Juan Sánchez argues that growing up doesn't mean killing the part of you that laughs, plays, and wonders. He warns that confusing seriousness with maturity makes people bitter and rigid. Real maturity, he says, is protecting your inner child, not abandoning it.
Chapters
¡Ey, ey, ey! Querido mío, querida mía, te sientes muy maduro. El asunto es que muchos maduran y se vuelven tan maduros, tan responsables, que en ese proceso han dejado a la parte de sí mismos que sabía reír, que sabía jugar, que sabía asombrarse por las pendejadas de la vida. Maduraste tanto que arrombaste a tu niño interior como un lujo impropio de alguien que ahora es tan maduro, que tiene tantas obligaciones, Y de repente te descubres que confundiste el tiempo con seriedad. Permaneces eternamente en una madurez. Se supone que cuando maduras te haces más dulce, no más amargo. ¿Hace cuánto que no subes a un columpio a tu niño interior, Carlos? ¿Ese niño te estorba o qué? Ese niño es tu fuente de vida. De hecho, esa niña sigue esperando por ti en ese cuarto donde la rumbaste, la metiste, la olvidaste, le bajaste las luces y no vuelvas a reír. Oye, madurar no significa que seas un amargado ni abandonar a tu niña ni a tu niño interior. Madurar, de hecho, es aprender a cuidar mejor a tu niño interior. Vuelve por ti, vuelve por esa parte tuya. Dale espacio a ese niño para respirar, para respirar. Es que ya soy grande, es que ya no puedo reírme, hacer pendejadas, no. Yo tengo que comportarme como un lord. Necesitas frescura, flaca, necesitas frescura. Has perdido toda tu frescura debajo de toda esa importancia que crees tener. Eres tan exitosa, eres tan exitoso, pero te has vuelto rígida, rígido, de hueva. Ya no te ríes con nada. Regresa por ti, por favor, y ahí sí ya vas a estar madurando. ¿Capisci con eso?