NO LOS DEFRAUDES - Daniel Habif

Daniel Habif argues that when people reject you without knowing you, the answer isn't changing their minds but returning to your work with honesty and persistence. Social rejection activates the same pain circuits as physical injury, but your real jury isn't the detractors. Focus on the workshop, the keyboard, the pen, where progress actually happens.
Chapters
Queridos míos, si le caes mal a alguien sin haberte conocido, por favor esfuérzate y no lo defraudes. Es más, que cuando te conozcan, si es que un día te conocen, por favor que encuentren exactamente al hombre o a la mujer que valía la pena rechazar. Miren, si se tomó el trabajo de odiarte sin información, pues por lo menos dales un trabajo bien hecho, ¿no? Un trabajo donde puedan mantener su opinión. Miren, la sugerencia que les estoy dando a lo mejor parece broma, pero no es del todo broma porque tiene un ingrediente, tiene una cosa persona muy seria por dentro. El tema es que la mayoría de las personas, cuando reciben rechazo, se rompen la cabeza tratando de cambiar la opinión del otro. Les mandan mensajes, llaman, hacen mail, se desvela construyendo argumentos en pláticas en su cabeza. Pero mientras que está haciendo todo eso, pues deja de hacer lo único que en verdad importa: su trabajo, o sea, su obra, eso que vino a construir. Miren, la mejor respuesta a cualquier juicio externo es seguir tallando lo tuyo con la honestidad. A dar que se necesita. Y si el resultado con el tiempo sorprende al que apostó en tu contra, eso es un bono para ti. Pero el motivo de la vida no es ese. El motivo es ser fiel a la obra que se te mandó hacer. Cuando dejas de operar para convencer a quien no cree en ti, empiezas a recuperar una cantidad de energía que no sabías que estabas regalando. Entonces esa energía de alguna u otra forma regresa a tus manos, a tu teclado, a tu mesa, a tu pluma, a tu casa, a tu vida real. Entonces solamente desde ahí puedes empezar a construir, pero con solidez, eso que te revienta el corazón, eso que puedes construir cuando no eres visto. Miren, cuando luchamos contra el rechazo del otro, fortalecemos su lugar adentro de nosotros. Cuando aceptamos que el otro tiene su derecho al rechazo, entonces volvemos a nuestra obra. Así es como su juicio pierde el poder que nosotros le otorgamos a su juicio. No es casual que el rechazo social active los mismos circuitos neuronales, lo mismo que el dolor físico. Miren, la tendencia espontánea es defendernos, justificarnos o contraatacar. Yo creo que esa tendencia profundamente enraizada en nuestra biología es la que conviene domesticar conscientemente, porque cada minuto invertido contra la defensa de un rechazo es un minuto restado frente a la única respuesta que en verdad importa en la vida: hacer mejor lo que uno hace en la vida. Pablo le dijo a los corintios: en cuanto a mí, escucha, en cuanto a mí, muy poca cosa es ser juzgado por vosotros o por tribunal humano. Lo que está diciendo Pablo, miren, no lo está diciendo con desprecio, no. Él está hablando de una jerarquía. El problema con el aplauso de los mediocres no es que duela, sino que distrae. Y pasa exactamente lo mismo con el rechazo. No es que te hiera, sino que te distrae. O sea, tus detractores no son tu mercado, no son tu jurado, y tampoco son tu problema. Miren, en lugar de andar peleando con ellos, ve y mete la cabeza a tu taller. Cada vez que pesques que esa tu mente girando alrededor de un tractor, te vas a decir una sola frase: vuelve al taller. O sea, vuelve a donde tienes que poner tus manos. Y si algún día te encuentras con esa persona, tu mejor regalo es no haberte vuelto pequeño por su rechazo. Hónralo, honrálo, pero siendo grande. ¿Capisci con eso?










