El autor argumenta que perseguir la perfección genera soledad y amargura. Cuenta cómo redujo sus episodios de ira de quince veces al día a uno cada quince días practicando inteligencia emocional. Propone enfocarse en el progreso continuo, no en la perfección imposible.
No se exijan perfección. Cuando yo me enojo, mis hijos son: "Vea la que habla de inteligencia emocional, que la vieran en TikTok." Progreso, no perfección. Si antes botaba la gorra 15 veces al día, o sea, me enojaba 15 veces al día, ahora me enojo una vez cada 15 días. ¿Ya me entienden? No se exijan perfección porque nadie va a ser perfecto nunca. Ni le exijan perfección a la gente que ustedes aman, porque el que exige perfección de los demás va a vivir solo, y el que se exige perfección va a vivir triste y amargado. Entonces, progreso, no perfección.