Daniel Habif argues that we torture ourselves by replaying embarrassing and painful memories while ignoring our moments of strength and triumph. He urges you to deliberately recall your achievements and resilience instead, using the same mental energy to rewrite how you see yourself and break the cycle of self-condemnation.
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Oye, ¿eres de los que tiene una gran, gran memoria? Pero tienes una gran memoria para acordarte con una precisión cruel de todas las cagadas que has metido en la vida. ¿Eres de esas personitas que archiva con enorme detalle cada uno de esos días donde tropezaste? ¿Siempre te acuerdas de esa frase imprudente que dijiste delante de tu suegro? ¿Siempre te acuerdas del ridículo que nadie más se acuerda, pero tú te acuerdas como si ese ridículo hubiera sido hoy? Y luego vas y te acuerdas de ese ridículo y lo Es toda la madrugada, y luego esa madrugada estás despierto, y al día siguiente te acuerdas y dices: puta, no dormí, pero cómo le he cagado en la vida. Curiosamente, esa misma memoria debería de recordarte todo lo bonito que eres, todas las cosas buenas que también has hecho en la vida. Pero el tema es que eres de memoria selectiva, y siempre escoges los momentos más vergonzosos de tu vida para torturarte. Tienes la maldita costumbre de siempre visitar los recuerdos más dolorosos. Empieza a desempolvar los recuerdos en donde estuviste a la altura. Vas a ver cómo te cambia la vida, vas a ver cómo empiezas a cargar otra versión de ti mismo que es todavía más bonita. Cuando vayas a escoger un recuerdo sobre ti, ¿qué te parece acordarte de todas las cosas que has aguantado y que has salido avante. ¿Cómo ves todas esas cosas donde la has sacado del estadio? Es que no tengo, Daniel. Debe de haber alguna, y con que tengas una, aférrate a ese recuerdo, cabrón. Si lo hiciste una vez, lo puedes hacer 2, 3, 4, 5, 6, 7. Ya deja de condenarte, hazlo ahora mismo, por favor. Borra todas esas cosas de la cabeza. ¿Capisci con eso?