LE LLAMAN KARMA - Daniel Habif

Juan Sanchez warns that burning bridges and treating people as disposable will come back to haunt you when your circumstances change. Power is fleeting, and arrogance destroys the relationships you'll need later. The only way out is to acknowledge the damage you've done and accept the consequences.
Chapters
OK, queridos, este mensaje es para todas esas personas que van dejando mierda en el camino, pero que olvidan que cabe la enorme posibilidad de que muy pronto los veamos regresar por ese camino, pero descalzos. Porque la vida tiene una forma muy curiosa de devolverte a los lugares que pensaste que nunca tendrías que regresar. Presta atención, el asunto es que no vas a regresar en las mismas condiciones en las que te fuiste. Nos va a tocar verte regresar vulnerable, necesitado, pidiendo perdón. Con menos recursos, tal vez con más humildad, con humildad forzada. El asunto es que cuando te toque regresar por ese camino, te vas a encontrar con las huellas que dejaste atrás. ¿Cuáles son esas huellas? Las relaciones que quemaste. Obviamente, sin pensarlo dos veces, te vas a topar con las personas que traicionaste cuando te convenía. Vas a tener que regresar por los puentes que volaste porque en ese momento asumiste que nunca, nunca en la fucking vida los ibas a necesitar. El tema es que cuando estás arriba, cuando las cosas van bien, cuando crees que tienes poder, recursos, o crees tener una cierta oposición, pues es muy fácil olvidar que eso no es permanente. Es fácil tratar a la gente como si fuera desechable, como si las relaciones fueran únicamente transaccionales, como si la gente nada más valiera mientras que te sirve. Por eso te es fácil ser arrogante, desconsiderado, egoísta, porque crees en ese momento, crees que te lo puedes permitir, porque según tú, en tu cabeza, pues no va a haber consecuencias. Tú crees que siempre van a llegar nuevas personas que te van a aguantar, que siempre vas a tener nuevas posibilidades, nuevos caminos por recorrer. Pero la realidad es que el mundo es mucho más pequeño de que tú creías. Y los caminos, los caminos, querido, te lo firmo, tienen una tendencia muy extraña a cruzarse de nuevo. Eso que sientes en los pies no son piedras, son personas. Calculabas en ese momento que las circunstancias nunca iban a cambiar, pero ¿qué crees, querido? Que esta ventaja indiscutible que tienes hoy, mañana se puede desmoronar. Esta posición que tú crees tener muy sólida se puede volver frágil hoy. ¿Tú crees que está garantizado tu éxito? No, querido, no hay nada garantizado. Ya verás cuando la vida te ponga de rodillas. Ahí es en donde vas a decir: coño, no debí de haber tratado a las personas como las traté. Pero el tema es que la gente no olvida la humillación, la gente no olvida el desprecio, la indiferencia. No olvidan que tú las usaste cuando nada más las necesitabas y las tiraste. Sí, querido, empezaste a descartar a la gente sin consideración. Aquí es en donde este video toma todo su sentido. Vas a regresar descalzo, vulnerable, sin las protecciones que antes tenías. Y tienes que caminar por el mismo terreno que tú mismo ensuciaste. Vas a tener que pedirle ayuda a alguien que traicionaste. Uy, quiero ver tu cara. Vas a tener que solicitar una oportunidad en lugar de dar tú la oportunidad. Vas a tener que reconectar, de hecho, con personas que vieron tu peor versión y decidieron en ese momento razonablemente mantenerse alejadas de ti, decirte no te voy a ayudar. Y no puedes quejarte, no puedes quejarte porque las puertas las cerraste tú. Y esas personas que desconfían te lo ganaste tú. Y esas personas que te dieron Respeto. Tú les diste irrespeto, te dieron oportunidad y tú los usaste, querido. Esto sucede, y no te estoy hablando de karma. Esto no es el karma en el sentido místico, aunque puedes llamarlo como se te pegue la gana. Es simplemente causa y efecto. Este es el resultado lógico de haber construido una reputación basada en el oportunismo y en el egoísmo. ¿Por qué? Porque la forma en la que tratas a las personas cuando no las necesitas dice mucho más de ti que cómo te comportas cuando sí las necesitas. La gente lo recuerda. Y cuando regresas con las manos vacías esperando que olviden, vas a descubrir que la memoria de la mala fe es mucho más persistente de lo que te imaginabas, cabrón. Lo irónico es que muchas personas solamente aprenden esta lección cuando ya es demasiado tarde, cuando ya quemaron tantos y tantos puentes que no tienen la oportunidad de volver. Salieron del nido pero incendiando absolutamente todo. Cuando ya dejaron tal rastro de destrucción detrás claras de ellos que no hay un solo camino limpio por el cual regresar. Y entonces los vas a escuchar quejarse de injusticia, de la falta de compasión, del resentimiento ajeno. Ya perdónamela, pero lo que realmente están enfrentando no es una crueldad gratuita, es la consecuencia natural de sus propias decisiones, de su propia mierda. Es el mundo devolviéndoles exactamente la misma energía que ellos pusieron en el mundo. La lección no es vivir con miedo constante a que todo se derrumbe. La lección es entender que la forma en la que tratas a las personas importa, importa. Y no importa nada más cuando te conviene. La integridad no es una estrategia situacional, querido, sino un principio sostenido de una persona grande, que hay que aprender a construir relaciones genuinas basadas en el respeto mutuo y la consideración. Y eso es hacer correctamente lo moral, y también, por supuesto, lo más inteligente a largo plazo, porque nunca sabes cuándo vas a necesitar, por supuesto, de nuevo una red de apoyo. Es la buena voluntad, es la confianza que se va construyendo con tiempo. Y con qué, con la coherencia. Y querido, querida, si ya es demasiado tarde para ti, si ya dejaste demasiada mierda en el camino y ahora te encuentras completamente descalzo frente a esa persona, lo único que te toca hacer es reconocerlo. No justificarte, no minimizar, no culpar a los demás. Por supuesto, no, ya no me recuerdes lo que te hice, como chingados, no. Reconoce quién fuiste en esa situación y ahora te toca cargar las consecuencias. Así de sencillo. Porque el camino de regreso siempre es más difícil cuando lo recorres sobre los escombros que tú mismo destruiste. ¿Capisci con eso?










