El ponente reflexiona sobre la dificultad de rechazar peticiones y explica que lo importante no es solo el "no", sino cómo se dice. Con el ejemplo de declinar una invitación a la playa, muestra que se puede negar con asertividad, gratitud y cariño sin ser agresivo.
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¿A quién le cuesta decir no? A mí sí que me costaba. Y saben qué, no es lo que digo, es cómo lo digo. Amiga, vamos al mar. El solo hecho que me invites ya me hizo el día. Sí, te quiero, te lo agradezco, pero sabes qué, vine a 5 reuniones de trabajo y no puedo. No estoy siendo grosera ni agresiva, estoy siendo asertiva. Muchísimo que fuera que le diga: oigan, a esta yo que hubiera su casa del mar. No, entonces uno siempre, si lo dices con amor, la gente siempre, bueno, la mayoría de gente que, y ahí donde le dice Hermana, ya te dije que no, ¿verdad? La próxima. Pero hay que aprender a decir no cuando hay que decir que no.