Los HORRORES que Viví en la ÉPOCA de PABLO ESCOBAR

En este episodio del podcast "Yo Pude, Tú Puedes", el anfitrión (SPEAKER A) entrevista a Margarita Pasos, quien narra con detalle su infancia y adolescencia vividas en Medellín durante la era de Pablo Escobar. Margarita describe la atmósfera de guerra: bombardeos, carros bomba, asesinatos de sicarios, la muerte de su novio y de varios amigos, y la constante amenaza de violencia que obligaba a la población a vivir bajo miedo extremo. Relata también abusos en su niñez (una nana que la encerraba bajo amenaza de matar a su madre), la pérdida de su hermana y la necesidad de proteger a los niños de secretos peligrosos. A medida que la violencia se intensifica, la familia intenta mantener una vida “normal” asistiendo a discotecas y restaurantes, pero la realidad de la guerra permea todo. Margarita explica cómo, tras emigrar a Miami, buscó sanación a través de terapia, psicología y técnicas de reprogramación mental como EMDR, y ahora promueve la salud mental mediante su curso de Reprogramación Mental para el Alto Desempeño. Además, critica la glorificación de Escobar y los tours narco‑turísticos, señalando la existencia de monumentos a las víctimas y pidiendo que la historia no se convierta en entretenimiento. El episodio combina testimonios crudos, reflexiones sobre resiliencia y un llamado a la acción para dejar de romantizar a los narcos y buscar ayuda psicológica.
Chapters
En el próximo episodio de Yo Pude, Tú Puedes, me senté con mi mamá Margarita Pasos a hablar de algo que ella nunca había querido hablar.
Hay una fascinación con Pablo Escobar en el mundo que yo creo que a los paisas nos duele. Eran cosas muy fuertes y yo hoy lo cuento es porque quiero que la gente deje de glorificar a estos personajes.
Vos tuviste un novio que lo mataron, ¿no? Nos contará los momentos dramáticos que están guardados en su mente.
El día que explotó la primera bomba, yo salí corriendo, mis hermanos también, mi papá y mamá. ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? Nos están bombardeando. Estamos Estábamos en una ciudad en guerra. El tipo nos saca una pistola, así, yo no mato, no mato. Y una persona mordaz ahí así amarrada, pero en media calle. Y me decían que si yo contaba, mataban a mi mamá.
¿Y qué es lo que podemos aprender cuando estamos viviendo momentos traumáticos?
Creo que eso está sanado. Yo lo lloro porque sigue siendo doloroso recordarlo.
Es que ustedes vivieron una guerra.
Siempre he evitado el tema porque creo que el tipo no lo merece.
Lo que viví en la época de Pablo Escobar con Margarita Pazos. En el próximo episodio de Yo Pude, Tú Puedes.
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Bienvenidos a otro episodio de Yo Pude, Tú Puedes. Hoy tengo una invitada mega especial, Margarita Pasos. Bienvenida a este podcast.
Hola, More, ¿cómo estás? Hola a todos.
Bienvenidos.
Feliz. Aquí me puso Sofía al banquillo. Vamos a ver, ella dice que me va a preguntar cosas que nadie me ha preguntado.
¿Tú crees? Sí. OK, porque todo el mundo conoce tu historia de Yo Pude, Tú Puedes, o sea, de que tuviste ataques de pánico, que fuiste una persona ansiosa, hipocondriaca, y que lo superaste, que mi papá te ayudó con libros de superación personal, con un curso de Tony Robbins, etcétera, etcétera, etcétera.
Pero un libro de Chad Helmstetter.
OK, un libro de Chad Helmstetter.
Sí.
Pero siento que nunca has profundizado mucho sobre tu niñez, tu familia, o sea, más storytelling sobre todo lo que viviste en Colombia, en tu adolescencia. Entonces me gustaría que me contaras, pues que nos contaras a la audiencia, tú puedes, sobre tu historia más detallada.
Bueno, hay una razón por la que a mí no me gusta hablar de eso. Hay una fascinación con Pablo Escobar en el mundo. Que yo creo que a los paisas nos duele porque el tipo fue más de allá de una telenovela, una serie. El otro día estaba en Aspen, Colorado, y había un bar que se llamaba Escobar y tenían fotos de él. Y uno dice, esta gente no tiene ni idea quién está poniendo.
Es como estar glorificando a Hitler, pues, en las paredes.
No tienen ni idea. Entonces siempre he evitado el tema porque creo que el tipo no lo merece y porque fue un momento de mucho dolor. Y creo que Medellín tiene mucho más para ofrecer hoy, pero por la insistencia de mi hija, señores y señoras, les voy a contar un poquito. Bueno, yo, la parte de mi niñez, niñez en realidad fue muy bonita, fue una finca de mi abuelo. La parte difícil fue una nana que me encerraba, que eso sí lo he contado, sí, en un baño, verdad. Y eso me creó claustrofobia porque era una finca donde, aunque yo pasaba muy feliz cuando venían mis primitos el fin de semana, las vacaciones, en semana vivía muy sola porque era una finca, no tenías vecinos, no tenías amigos. Y mi hermana Marcela, la más mayor, que murió cuando tú tenías 11 meses, murió Marcela. Ella ya estaba en primaria, yo estaba en preescolar, entonces yo llegaba más temprano y esta nana me encerraba y me dejaba salir antesito de que llegara Marcela. Yo por eso asumo que yo estaba en preescolar y ella en primaria, entonces yo debía tener como unos 4 años y Marcela tal vez 6, 7, ella era 3 años mayor que yo, 7, y me decían que si yo contaba mataba a mi mamá. Que si yo contaba a Marcelo, a mis papás, que ella me encerraba, ella iba a matar a mi mamá.
Eso te debía dar como mucho pánico como una niña chiquita.
Claro, además pues me daba pánico el encierro, pero me daba más pánico que mataran a mi mamá. Por eso a los niños hay que ayudarles mucho. Si alguien te dice que no, que guardes un secreto, si te dicen que si cuentas el secreto van a matar a un ser querido, hay que enseñarle a los niños, ¿verdad? A protegerse de eso y a contarlo. Pero la historia complicada, digamos, de violencia, la que De pronto nos traumó a muchos y nos dolió a las personas que crecimos en esa época. Empezó ya mi adolescencia, nos mudamos a Medellín porque esta finca era en San Antonio de Prado. Hoy ya eso es ciudad, la ciudad ha ido creciendo, pero eso era como las afueras, ¿verdad? Era todavía como muy campestre. Ya nos movimos, digamos, a un condominio donde teníamos vecinos, amigos. Y empezó, me acuerdo el día que explotó la primera bomba en Medellín, que fue en el edificio Mónaco, era un edificio Pablo Escobar. Porque la bomba era dueño de ese edificio y la bomba era contra él, porque había una guerra entre el Cartel de Cali y el Cartel de Medellín para dominar, me imagino, que el mercado americano de las drogas, verdad. Era una guerra que se sabía, el Cartel de Cali y el Cartel de Medellín están en guerra. Entonces oímos un— yo no te puedo explicar el estruendo, es muy difícil, es algo que tú nunca has oído, es un estruendo que uno siente como que se te vino el mundo abajo. Y yo creo que la primera bomba, habría que googlearlo, yo no googleo estas cosas ni me preparé para esta entrevista para dar datos históricos, porque como te digo, es un tema que lo eliminé de mi vida. Pero yo creo que tendría 12 o 13 cuando explotó la primera bomba, le calculo yo, porque estábamos en la casa. Esa bomba se la pusieron a Pablo Escobar en su edificio.
¿Él vivía ahí o solo era dueño de ese edificio?
Pues yo me imagino que Pablo Escobar debía tener 100 casas, fincas, pero se sabía que el edificio era de él y que todos los pisos La gente cuenta, yo no sé, uno no sabe hasta dónde hay leyendas urbanas. Sí, pues yo no soy una experta en Pablo Escobar, verdad, pero, pero lo que la gente decía era que un piso eran el servicio de la casa, pues la cocinera, los chefs, no sé, el otro piso eran los guardaespaldas, que el otro piso, esos eran los cuentos, verdad. No era un edificio alto, el edificio Monaco tendría 10 pisos tal vez, era un edificio blanco en el Poblado, que es la mejor zona de Medellín. Y yo, mi casa, la casa de mis padres, era tal vez a 7 minutos en carro de ese edificio. Entonces yo me acuerdo oír un estruendo que no te puedo explicar. Acuérdense, no había internet. Fue una cosa, yo salí corriendo, mis hermanos también, mi papá y mamá. ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? Mi papá prendió un radio de pilas porque fue un solo estruendo, verdad, pero tan fuerte, como un ruido que todo vibra, pero tan fuerte.
Wow.
Que uno no es un terremoto, como guerra.
O sea, escuchar una guerra. Nos están bombardeando.
Estamos bombardeando la ciudad. Lo que yo pienso que habría sentido una persona en la Segunda Guerra Mundial, como que toda la ciudad tembló. Eso fue lo que yo sentí, lo que teníamos mucho miedo. Decíamos qué pasó, nos están bombardeando, qué es esto. Y entonces esperando que las noticias con un radio, literal, me imagino que como 10 minutos hasta que, porque acuérdate, no habían celulares, no había internet. O sea, de verdad me imagino que los periodistas no había esa inmediatez. No me puedo imaginar el pánico de no saber Horrible, fue mucho miedo, fue mucho miedo. Y finalmente dicen pusieron un carro bomba. Esa era la modalidad normal, eran los carros bombas. Entonces ponían un carro lleno de dinamita, un carro parqueado, verdad, y nadie se— hasta que la vaina volaba. Y nosotros, mi papá me llevó a verlo, eso quedó un hueco enorme en el— o sea, es tan fuerte la onda explosiva de un carro bomba que hace un hueco en el pavimento, un hueco profundo.
Y eso era cerca de tu casa.
Como a 7 minutos en carro, ¿verdad? Eso igual es cerquísima. Sí, cerquísima. De hecho, las puertas de abajo, de abajo en mi casa había como una puerta doble de vidrio para salir al jardín. Esa puerta se abrió. A mucha gente se le quebraron los vidrios de la casa, ¿verdad? Por la onda, ¿verdad? Expansiva de la explosión. Y ahí siento yo fue el momento que empezó como la conciencia de estamos en una ciudad en guerra. Y de ahí vivimos muchas cosas. Para nosotros ya llegó un momento en que era, yo no sé si la palabra es normal, pero me acuerdo el papá de mis vecinas que nos llevaba al colegio: no miren para la derecha.
¿Por qué para la derecha? Y si a ti te dicen no miren para la derecha, obviamente ves para la derecha.
Había ese hombre, no se me olvida a mí, era un cadáver de una persona amordazada y así amarrada, pero en media calle, como decir aquí en la US 1. Ay, Dios mío, íbamos para el colegio y el tipo así muerto Claro, y amordazado, amarrado, y como en cuclillas.
¡Qué horrible!
Son imágenes que no se te borran.
Y estabas súper pequeña, adolescente, ¿no?
Adolescente, sí, porque ya estábamos como en bachillerato.
Yo creo que vos me contaste que ustedes igual salían a los restaurantes.
Salíamos, discotecas, es una locura. Yo no entiendo cómo, pero bueno.
Bueno, porque trataban de mantener una vida medio normal a pesar de todo.
Sí, claro, es que el ser humano tiene una capacidad de adaptación y de resiliencia. Subíamos a fincas, me acuerdo una vez íbamos con unos amigos que estudiaban medicina, Nicolás, ¿conoces a Nicolás? Sus compañeros, ellos estudiaban medicina, íbamos varios carros para una finca, entonces subíamos por una parte que era como un atajo, no existía el túnel de— ahora Medellín tiene una infraestructura tremenda. Y era un caminito como oscuro que le dicen la cola del zorro, todavía existe. Y parar los 3 carros, ¿qué pasó? Porque no habían celulares, acuérdense, bajar el vidrio. ¿Qué pasó? Le decíamos muñecos a los muertos. Hay 2 muñecos ahí. Entonces nosotros dijimos los médicos, verdad, que los muevan, porque nos asustamos. Era un lugar oscuro y ya no queríamos echar para atrás. Todos los médicos se bajaron, un muerto para allá, otro muerto para allá, y arranque. ¿verdad? Entonces ese tipo de cosas.
¿Y se les decía muñecos porque era tan normal hablar de ellos?
No sé, era como un slang, pero de pronto la palabra cadáver era muy fuerte. Yo no sé por qué, pero eran cosas como que uno decía: "Allá hay un muñeco". Y ya uno sabía. También me impactó. Uy, es que se me está mirando. Dejé así.
Bueno, entonces continuemos a cuando te vas de Medellín y cómo logras superar todo esto que viviste. O sea, ¿cómo es tu historia una vez que llegas a Miami?
Pero hay unas partes más fuertes todavía.
Ah, bueno, ¿quieres seguir hablando de eso?
No, pues para que la gente entienda también lo que vivimos las personas que estamos en una ciudad en guerra.
OK.
Y hoy en día hay ciudades en guerra, ¿verdad? Y a mí me duele mucho. Y la guerra no saca nada bueno de ningún lado.
Sí, de acuerdo.
Pero ya más grandecita, en la universidad esto seguía. Ya había muchos sicarios de Pablo Escobar que mataban por cualquier cosa. Entonces era común que tú tuvieras un entierro Cada mes y medio de algún amigo que lo robaron, lo mataron por robar el carro, lo mataron por—
vos tuviste un novio que lo mataron, ¿no?
Sí, sí, fue mi novio como de los 13 a los 18 años y lo mataron. Sí, cuando eran novios habíamos tenido una pelea ese fin de semana y él no me llamó y yo dije, ah, pues de verdad se enojó. Pero yo ya esa relación ya estaba muy deteriorada, pero el lunes yo decidí llamar y dije, este no me ha llamado en todo el fin de semana. Y entonces llamo y me contesta la mamá y me dice Digo yo, Vicky, ¿está David? Y me dice, David no está contigo. Digo, no, yo no lo he visto en todo el fin de semana. Me dice, él no ha venido aquí en todo el fin de semana.
Y como no habían celulares, solo las suyas que estaban.
Y como la mamá dijo, si Margarita no ha llamado, debe estar con ella en una finca, como a veces mis papás nos llevaban a una finca. Entonces empezamos a llamar a todo el mundo, a los amigos, ¿verdad? ¿Quién ha visto a David? Nadie. Entonces ya por la tarde, yo me acuerdo el momento en que ella me avisó, que llamó. En las casas de nosotros había como una mesa del teléfono. Sí, y me acuerdo que sonó el teléfono y yo contesté. Me dice Vicky, ya apareció. Y le digo yo, ¿dónde? Me dicen la morgue.
Ay no.
Y eso fue, eso fue bien fuerte. Esa y otras muertes de amigos muy cercanos. Me acuerdo mucho de Richard, un amigo que yo quería mucho, que estaba en medio de una balacera y le dieron un tiro en el pie y él salió corriendo al carro asustado, obviamente, para ir al hospital, pero se desangró y se murió en el carro.
Ay no.
Sí, y era un gran amigo. Bueno, y de pronto lo que más nos golpeó en Medellín fue una de las cosas más fuertes, además de las bombas que explotaban todo el tiempo, todo el tiempo. Cuando sonaba una bomba, lo único que uno esperaba era que avisaran por radio dónde había sido la bomba, para uno saber: fue por donde mi abuelita, fue por donde mi tía, quién está. Es que sin celulares, para que la gente entienda esto, verdad, es mucho más complicado. Pero había un lugar donde nosotros rumbeábamos, íbamos de fiesta los adolescentes, que se llamaba Oporto, y era como una casa campestre vuelta bar, y yo iba con frecuencia. Ese sábado no estaba ahí, no sé por qué, porque tampoco era, pero iba con frecuencia. Y hay una masacre, entraron unos hombres, sacaron a todos los niños porque eran niños, los acostaron en el parqueadero, dejaron a las niñas adentro.
¿Y vos estabas ahí adentro?
No, no, no, no. Pero, pero igual te golpea porque es tu ciudad, es donde vivas. Y es como que te digan ahorita aquí en Miami, oíme, aquí el restaurante que vos vas, o la, como que duró la semana pasada. Exacto. Y entonces a los niños los acostaron en el parqueadero y los mataron a todos, y a la niña la dejaron adentro. Ahí estaban los hermanitos de dos amigos míos, que hoy en día los papás hicieron una fundación porque los dos se llamaban Camilo y se llama No sé si todavía existe, creo que sí, la Fundación Los Camilos. Pero era, era, era—
¿Y los mataron por qué? O sea, eran civilians, solo—
Eran niños que estaban pasando un sábado de fiesta con sus novias, probablemente, en un bar.
Pero, ¿cuál era el propósito?
No sé, amor, no, nunca lo ha— Yo creo que si hoy lo googlean de la masacre de Oporte, habrá explicaciones y entrevistas, yo no sé.
Ok. Pero para resumir, era una guerra entre dos banderas.
Era una ciudad en guerra, era una ciudad en guerra y Tal vez había ahí alguien que querían matar, no sé, la verdad no sé. Yo, como te dije, yo eso es como un capítulo de mi vida que dije. Es más, una vez en el Aspen Institute, me da vergüenza, me da risa porque me avergüenza, me piden que hable este tema y yo no me gusta, pero tenía al lado una, un sobreviviente de la masacre de Ruanda, ok, y una persona que escapó de ISIS, verdad.
Wow.
Si yo decía, lo mío es Nada, confites, verdad. A la par de lo que esta gente lloró, y yo muy— sí, yo hablo, yo cuento, verdad. No pude hablar desde que estas dos personas empezaron a hablar. Yo lloraba, terminé secándome con mi bufanda y fui la única que no pudo hablar. Y yo, ay, qué pena.
Pero ahí te das cuenta donde todavía esas cosas, verdad, te tocan, te dejan bien traumado. Sí, también, mamita. Bueno, creo que sos un gran ejemplo para todo el mundo que nos está escuchando, que ha pasado por un evento traumático así de violencia. O sea, todo lo que has superado, creo que muchas personas no sabían.
No, yo no fui la peor. Es que eso es lo que a veces uno siente pena, porque no hay gente que perdió más.
Sí, obvio, pero eso no quita que a vos también perdiste mucho, ¿me entendés?
Sí, hay un amigo Él sabe quién es, que lo quiero mucho. Llamaron a la mamá a decirle que habían encontrado a su hijo muerto con un NN. Un NN es un cadáver no identificado. Que si podía ir a identificar a su hijo y al NN, y el NN pues para ver si ya conocía al otro muerto. Y el otro muerto era su otro hijo. Eran sus dos hermanos de mi amigo. Entonces Eran cosas muy fuertes. Y yo hoy lo cuento es porque quiero que la gente deje glorificar a estos personajes tan espantosos. La gente dice: pero Pablo Escobar regalaba casas. Claro que regalaba casas a sus sicarios, probablemente, o a gente que lo cuidaba. Tenía nada más que hacer con la plata. Sí, pero por eso lo cuento, porque A veces esas narconovelas y las peleas, a veces hay gente que hasta le parecerá cool, lo glorifican y les parecerá cool, ¿verdad? Y en Medellín hace poco vi una cosa que me gustó mucho, no sé quién lo hizo. Fui a pasar por el edificio Mónaco, creo que llevé a ti y a tu hermano a mostrarle. Primera vez que yo digo voy a pasar por ahí. Y antes la gente, porque en Medellín hay tours de Pablo Escobar, ¿verdad? Y me gustó ver que hicieron un monumento a las víctimas, porque antes era como, ay, el tour de Pablo Escobar.
Y también un monumento a los policías, creo que dieron su vida.
Y pusieron, puede ser, pero ahí lo que era, hay letreros como que dice, esto es algo, esto no es algo de turismo ni es algo que, aquí hubo muchas familias que sufrieron, esto fue una guerra que afectó a mucha gente, por favor dejen de volver esto como un tema turístico o interesante. Entonces tenía así como unos letreros y nombres de tantas y tantas tantas víctimas de Pablo Escobar. Como que una vez quería matar a, creo que a un político, entonces puso una bomba en un avión de Avianca y se voló el avión entero porque le valía. Entonces, ¿cómo podemos glorificar a una persona tan mala?
Y también tengo entendido que él pagaba por policía muerto, ¿no?
Eso es sí, allá en Medellín sí. Hubo una época que empezaron a matar policías e incluso la gente contaban, como te digo, uno llega a un punto en que en una ciudad en guerra tú ya no sabes qué es mito urbano, qué es verdad, pero la gente dice está pasando esto. Dicen que la gente llamaba a la policía y decía: me están matando, me están asaltando. Y los policías llegaban y los mataban. Era una trampa. Entonces ya la policía no quería ir porque supuestamente pagaban por policía muerto. Si estás disfrutando este podcast, quiero invitarte a que conozcas nuestro curso Reprogramación Mental para el Alto Desempeño. Ahí yo te enseño todas las técnicas que usé, no solamente para vencer todos mis miedos y mis problemas de salud mental, sino también para poder crecer mi negocio trasarme metas y lograrlas. Da click abajo para más información. También hubo una época que vivíamos en toque de queda.
Entonces les quitaba el derecho a los civiles de tener la capacidad de llamar a un policía.
Claro, claro, el mismo policía tenía miedo.
Sí, sí, el toque de queda era cuando tiraban esos papeles. Vos me dijiste que había una vez que tiraron unos papeles que había toque de queda.
Había toque de queda, pero no era un toque de queda, si mal no recuerdo, porque hay muchas cosas que yo ya las tengo como borrosas en mi mente, no sé si es que la mente como mecanismo de defensa, pero trato de acordarme, había un toque de queda, teníamos que andar con la luz del carro encendida adentro, siempre, de noche, o sea, porque la policía o el ejército, quien estuviera afuera, tenía que ver las caras de quienes iban adentro del carro. Pero se hizo un toque de queda impuesto, entiendo yo, por Pablo Escobar y no por el gobierno, donde tiraron unos papeles de unos helicópteros y decía: el que salga esta noche lo matamos. Trato de acordarme bien cómo fue eso, no lo acuerdo muy claro, no me acuerdo muy claro, pero sí eran cosas totalmente fuera de sí, como de una película, verdad, de telenovela. Y bueno, frente a mi casa, en la unidad que yo vivía, había una casa muy grande al frente y era de la hermana de la Tata, que era la esposa de Pablo. Entonces Ahí llegaba el hijo de Pablo, que hoy en día él se llama Sebastián Marroquín y creo que vive en Argentina, y que pues obviamente no tiene la culpa, pero llegaba. Me imagino que era la gente que lo cuidaba, pero una gente que daba miedo. Yo me acuerdo de salir a un restaurante con amigos y no decíamos el nombre, era como decir Voldemort. A uno le daba, era ya tanta la paranoia que a uno le daba miedo porque decían una gente estuvo hablando mal de Pablo Escobar y no sé dónde y la mataron. Uno no sabía si era verdad o mentira, pero era ni lo menciones. Verdad, era como un hombre que tú no te atrevías a mencionar. Y bueno, así habrá muchas más cosas, muchos entierros, muchas muertes. No todas fueron de violencia, algunas de accidentes, verdad.
Pero, ¿qué tuvo que ver lo de la Tata? Me perdí.
Ah, que veíamos esa gente porque estaban cerca tuyo. El hijo de Pablo Escobar venía a mí, las hijas eran sus primas, sus primas hermanas, las que vivían al frente mío. Ay, Dios, verdad. Entonces él venía, él, el Pablo, Juan Pablo creo que se llama, que ahora se llama Sebastián. Juan Carlos Escobar venía y lo venían obviamente cuidando una gente que no salía casi que con el rosario de la casa, ni los miro, cuidado, les hago una mala cara, porque se le veía que eran sicarios a kilómetros. Entonces, y encima pues toda la violencia de la ciudad, verdad, por los sicarios. Entonces a mí me robaron el carro con pistola, me asaltaron muchas veces. Gracias a Dios que nunca me pasó nada, nada, pues a mi integridad física, ¿verdad? Emocional nos pasó a todos, yo creo. Una vez oí, yo no sé si es cierto, a lo mejor tú lo puedes investigar para este podcast, otro podcast, oí que la Universidad de Antioquia había hecho un estudio de las personas que vivimos esa época y que teníamos una parte del cerebro como agrandada, no sé si tiene, pero no se lo oí decir a alguien y sería interesante averiguarlo. Por eso, por PTSD, como por trauma, por estrés postraumático, y las bombas seguían explotando.
Es que ustedes vivieron una guerra literalmente, o sea, podrías decir que similar a veteranos, literal, pues.
Pues sí, porque tú no sabías en qué, no estabas protegido en ninguna parte, porque cuando hay bombas tú ni en tu casa, tú no sabes si la bomba horrible, cuando empiezan los pepes. Por eso era mi miedo también con la casa al frente, la casa al frente. OK, Pablo Escobar se construye su propia cárcel que se llama La Catedral. No es que era un chiste, OK, él se construye su cárcel y se entrega porque lo está buscando el gobierno Creo que fue César Gaviria, no me acuerdo.
Pero se entrega a su propia cárcel, ¿cómo es posible?
Porque el gobierno empieza a ofrecer, se busca, yo me acuerdo como en el oeste salía, no había Netflix, nada de eso, solo los canales de televisión, decía se busca Pablo Emilio Escobar Gaviria, y el gobierno ofrecía el equivalente a 2 millones de dólares por el que informara de su paradero. Entonces yo no sé, seguramente lo empiezan como a acercar y él construye una cárcel y ya le hace un acuerdo con el gobierno, no me pregunten por qué, googleen esa vaina que a mí no me interesa, el tipo se entrega. Y así como se entrega, sale un día de la cárcel. Dicen que él mandó a llamar al cartel de Medellín, que estaban los Ochoa, los Moncada, otro montón de gente que eran del cartel, a la cárcel, a la que se llamaba La Catedral, la cárcel. Y les dijo, igual mito urbano, pero sí aparecieron muertos los del cartel, el mito urbano es que les dijo, o lo que yo entendía: "Uds., yo estoy en la cárcel, pero de lo que Uds. sigan exportando me tienen que dar una comisión". Y como que le dijeron que no, Y empezaron a aparecer miembros del Cartel de Medellín muertos y torturados dentro de su propio cartel, dentro de la maleta, los carros. Y así paga el diablo al que le sirve, hermana.
Eso es verdad, era un demonio.
Son de las familias del cartel, de estas personas que él mata, forman los Pepes, que son los perseguidos por Pablo Escobar, y empiezan a matar a la familia de Pablo. Nosotros sentíamos mucho miedo porque empiezan a matar verdad, perseguirle, perseguirle. Y la casa del frente era su cuñada, verdad, que ellos eventualmente creo que mataron al señor, de hecho, y ellos se fueron, verdad. Y ahí es como matan a Pablo Escobar, cuando ya su familia se ve cercada porque empiezan a matarles a todas las personas cercanas. La esposa de él agarra a sus hijos y se va a Alemania, y el gobierno de Alemania los devuelve inmediatamente para Colombia, no los recibe, a la esposa, a la hija y al hijo de Pablo. Y ellos llegan a Medellín y los protege, creo que era el DAS, que el DAS es como la DEA de aquí, ¿verdad? Los meten en un edificio, pero Pablo Escobar se desespera y los llama, y ahí es cuando el ejército lo agarra y lo matan, ¿verdad? Entonces esos eran los Pepes, y eso fue otra guerra. Empezó a aparecer gente, pero ya gente de Pablo también muerta, torturada.
Entonces eso era muertos por todos lados, era guerra contra todo el mundo, contra todo el mundo.
Pues no, todos los mafiosos se mataron entre ellos, pero caía gente en el medio. De pronto usted llegaba a una discoteca y el que miró mal al que miró mal era un mafioso. Entonces A este le pegaron un tiro.
Los policías tampoco se querían meter.
Mataron a Andrés Escobar, que fue horrible también. Era un gran futbolista colombiano, gran futbolista, era nuestro, casi que nuestro Messi. Andrés era muy querido en Colombia y en un mundial de fútbol metió un autogol. Entonces eso hizo que Colombia lo saliera del mundial.
Por supuesto, un autogol sin querer, ¿verdad?
Sí, o sea, por tapar una, un, una bola que venía. Él era defensa, yo no sé mucho de fútbol, pero bueno, pero probablemente la bola venía y él le metió el pie, y al él meter el pie la desvió para otro lado, contrario a donde el portero iba, y entonces hubo un autogol. Y él estaba en Padua, que era otra discoteca donde nosotros íbamos. Mi hermana había estado, Marcela, la que murió. Mi hermana no murió por violencia, murió por un accidente, aclaro. Había estado más temprano ese día. Y él salió, estaba Andrés Escobar. Ya ellos habían devuelto el mundial, los habían descalificado pues porque perdieron ese partido.
Fue por ese partido que lo descalificaron.
Tipo, en el parqueadero le dijo: Andrés, gracias por el autogol, ta ta ta ta ta. O sea que en Colombia tu vida por cualquier cosa, porque miraste a alguien feo. Yo me acuerdo que mi hermana era muy brava y a veces le pitaba. Y como la noche que le pito a un taxista, y el tipo nos saca una pistola así, yo, más, yo no mato, no mato, y el tipo siguió, gracias a Dios. Ay no, pero era una ciudad donde usted no podía mirar mal a nadie, o sea, porque no sabía con quién se estaba metiendo. Y bueno, ya después me vine a vivir a Miami y me pasó una cosa interesante, y es que yo tenía ese carro que mis primos le decían cielito porque era color cielo, me costó $500.
Cambiándole un me deshumoro un poquito del tema. Contale, por favor, cuándo salió la llanta volando.
Ok, pues mi papá, a ver, yo vengo de una familia de clase media, muy trabajadora, nunca pasamos trabajo, buen colegio, ¿verdad?
Pero no era como Salón Hambre, que dijiste trabajo.
Ah, pues hambre no, pero nunca, pues no éramos el niño que lo mandaban a estudiar a Boston, no, no, normal. Sí, íbamos a un buen colegio privado en Medellín, pero pues no, no éramos de ese tipo de capacidad económica. Pero ya estaba tan cansada, yo le decía a mi papá: por favor, sácame de aquí, papá, yo me quiero ir. Y yo tenía, tengo una tía que fue mi ángel aquí, que la quiero con locura azul, que se llama Cristina. Ni siquiera es mi tía, ya estuvo casada con un tío mío. Entonces yo le decía a mi papá: mándame a Miami donde mi tía Cristina. Mi papá me decía: pero yo no te puedo pagar allá carro, o sea, un estilo de vida. Yo le dije: papá, no importa, usted mándeme. Y entonces mi papá me compró un carro que costó $500, y para mi papá era un esfuerzo. Además, estamos hablando $500 antes, como yo creo que como 5. Para mi papá fue un gran esfuerzo darme ese carro. Puede que 2000, creo que estoy exagerando, no sé. El caso es que el carro le sonaba todo menos el pito. Era una Lancia de 1972. Yo me reía porque tenía la edad mía, yo nací en el 72. Yo ese carro, te estoy hablando 1994, o sea, un carro que ya tenía 22 años o 23. Y mis primos se reían porque yo le ponía seguro. Y mi primo me decía: no le pongas seguro, ¿quién se va a robar eso? Me decía: más bien déjelo sin llave para que tal vez alguien le deja 20 pesos ahí, me decía mi primo. Pero bueno, una de las historias interesantes del estrés postraumático. Ya no me reí de Cielito. He buscado una foto de Cielito porque todo el mundo está en lo de la llanta. Un día viene un primo mío de Medellín y lo llevó al Omni, que era un mall que había en Miami que ya no existe. Gracias a Dios, vea, Dios lo protege a uno. Nos pasó en un mall y no en el expreso, ahí en la autopista. Vamos saliendo del Omni, yo veo que el carro hace así, y veo una llanta que sale volando. Y yo, esa llanta, esa llanta, esa llanta es del carro que salió volando. Y yo solo lloraba porque yo decía, esto me va a valer más que el carro. Yo pensaba, la grúa vale $200. Y yo no tenía plata. Que le sale volando una llanta, pero así sobre el ring, lo parqué, agarramos la llanta, la metimos en la cajonera pues del carro. Yo no me acuerdo, creo que un tío mío, Claudio, a quien también quiero mucho, que también fue un ángel de la guarda, vino por nosotros y él me tuvo que prestar plata para que me lo arreglaran. Me valió más que el carro el arreglo. Quedé endeudada como $700 y el carro me había valido $500. Pero bueno, lo que te iba a contar es que una vez la esposa de mi primo, el carro se lo estaban reparando, me dice que si yo le puedo dar una ventona al trabajo en cielito, verdad. Mi carro no tenía aire, por cierto, en Miami. Entonces claro, yo vengo y Jessica está acostumbrada a su carro con aire, pero bueno, ya se ríe, todos se reían en cielito, verdad, en mi carro.. Y el carro, ya en el 2000, 1994 existían los vidrios eléctricos. Mi carro era— ¿A ti te ha tocado un carro así?
Sí, ok, en Nicaragua.
Pero me dice Jessica, que se me hizo curioso, en un semáforo me dice: ¿Te puedo preguntar una cosa? Le digo: Sí. Me dice: Porque claro, yo bajaba el vidrio porque no tenía aire. Me dice: ¿Por qué en todos los semáforos tú subes el vidrio? Y era automático, era automático, no me había dado cuenta. Eso venía de Medellín, ¿no? Y en los semáforos tú siempre subías el vidrio y estabas viendo quién se estaba parqueando. Tenías 18 ojos. Nunca me sentaba dándole la espalda a la puerta de un restaurante, de un, verdad, uno siempre tenía que estar viendo la puerta por si entra, se arma, se arma, verdad, tú estás viendo. Y eran cosas que ya yo traía automática, que no me había dado cuenta.
Wow.
Sí, pero bueno, todo eso lo trabajé. Yo creo mucho en la terapia. Tú también crees en la, todos creemos en la familia. Digamos que mi época, y más en la época de mis papás, era como un tabú ir al psiquiatra, ir a la terapia. Yo no estoy loco.
Estabas loco, supuestamente, si ibas.
Yo amo la terapia. Tuve una psicóloga que amé, que murió Giselle González, una nicaragüense. ¿Tú te acuerdas de Giselle? Sí, la amé, me ayudó muchísimo y lo trabajé mucho. Y también con el desarrollo personal y leyendo. Y yo creo que eso está sanado. Yo lo lloro porque sigue siendo doloroso recordarlo.
Y nunca lo hablabas también.
Entonces, por mucho tiempo me dio miedo ir a Medellín, sobre todo cuando tú estabas chiquita. Mi mamá me decía: trae a la niña. Y entonces te decían que te robaban el carro y se te llevaban al bebé. Y ese era mi mayor miedo, mi mayor terror. Porque habían historias. A tal señora le robaron el carro y el bebé estaba atrás y se llevaron el carro con el muchachito. Entonces mi mamá me decía: ven a Medellín. Y yo: no, es que no tengo plata. Es que me daba terror.
Sí, por muchos años yo nunca he sentido así como miedo por mi safety, como se dice, por seguridad en mi vida, gracias a Dios. O sea, nunca me han asaltado, nunca me han puesto una pistola en la cabeza.
En Nicaragua era como que los países más seguros, o sea, Por eso yo acepté irme a vivir a Nicaragua cuando tu papá me dijo, porque Nicaragua, no sé si todavía lo es, pero era en el 2001 cuando nos fuimos, era el país más seguro de Latinoamérica. Yo salía a Nicaragua, digamos que si me dolía la cabeza a las 2 de la mañana, yo tenía que ir a la farmacia del Hospital Metropolitano, que era la única abierta a esa hora sola. No me daba miedo. Yo me dije, hasta el día de hoy yo no salgo sola a las 2 de la mañana. Eso se llama en Colombia dar papaya. Ya, ya, dar papaya para los que no son colombianos es exponerse. Es como cuando te vas a un lugar peligroso con joyas, estás dando papaya. Sí, sales muy tarde noche sola, eso es dar papaya.
Bueno, pero lo que iba a contar es de que la única vez que he sentido así como medio paniquito fue con vos, actually.
Sí, imagine.
¿Sí sabes cuándo estoy hablando? Que fuimos al cine.
En El Tesoro.
Fuimos al cine y salimos del cine, ¿qué? A la 1 de la mañana.
Eso fue hace poco, ¿verdad?
Hace 6 años. Hace tanto. Yo creo que yo estaba en la universidad, o sea, tal vez tenía 19 años, 20, por ahí. Y salimos del cine como a la 1 de la mañana y mi mamá se da cuenta que estábamos—
Eran como las 11, yo creo.
Ajá, ves, ni siquiera. O sea, eran las 11, digamos, pero estaba bien solo el mall.
Salimos en el segundo centro comercial y ya habían como 4 carros adelantados.
Pero ni siquiera es un centro comercial peligroso.
Y yo entré en pánico.
Y mi mamá entró en pánico, me decía: "Muévete", que no sé qué. Y yo te sentía a vos y como que me dio ese paniquito.
Pero primero me la peleaste. Y yo la quería matar. Pero yo me la peleé porque vos estabas como que: "¿Pero qué? ¿Pero qué pasa, mamá?" Yo moviéndose para el carro.
Sí, entonces definitivamente hay cosas que se te quedan muchos años después, pero pues ha superado un montón mamá, la verdad. Admirable.
Gracias, amor.
I love you.
I love you too.
Y gracias por contarle a la gente para que pues puedan ver de que se pueden superar ese tipo de traumas trabajando en uno mismo, yendo a terapia.
Es importante. Yo soy una gran advocate, como se dice, promotora de la salud mental. Y hoy en día, incluso que a mí no me tocó, hay terapias más avanzadas y más rápidas, como el EMDR, que lo usan mucho para aquí en los militares en EE.UU. Porque antes la psicología iba mucho a la mente consciente, ahora pues puedes ir rápido al subconsciente y encontrar el trauma. Entonces ya no necesitas 20 años de sofá con una hipnoterapeuta, con un terapeuta de EMDR, ¿verdad? Entonces hoy en día hay muchas herramientas para sanar traumas.
Yo que siempre menciono terapia en casi que todos los podcasts, yo ese es el tipo de terapia que hice, EMDR, EMDR es el que me cambió la vida.
Vos movés los ojos, exacto, pero explícale las letras: E de espectacular, M de maravilloso, margarita, D de delta y R Rico.
Sí, EMDR, vos lo que haces es mover, o sea, te enfocas en una memoria que te trauma y después como que mueves los ojos.
Y la verdad es que no sé cómo explicarlo, es que es eye movement desensitization, reprogramming, es una desensibilización del trauma. Entonces, él obviamente te lo tiene que hacer un terapeuta. Nosotros no somos especialistas en, no somos terapeutas, pero Lo que hacen es toman un trauma y con un movimiento de los ojos empiezan a— no es que tú olvides lo que pasó, sino que ya no te afecta como antes.
Hay algo que como que lo desensibiliza. Tu cerebro, al mover los ojos, es como que una parte de tu cerebro racional con tu cerebro emocional, como que algo así se conecta, y poder darte cuenta de que ya eso ya pasó en el pasado y ya podés no sentir.
Reprogramas.
Ajá, reprogramas esa emoción.
Y desensibilizas, por eso el M E-M, Eye Movement. E-M es de Eye Movement. La desensibilización. Reprogramming, creo que es. Sí, algo así. Pero googleenlo, hay mucha información del EMDR, de la hipnoterapia, de tantas terapias hoy que van directo al subconsciente, entonces es más rápido.
Sí, bueno, muchas gracias, mamita.
Gracias, amor.
Excelente episodio. Gracias a todos por escucharnos. Nos vemos la próxima.
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