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En este monólogo, la ponente relata una experiencia de la infancia en la que una profesora la calificó de "bruta" para las matemáticas, lo que generó una creencia limitante que la acompañó toda su vida: "no me entran los números". Reflexiona sobre cómo esa autopercepción se formó y cómo, como adulta, decidió reprogramar su mentalidad diciendo "Los números son mis amigos". A partir de ese cambio, empezó a llevar un registro diario de sus finanzas (ingresos, egresos, caja) y destaca la importancia de conocer los propios números para alcanzar la libertad financiera. Concluye expresando su amor por los números y su compromiso con la educación financiera personal.










