QUIERO TENER DISCIPLINA - Daniel Habif

Daniel Habif argues that discipline rooted in self-hatred fails, but discipline born from self-love and dignity sticks. When you treat your body as a temple worthy of respect, eating well and sleeping enough become acts of honor, not punishment.
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Querido, quédate en este video, por favor. ¿Cuántos de ustedes, incluyéndome la verdad, no nos hemos dicho frases cientos de veces en un mes? Ahora sí me voy a disciplinar, este mes me voy a poner serio. El asunto es que nos amenazamos con nuestras promesas, no nos respetamos, y por esa razón, por supuesto, no las cumplimos. Pero el problema no está en querer disciplinarte, sino la forma en la que se vive la disciplina. Muchas personas ven la disciplina como una especie de castigo, Digo, como si uno tuviera que entrenarse siempre desde el odio hacia sí mismo. Sígueme, por favor. Si tú haces esto, tu disciplina no va a durar porque nadie sostiene mucho tiempo una batalla perpetua contra su propia persona. O sea, si eres indisciplinado pero te odias por esa razón, se jodió la vaina. La disciplina en realidad tiene que nacer del cuidado, no del desprecio. Tiene que nacer porque te amas. No te cuidas porque te odias, te cuidas porque entiendes que eres brutalmente valioso. Por eso comer mejor, dormir mejor, ordenar tus finanzas, dejar un vacío, no son acciones para castigar al tú que detestas, sino maneras de honrar al tú que quieres sostener durante muchos años, y que dices: ese es el que estoy cincelando desde ahorita. Miren, queridos, cuando uno se disciplina, vive en una autoagresión si no lo haces con amor, porque el cuerpo y la mente van a terminar por defenderse, por boicotearse, por cansarse. Pero cuando tú Tú te disciplinas como un acto de cariño, de honra. Hay algo que se alinea, ¿me estoy explicando? Empiezas a hacer lo difícil, pero no para cumplir un ideal ajeno, sino para cuidar este templo que Dios te dio y que habita Dios, y que tú últimamente has descuidado. O sea, no te prometes a ti mismo desde el odio. No hagas eso. No te hables como si fueras tu enemigo, ni te trates como un pinche proyecto fracasado que hay que arreglar, que está roto. Háblate bonito, háblate como alguien valioso, alguien que merece mejores hábitos, porque tiene una vida importante por delante, porque se le otorgaron virtudes, se le otorgaron talentos. La disciplina que nace de la dignidad es la que realmente transforma al ser humano. Queridos Inquebrantables, empiecen a hablarse bonito. Disciplínense, pero por amor, no porque me voy a obligar a esta vaina. No, entiende que te tienes que amar, que te tienes que entender valioso, y te prometo que ahí las cosas van a empezar a cambiar. OK.










