SI YO PUDE TÚ PUEDES TAMBIÉN // ALEJANDRO PASOS

In this Spanish‑language motivational presentation, Alejandro Pasos greets an audience in Bogotá and virtual viewers, then shares a personal narrative of hardship and transformation. He recounts a turbulent childhood marked by an abusive, schizophrenic father, low self‑esteem, school expulsions, and a period of drug and alcohol abuse. At age 21 he prayed for change, found spiritual strength, and achieved over 38 years of sobriety, building a family and a purposeful life. Pasos uses the behavior of lobsters as a metaphor: victorious lobsters inflate with serotonin, exude confidence, and claim territory, while defeated ones shrink and hide. He draws two lessons: (1) don’t let setbacks overwhelm you, and (2) celebrate small victories to generate serotonin and reinforce a winning mindset. He advocates self‑love, compassion, and internal validation over external approval, urging listeners to replace limiting beliefs with empowering affirmations. The talk concludes with a call to the audience to adopt the “if I could, you can too” mindset, positioning everyone as a triumphant lobster ready for success.
Chapters
Mala on your face, you big disgrace. Kicking your can all over the place. Sing it with me. Buenos días, comunidad. Yo puedo, tú puedes. Les doy una cálida bienvenida a todos los que tomaron la decisión de viajar hasta Bogotá para ser parte de esta extraordinaria experiencia. Bienvenidos a todos los hispanos que se conectan con nosotros de manera virtual en diferentes ciudades y países. Lógicamente, todos queremos sentirnos felices siendo quienes somos y sintiéndonos capaces de lograr cualquier cosa, aunque para algunas personas esto puede sonar imposible. Yo era una de esas personas, pero ahora, gracias a Dios y a la información que les voy a compartir, puedo decir con seguridad que nunca me he sentido más feliz y seguro de mí mismo. Como ahora. El talón de Aquiles de muchos son aquellas cosas que no los dejan avanzar. En algunos casos pueden ser las drogas, el alcohol, los malos hábitos, las malas compañías, tu propia negatividad o cualquier otra cosa. Que no te está dejando seguir adelante. Déjenme decirles que por algunos años mi talón de Aquiles fue mi papá. Mi relación con él no fue la mejor porque cada vez que podía me decía una grosería. A los 8 años de edad pensaba: "Si hubiera tenido otro papá, todo sería mucho más fácil para mí". Después, a los 14, empecé a pensar: Si yo fuera más inteligente, más elocuente y más seguro de mí mismo, tal vez me sentiría suficiente. Me decía cosas como: "No me gusta quién soy, yo nada puedo, ni para qué tratar, de todas maneras voy a fracasar". Lastimosamente esa era mi mentalidad, porque en esa etapa de mi vida mi papá me había convencido de que era un inútil. Y el rechazo que él sentía hacia mí hizo que me rechazara a mí mismo. Hoy puedo ver con gratitud a esos supuestos obstáculos que he tenido en mi vida, porque siempre me han dejado mejor parado y más fortalecido después de haberlos superado. Por eso quiero hablarles de cómo vive uno de los animales más antiguos de la Tierra, y cuyo estilo de vida me parece fascinante e interesante porque se puede aprender mucho de ellos: las langostas. Las langostas, como la mayoría de los animales, son territoriales y quieren tener el mejor espacio y las mejores condiciones. Cuando dos de ellas se pelean, la ganadora se infla como un globo porque se llena de la sustancia química natural que nos hace sentir bien, llamada serotonina. Al verse triunfadora saca pecho y camina. Por el contrario, la que pierde se encoge físicamente, se llena de vergüenza, se hunde en la arena y a simple vista se ve como un animal sin esperanza. La langosta que obtuvo la victoria encuentra pareja y se apodera del mejor territorio. Se le ve por el fondo del mar mostrándose orgullosa de ser la especie que es, casi como si dijera: "Yo todo lo puedo". A mí nada me falta. Mientras que la langosta perdedora se esconde sin tener contacto con ninguna otra y no se atreve a adueñarse de ningún espacio porque se siente insegura y sin poder. Ahí decide perder la carrera de la vida sin ni siquiera participar. No se le ocurre entrenar para ganar porque la humillación de perder es tan grande que piensa que mejor no tratar.— es como que si no hubiera diferencia entre las langostas y nosotros cuando perdemos o ganamos. Podemos concluir dos cosas de cómo reaccionan las langostas ante los retos de la vida. La primera es que no debemos dejarnos afectar tanto cuando las cosas no resultan como queremos, para así poder seguir perseverando. Y la segunda es que debemos aprender a identificar y celebrar los pequeños triunfos que tenemos durante el día, para que nuestro cerebro empiece a generar serotonina y nos sintamos como una langosta triunfante la mayor parte del tiempo. Entre más valor le demos a esos triunfos, como enfrentar y conquistar ciertos miedos, siempre hay que darse el crédito y celebrarlo para que la mente empiece a ver que es normal ganar y así conquistar el mundo con enfoque de perseverancia y sobre todo con mayor seguridad. Cuando tu mente percibe que te hablas con amor y compasión, te afirmas con palabras empoderadoras como: "Me gusta quien soy, yo todo lo puedo, yo soy imparable", ella dice: "Mi amo se ama, se habla bonito y se anima a sí mismo, yo debo hacer lo mismo". Recuerden, que no podemos dar de lo que no tenemos. Así que si buscamos más aprobación, amor, aceptación y optimismo, debemos de darnos todo esto a nosotros mismos primero. Cuando yo entendí y empecé a practicar el hábito de amarme, respetarme, mis creencias limitantes formadas en mi niñez, una por una fueron desapareciendo.. Y con el tiempo fui notando cómo pasé de una mentalidad de ineptitud e impotencia a una mentalidad recursiva e imparable. Mi papá fue diagnosticado esquizofrénico, paranoico e iracundo y nunca se quiso medicar. Sin darse cuenta, me programó para que le tuviera miedo a la gente, para que no me sintiera seguro en dar mi opinión y en tomar acciones en mi vida. Cuando yo hablaba, se burlaba, me insultaba y me decía que era un idiota y que nada lo hacía bien. Esto provocó que en los primeros años de mi vida tuviera problemas de aprendizaje, viviera con tristeza, ansiedad, depresión y falta de confianza en mí mismo. Un día pensé que no debería seguir tratando de ser apreciado y aprobado por una persona que por su condición no tratada, sencillamente me denigraba en cada momento que intercambiaba palabras conmigo y que era mejor que dejara de seguir tratando de sacar buenas notas en el colegio y de quedar bien con la sociedad comportándome como un niño bueno y que era más lógico que me dedicara a gozar la vida vagando y consumiendo drogas y alcohol. Esta decisión no fue la correcta porque aunque mi papá ya no estaba al mando de mi instrucción, yo continué destruyéndome. Entre los 14 y los 21 años de edad no hice más que vagar, vagar y vagar. Me expulsaron de 5 colegios por diferentes motivos y sobre todo porque no tenía ninguna meta que coincidiera con los estudios. El día que cumplí 21 años le rogué a Dios con todo mi ser que me ayudara a cambiar. Le pedí que me diera la fuerza para luchar, valor y esperanza para lidiar con todo lo que se me venía encima. Él me dio el empujoncito que necesitaba en ese momento y me ayudó a ver con claridad la persona que yo podía llegar a ser. Me mostró que las circunstancias en que me encontraba eran solamente el punto de partida, que no determinaban mi verdadero potencial. Gracias a Dios hoy tengo una linda familia, un proyecto de vida que me fascina, y más de 38 años de sobriedad. Gracias. La vida se vuelve más fácil cuando uno obtiene claridad de lo que uno quiere lograr. Acepta lo que no puede cambiar y adquiere valor para reinventarse sin prestar atención a la opinión de los demás. Hay que ser compasivos con nosotros mismos, no quedarnos patinando en los mismos pensamientos y nunca compararnos con los demás para poder mantenernos motivados y aprovechar las oportunidades que se nos presentan y así seguir desarrollando nuestros talentos. Todos los que estamos aquí presentes en este auditorio y conectados de manera virtual somos como la langosta triunfante. No por el rango que hemos alcanzado ni por el dinero que hemos generado, sino porque hacemos parte del 10% de la humanidad que creemos en nosotros mismos, y dedicamos el tiempo a nuestro desarrollo personal. Les aseguro que después de este fin de semana van a poder decirle a otros con gran seguridad y convicción: "Si yo pude, tú puedes también." Bienvenidos al éxito. Muchísimas gracias.
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