Daniel Habif challenges how you use the mirror, urging you to look at your face each morning without judgment instead of spotting flaws. Treat yourself with the same kindness you give friends, not as denial but as a healthier way to live.
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Te apuesto que tienes una relación bastante curiosa con el espejo. Usas el espejo para arreglarte, para revisarte, para encontrarte los defectos. Pero aparte, te encuentras los defectos con una eficiencia, cabrón, pero con una eficiencia que da escalofríos. ¿Cuándo has usado de verdad el espejo para admirarte? No, no, no, no, no, no. Tú usas el espejo para huir de ti mismo. De hecho, ¿cuántos no aprendieron a verse en el espejo como de reojo? No empiezas a evaluarte como, como un juez evalúa una decisión que ya tomó, te condenó y no quiere escuchar tu defensa. Verse en el espejo y no bajarle la mirada al reflejo es, digamos, uno de los actos más valientes que cualquier persona puede tener. ¿Y sabes por qué es valiente? Porque exige quedarte frente a ti Sin pedirte disculpas. Sin ponerte a buscar todos los defectos. ¡Prácticalo! ¡Prácticalo! Así, mira. Quédate frente al espejo unos segunditos cada mañana hasta que este rostro que aparece en el reflejo deje de parecer un acusado o un extraño. Qué horrible estás. Qué cuerpo tan espantoso. Aprende a tratarte con la decencia que reservas para todos los demás. Todo eso bonito que le dices a tu amiga, qué guapa, qué cuerpazo. No te estoy diciendo que niegues la realidad, te estoy diciendo que empieces a tratarte bonito, amarte bonito, a que mejores tu relación con el espejo. Hombres y mujeres, niñas, niños, jóvenes, adultos, ven, ven, hazlo de una vez, ¿ok? Capisci. No seas tu juez, no seas tu verdugo.