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En este breve monólogo, el autor sostiene que la notoriedad supera a la calidad del producto en cualquier negocio. Repite la frase "Promueve, promueve, promueve" y enfatiza que la clave del éxito es la exposición constante ("ojos, ojos, ojos"). Usa a McDonald’s como ejemplo ilustrativo: aunque sus hamburguesas no sean las mejores, la cadena vende más porque es la más conocida. El mensaje central es que la visibilidad y la promoción son más decisivas que la superioridad del producto.










