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En este breve monólogo motivacional, el hablante muestra cómo las preguntas que formulamos pueden crear límites mentales o abrir posibilidades. Usa la anécdota de un hijo que quiere unos tenis de mil dólares y la familia que desea ir a Dubái, demostrando que preguntar “¿Cuánto cuesta?” o “¿Por qué tan caro?” coloca un techo mental, mientras que preguntar “¿Qué puedes hacer para conseguirlo?” genera ideas de acción, aunque a veces absurdas, y motiva a buscar habilidades concretas, como aprender a vender, para alcanzar esos objetivos. Concluye que la calidad de vida depende directamente de la calidad de nuestras preguntas.










