, ¿no? Entonces yo iba para la casa, de hecho, esa mañana, ayudarlos y eso. Pero es que es increíble porque yo estaba ordenando fotos en el piso de mi apartamento. Yo vivía en Aventura. Y me levanté a hacer algo y tenía el robot este, sí, el que limpia. Y de momento siento que el robot está como estancado en algo, y cuando miro era mi celular. El robot estaba ahí pegado, y cuando lo agarro estaba la llamada de mi yerno. Sí, parece que él estaba llama y llama y estaba en silencio. Y cuando contesto la llamada, él me dice: te necesito. Andrea se la acaban de llevar al hospital, creo que tiene un problema con la cesárea. Yo pienso que tiene un problema con la cesárea. Yo ahora mismo voy para allá. ¿Qué hospital la llevaron? Me dice un hospital. Y pues yo voy para ese hospital, en el camino más largo de mi vida hacia el hospital.
Qué angustia.
Horrible. Llamando a todas las personas que yo pudiera conocer para ver quién me podía ayudar. Y entonces ella lo que me cuenta es que ella, bueno, se queda ciega en ese momento. No, ella tiene el bebé y ella trata de gritar y no puede. Siente que todos sus órganos se están encogiendo por dentro y un dolor inexplicable. Ella no sabía qué le pasaba.
Qué horror.
Y pierde el conocimiento, lo recupera varias veces. Y este, baby, con el bebé, ella todo el tiempo pensó que el bebé se había caído, pero el bebé no se cayó, gracias a Dios. Es grande, te digo, el bebé no se cayó porque ella logró ahí decir un poco el nombre de mi yerno. Él sale corriendo y agarra el bebé. Entonces ya ella está cayendo y él pone el bebé en el, en el cuna, pues, cunita. Y entonces Ella abre los ojos y ella le dice 911. Él llama al 911, llegan inmediatamente, se la llevan y la llevan a este hospital, el Kendall Regional, que siempre tuvo fama de ser, o sea, una cosa más horrible. Siempre desde que yo me mudé aquí, siempre como que era lo que yo escuchaba, que te lleven a cualquier parte menos a ese lugar. Y entonces bueno, ahí fue que la llevaron. Yo me fui al otro, al Baptist. Yo llego al hospital y cuando llego no está ahí, no la encuentran, no, no ha llegado la ambulancia. Un ángel que apareció ahí en el hospital, que es la de, se llama Vivi, que hace las relaciones de pacientes, ella me dice te voy a ayudar. Empiezan a llamar, a llamar a la gente del 911, emergencia, etcétera. Nada, nada, nada, nada. Y de momento aparece, estaba en el Kendall Regional, y yo a los gritos en el carro: no, no puede ser. Entonces estamos todos en la misma llamada y la de la emergencia me está diciendo que a ella la están llevando ahora mismo a hacer una intervención del corazón. Y yo: no, están equivocados, no, no, ella lo que ella lo que tuvo es una cesárea. ¡Tiene problemas con la cesárea! ¡No, no, no, están equivocados! ¡No hagan eso! Pensando que ya estaba en este hospital y que iban a hacerle algo en el corazón, cuando lo que tenían que hacerle era de la cesárea. Y entonces yo estoy llorando, bueno, ya te imaginas toda la cosa. Llamo a este doctor que es como de la familia y le cuento lo que está pasando, y él conoce a la directora de emergencias de ese hospital. Y la llama, llama de vuelta mientras yo voy a todo lo que es la luz, en sentido contrario, todas las cosas. Y de hecho ya yo había hecho mis pases con el hospital, yo había dicho, si ya está ahí es porque ese es el lugar donde tiene que estar. Ahí están los médicos, ahí está todo. Y cuando el doctor me llama y me dice, ella está malita. Ok, entonces tú vas a lo que da tu carro, yo voy, yo voy, o sea Es la desesperación y el doctor me dice: "Ya está malita". Y me empieza a explicar lo que tiene. Yo no lo puedo creer.
¿Y tú vas manejando?
Yo voy manejando. Yo no puedo creer lo que él me está diciendo. Entonces, bueno, ya llego a emergencia, estoy afuera, llamo a mi hijo y tengo que llamar a mi yerno para decírselo, porque él se quedó con el bebé. Y él cree que ella está en otro hospital y cree que ella tiene algo, un problema con la cesárea. Y yo, ¿cómo yo le voy a decir esto a él? Y lo llamé y le expliqué. Muy difícil, una llamada muy difícil. Pero después vino mi hijo y pude hablar con papá Dios y le dije, mira, tú sabes qué, Tú sabrás lo que tú haces, yo hago lo que tú quieras.
Te la entrego.
Yo te la entrego y yo me rindo, pero ella es tu hija y la mía también, y tú sabes que yo quiero que ella esté aquí y que ella tiene mucho por hacer. Acababa de ser mamá, su sueño de toda su vida. Y nada, entonces ahí entramos y estamos en la sala de espera Y llegó el Dr. Héctor Crespo, él entra a esa sala donde estamos esperando y ya yo sabía que mi hija estaba bien. Entonces yo digo, me lo habré imaginado, no lo sé, pero cuando dice yo sabía, lo sentiste en tu corazón, pero nadie te lo había dicho. Nadie me había dicho, pero yo vi las manos del doctor envueltas en una luz blanca.
Entonces, o sea, te lo imaginas como que una visión. Lo vio.
No sé si me lo imaginé, no sé si quería ver eso.
Puede ser Dios en tu corazón te está diciendo, it's okay.
Fue algo que me dijo, pero yo, yo lo vi tan clarito que yo sabía que ya estaba bien. Y él entró y me dijo, todo bien, todo está bien, todo está bien. Y sabes que lo que a ella le pasó, la mayoría de los médicos no tienen el conocimiento sobre eso. Bueno, yo he ido a mi ginecólogo, he ido a otros médicos, y bueno, se supone que un ginecólogo, un obstetra, sepa, porque es que le pasa mucho a mujeres que acaban de tener un bebé.
Y, ¿qué?
¿Un qué? ¿Un SCAT? ¿Qué es eso? O sea, no, pues da la casualidad.
Y le puedes decir a la gente que nos está escuchando cuáles son los síntomas por si, ¿verdad?
Es que los síntomas, pues, lo que es eso, es dolor, ese dolor, esa, esa. Yo lo que voy a decir es más allá de eso. Lo que lo importante para mí es que si tú sientes que hay algo que no está bien, no te debe importar lo que piensen los demás. Ya no te debe importar que piensen que eres histérica, que eres una exagerada. ¿Qué molestia le voy a causar a mis hijos, a mi marido, a mis amigos?
No, llama.
Ante la duda, saluda.
Exacto, me encanta.
Tú, eso es lo que tienes que hacer.
Es mejor ir al hospital y que te digan, ay, Giselle, no tenía nada, a que digan, ¿por qué no vino?
Prefiero el chiste, la ridícula esa, ajaja, me hizo ir al hospital, ajaja. Yo prefiero eso a llorar porque no ¿Por qué no fuiste? Entonces él me dijo que— ah, no, entonces sucede que él sabía lo que era un SCAD. Entonces cuando la directora de emergencia, que encima tiene una especialidad en cardiología, ella es directora de emergencia pero tiene especialidad, que ese era el hospital al que tenía que ir al hospital. Y lo llama, y entonces había otro cardiólogo de guardia, pero en ese momento no sé, estaba en el baño, estaba, no sé dónde estaba, que no contestaba el teléfono. Y ella dijo, pues voy a llamar a Héctor, que estaba terminando un procedimiento. Lo llamó y él dijo, cuenta conmigo, ahí voy. Fue, miró todo y dijo, eso es un SCAD, vamos. Y le hicieron el procedimiento Si no, le hubieran hecho una operación de corazón abierto, hubieran hecho mil cosas más, que gracias a Dios porque no fue así. Entonces él me dijo: todo está bien, lo único es que ella piensa que el niño se cayó. Y ella, sin anestesia ni nada, le hicieron todo lo que tuvieron que hacerlo. Ella estuvo perfecta. Lo único que ella repite es: mi hijo, mi niño, mi niño se cayó, mi niño se cayó. Y nosotros: "No, el niño no se cayó". "OK, entonces ahora yo te cuento cómo está, qué pasó, todo, déjame ir que tengo que decirle a ella que el niño no se cayó".
Sí.
Y él fue, le dijo y después vino, me explicó todo y cuando yo entré a verla, porque es que esa es la otra cosa, que es que, o sea, uno como mamá, yo pienso que yo tengo que estar la más fuerte de mi hija porque Tengo que, no puedo estar ahí llorando para ella. Al contrario, abrí esa puerta y la vi y le dije: mi amor, gracias por haber decidido quedarte aquí, y tú no sabes la alegría que a mí me da verte. No sabes lo feliz que yo estoy de verte. La abracé, y qué niña para ser fuerte. Es mayor que tú, Sophie, pero qué niña para ser fuerte. Ella estuvo una semana ahí que no podía mover los brazos ni las piernas, nada, porque había una máquina que que estaba bombeando su corazón y ella no se quejó ni un segundo. Y fue algo increíble porque nosotros siempre hemos sido una familia muy unida, pero nos recordó lo unidos que somos y el sistema de soporte tan grande que nosotros tenemos. También nos recordó el valor que para nosotros tiene la fe y el poder de la oración.
Así que qué bonito testimonio.
Es algo, sí, nada es imposible.
Sí, y también saber que la vida te puede cambiar en un segundo. Yo lo perdono más adelante, yo lo llamo otro día, y es hoy. Uno no sabe por qué un ser querido se te puede ir en un segundo, no irse a dormir bravo. Eso me lo ha dicho mucho mi esposo, siempre te dice no, no se puede dormir bravo. No, no, no, él siempre me ha dicho: no nos podemos ir a dormir bravos.
Yo molestándote, Marianita.
A veces me dan ganas, pero no ahora. Pues porque es que la vida te puede cambiar en un segundo.
Así es, verdad, así es.
Es cierto, mis papás siempre iban a mi cuarto antes de dormirnos, y nos habíamos medio peleado ese día cuando yo era adolescente.
¿De verdad?
Aborrecente.
Aborrecente. A que nos reconciliáramos antes de irnos a dormir.
Sí, la verdad que son ustedes, son especialistas. Oh my God.
Bueno, yo creo que el tema que nos puso aquí ya ya que estamos hablando de Dios contigo, es la salud, porque tú también padeciste el síndrome de Asia. Sí, yo también tuve prótesis, me las quité. Te quiero contar algo que nunca he contado y quiero ver si en el año 2001 a mí me dio un ataque de pánico y yo nunca había hecho este link. Ese fue el año que yo me puse las prótesis y eso hasta hace poquito que yo empecé a oír el síndrome de Asia. Ese fue el año que yo empecé con mareos. Como con una niebla mental, con taquicardia, y después ataque pánico, depresión, y verdad, y muchos años luchando con eso. Y hasta hoy como que se está hablando de esto. Y es como, ¿cómo te, cómo tú encontraste que lo que tenías era síndrome de Asperger? ¿Qué síntomas tenías?
Bueno, tenía la mayoría de los síntomas que tú estás mencionando, pero aparte de eso mi hija también los tenía. Y bueno, con mi hija la llevábamos a todos los médicos posibles y nadie podía determinar qué era a lo que tenía. Y eso, ella unas migrañas insoportables, a mí, bueno, yo no dormía bien, era como mis dolores, que de hecho todo lo de la artritis se me mejoró increíblemente cuando yo tomé la decisión de quitarme las prótesis. Para que tú veas que Dios otra vez, y mi fe, todo eso obra. Yo estaba haciendo como un research para ver cuál era el médico que yo debía utilizar para esto. Y de momento me llama mi hija y me dice, mami, mi hija, a la que yo les regalé las suyas.
O sea, estamos hablando de las prótesis mamarias, ¿verdad? Para que entiendan, porque los hombres pueden decir, ¿de qué están hablando?
Pero yo le hice ese regalo, imagínate, porque ella pues había estado bien gordita y había bajado de peso, y entonces como que ella quería ponérselas para sentirse mejor. Y yo se los regalé. Después me sentí la más culpable del mundo. Entonces ella me dice: mami, si supieras que creo que tengo esto, estuve haciendo research. Y yo ahí, bueno, yo también. Me dice: bueno, pues entonces yo, este es el doctor que he conseguido, que es el mejor. Y era el mío. Y yo, ok. Entonces la acompaño a ella Y ella se opera primero y fue increíble, increíble el cambio, increíble. Pero es inmediato además, lo único que es inmediato, pero luego tienes como un, es como si fuera un proceso de detox donde puedes sentirte hasta peor que cómo te sentías antes. Y entonces bueno, y yo lo hice y no me arrepiento, la verdad es que no me arrepiento. Y lo más bonito de esto es la cantidad de mujeres, la cantidad de mujeres a las que gracias a esta experiencia que pues yo he vivido y que tú ahora pues estás contando, hay tantas otras mujeres.
Bárbara Bermúdez también dio una tremenda testimonio. Creo que le dio horrible y le daban como unos brotes en la piel y tú no entiendes qué tienes y tú vas a menos.
Y vos qué sentiste al quitártelo, ¿sentiste algún cambio?
Es que inmediatamente te sientes mejor. Sí, no sé cómo explicarlo. Bueno, la piel se ve diferente. Sí, es que es un cuerpo extraño dentro de tu cuerpo.
Sí, yo sé, mira lo que era. Yo jamás me voy a hacer eso.
Si lo tengo ahí, te enseño el video donde el doctor tiene los implantes y primero están como verdosos, como una cosa horrible, ¿no? Y después tiene lo que le llaman la cápsula. Que yo siempre pensaba que era una cápsula que te ponían ahí para poner el implante adentro. No, la cápsula es algo que tu cuerpo produce tratando de defenderse de eso que tú le has metido que no le pertenece.
¡Qué locura!
Y esa cápsula a veces se contrae, se— o sea, tiene que— la mía, a mí me pasó una de ellas y yo tenía una me llegaba hasta aquí, hasta debajo de la axila.
Ay, Dios, qué dolor.
Realmente, bueno, me tocó además de pensarlo.
No, y ahora se ponen glúteos que, o sea, si estas son de este tamaño, y mujeres que nos están escuchando, si tú te has puesto algún implante, estás sintiendo cansancio, niebla mental, tienes brotes en la piel, no puedes dormir, ¿verdad?
Mamá, ¿y vos has sentido algún cambio desde que te lo hiciste?
¿Sientes depresión?
Pues yo creo que yo siento más energía física, pero también yo estoy con un tema hormonal ahorita con la menopausia, entonces No sé qué viene de dónde.
Y a mí me dio COVID, y el COVID me, el COVID no, o sea, no fue tan amable conmigo en el sentido de que, de que como que reactivó ciertas cosas de la artritis que se habían ido.
¿Y la artritis te empezó después de ponerte los implantes? Sí, sí, que hay muchas cosas que la ciencia está empezando apenas a atar cabos.
Verdad que tiene que ver mucho el síndrome de asia con el desarrollo de enfermedades autoinmunes, inflamatorias.
Exacto.
Y eso que yo tengo esas enfermedades autoinmunes y no tengo implantes, así que imagínate las personas que ya son prone a tener eso y se ponen implantes, sí, sí, sí, debe ser todavía peor.
Yo no sé cómo piensa tu generación, pero la mía, yo recibo tantas llamadas de mujeres que están preocupadísimas por cómo le van a quedar los senos. Sí, yo lo que les puedo decir es que yo estoy encantada con mis senos. Yo también, es más, yo no tengo sorpresa. Yo estoy encantada con mis senos, yo no tengo ningún problema, no tuve problemas con la cicatriz. Yo creo que nosotras le damos más importancia a eso que los hombres.
Yo creo que mi generación ya se está empezando a dar cuenta. Es más, no, porque los hombres, aparte, como, o sea, yo creo que la generación de mi mamá, al menos Era como una moda, todas, no, las amigas solo son, creo que solo tengo como 2 o 3 amigas de todo mi grupo del colegio que se las han hecho, y éramos como 18, sí, ¿me entiendes? Entonces ahora sí son la minoría, pues qué bueno.
Sí, bueno, una última cosa que quiero hablar contigo de salud, Gis, porque es que ustedes pónganle la edad a Giselle, por favor, porque ninguno piensen ahorita y ninguno la va a pegar. Gis, cuéntanos cuántos años tienes.
Tengo 60 y qué, y qué, y qué, y tengo una edad que yo pensaba que iba a ser horrible.
Pero pareces de 40.
Bueno, gracias, pero te lo juro que me gusta más el 60 que 59, por ejemplo, o 60 que 58. Es como que es una edad para mí que estoy en este medio y eso, que siento que me da tantas oportunidades. Es como que me da la oportunidad de compartir todo lo que yo vivo y he vivido, etcétera, con otras personas. Y eso a mí me encanta porque es que es como parte de quién yo soy naturalmente.
Total.
Entonces me da como esa oportunidad y como que además como que la gente dice, ah, ¿verdad? Sí, porque a los 60 como que te crees más, te crees más.
Y te importa menos lo que la gente piensa, ¿o no es así?
Claro. Fíjate, es un ejercicio porque no ocurre exactamente en el 60, pero empieza ahí, empieza bien rápido, bien rapidito esa sensación de que, ¿qué dijo? Ah, ok, perfecto, no me interesa arreglarlo con esa persona. Pero eso va poco a poco, no es que pase exacto. Si tienes cumpliendo 60, date un break, que eso viene.
Mira, yo siempre digo que entre más alto el piso, mejor es la vista. Yo tengo 51 Y yo me siento más feliz, más segura de mí misma, con más proyectos. Porque también tal vez en la época de nuestras abuelas, una señora de 50 pues casi que ya la gente la enterraba, no, esa ya vivió.
Yo estoy empezando.
Exacto, tú estás llena de proyectos también.
Sí, total. Y siempre estoy pensando en qué es lo próximo que voy a hacer, y este es O sea, todo para mí es como, por lo menos en este momento de mi vida, es un aprendizaje con conciencia.
Sí.
Es como que me propongo que cada cosa que yo hago, cada cosa que vivo, que algunas pues son fáciles, otras son retantes, tomarlas como eso, como es una tremenda oportunidad para ver cómo puedo tomar esto mejor, cómo puedo tener una actitud distinta ante cosas que a veces nos duelen. Somos seres humanos.
Sí, me encanta. Yis sigue cosechando éxitos. Tienes un programa de televisión ahorita, La Mesa Caliente, que es un mega hit.
Gracias a Dios, sí nos va muy bien.
Esperamos tu próximo libro. Estamos todos atentos a lo que seguirás haciendo. Un mensaje final, si tus nietecitos, que son una belleza, Liam, Sofía y Olivia, verdad, Si tú les pudieras decir una cosa, tanto camino que has recorrido, tanta sabiduría que tienes para ser felices, ¿qué les dirías?
Que si yo pude, tú puedes.
Eso, yes.
Soy hábil, completo y capaz.
Soy saludable, soy abundante, soy imparable. Cambiemos las preguntas y la vida cambia. La calidad de tu vida depende de la calidad de tus preguntas.
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