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En este monólogo, el hablante expone una regla práctica: si un problema tiene solución, hay que actuar; si no la tiene, hay que enfocarse en otra cosa. Ilustra la idea con la experiencia de que le cancelaron un vuelo porque el aeropuerto de Miami estaba cerrado; en lugar de enfadarse, lo interpreta como una señal divina para quedarse y descansar con su marido, manteniendo la calma. Describe cómo la irritación y la migraña pueden empeorar cuando se alimenta la queja, y cita a Rabindranath Tagore, quien afirmó que tanto los problemas con solución como los sin ella no merecen preocupación. El mensaje central es aceptar lo incontrolable y evitar el desgaste emocional innecesario.










