En este monólogo motivacional, Juan Sánchez reflexiona sobre la obsesión cultural con las apariencias y cómo construimos identidades editadas para ser aceptados. Señala que muchas relaciones se forman sobre esas versiones superficiales y fracasan cuando emergen nuestras inseguridades, miedos y heridas. Destaca la importancia de ser visto sin ser condenado y de encontrar a una persona que conozca nuestras contradicciones y aún así nos ame, amando nuestras cicatrices antes que nuestros labios. Advierte que la sociedad actual exige relaciones extraordinarias y ocultas, lo que dificulta la intimidad auténtica. Finalmente, invita a dejar de disfrazar nuestras grietas, a buscar o provocar conexiones donde no sea necesario ocultar nuestras partes vulnerables, y desea que cada quien encuentre a alguien que se quede a pesar de los defectos, porque ser amado en los lugares donde tememos el rechazo es una de las experiencias más valiosas.
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Si te ves a las cicatrices antes que los labios, ahí es. Y tú y yo lo sabemos. Lo sabemos porque vivimos en esta cultura obsesionada por las apariencias, ¿cierto? Tú y yo hemos aprendido a mostrar las versiones más presentables de nosotros mismos. También aprendimos, lamentablemente, a ocultar todo eso que nos avergüenza. Y por eso construimos identidades cuidadosamente editadas para ser aceptadas. Por eso muchas relaciones comienzan alrededor de eso que exhibimos. Y por eso también son muy pocas las que sobreviven cuando aparece todo eso que aprendimos a esconder. Tal vez por eso el amor auténtico resulta tan jodidamente difícil en nuestra sociedad, porque tarde o temprano todos, tú, yo, llegamos a una frontera donde ya no podemos seguir sosteniendo pues un personaje. Llega el momento en donde las inseguridades van a aparecer, los miedos van a salir a la superficie, las heridas van a reclamar total atención, y entonces Descubrimos que la otra persona pues estaba enamorada de una imagen que nosotros enseñamos, pero cuando nos conoce de verdad, pues todo se va a la mierda. Porque con los años hemos comprendido que una de las experiencias más bonitas que un ser humano puede vivir es sentirte visto pero sin ser condenado. Y eso está jodido, güey. Hay algo muy pero muy restaurador en encontrar pues a una personita que conoce todas nuestras contradicciones, todos nuestros tropiezos, todas nuestras zonas frágiles, y aún así decide permanecer. Gracias. Y está ahí no porque decida pues ignorar tus defectos, sino porque precisamente como los conoce, aún así te ama. Y como en nuestra época hablar de amor pues es muy difícil, también hemos aprendido pues a admirar que todo tiene que ser extraordinario. Por eso nos cuesta, digamos, aceptar lo que es humano. Queremos relaciones intensas, memorables, apasionadas, Pero la verdad, queridos, es que lo que es íntimo tiene que ser casi siempre oculto. Así que hay que mantener eso ahí, ¿verdad? Metiditos, sin que nadie se dé cuenta. Las relaciones profundas no son perfección. Las relaciones que de verdad son de corazón son esas relaciones que ya no están buscando ni impresionar al otro, ni conquistar todo el tiempo, ni mostrar la mejor versión de nosotros. Así que ya no busques a alguien de verdad que solamente le guste tu parte bonita. Comienza a buscar o a provocar a esa persona, en donde ya no necesitas disfrazar todas tus grietas y tus quebrantos. Así que eso es lo que hoy te deseo, que esa persona llegue a tu vida y que de todos modos decida quedarse contigo, aunque encuentre la parte que no brilla. Así que ya deja de disimular, empieza a mostrar también lo que eres, porque ninguna historia humana llega intacta a la madurez. Y como te decía, La verdad es que pocas cosas son tan valiosas como ser amado precisamente en esos lugares en donde uno tiene mucho miedo a ser rechazado. Gracias, gracias a esas personas que se quedan y que nos besan las cicatrices antes que los labios.