VOLVERÁS A FLORECER - Daniel Habif

Daniel Habif argues that scars and pain are inevitable, but how we respond to them determines everything. We can either build walls that trap us in injury or open windows to develop compassion. By working through wounds with honesty and courage, they become teachers that deepen character and purpose.
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Oigan, ¿qué creen? Les quiero contar que me están saliendo ramos hermosos de flores por todas las grietas de mis heridas, y estoy contento. Y muy pronto también te van a salir a ti muchas florecitas muy bonitas de todas esas grietas, heridas tan jodidas que te han hecho. ¿Qué pasa? Existe una idea muy equivocada sobre el dolor. Creemos, de hecho, que una vida sana es una vida sin cicatrices, y no, eso es una vida gris. Imaginamos, de hecho, que la madre pues consiste en evitar golpes. Ves a esas personas que siempre están esquivando las decepciones, que pues van viviendo, no, van atravesando los años sin que nada los rompa demasiado. A mí me dan miedo las personas impolutas. De hecho, confío más en las personas a veces que están tristes que esas personas que todo el día están mucha luz, mucha luz, mucha luz. Hay que observar con atención a las personas más sabias en esta vida, y cuando las observas en serio, ¿qué descubres? Descubres algo que es muy bonito, es algo distinto. Casi todas esas personas han atravesado pérdidas, fracasos, traiciones, enfermedades, despedidas, y despedidas muy jodidas que dejaron marcas casi imposibles de ocultar, pero que sus heridas son de sus cosas favoritas en la vida. Miren, yo durante mucho tiempo en mi vida intenté comprender por qué algunas personas pues se endurecen después del sufrimiento, mientras que otras pues vamos desarrollando una sensibilidad para lo extraordinario. Ambas conocieron el dolor, estamos de acuerdo. Ambas personas pues sufrieron una herida, ambas personas tuvieron motivos para encerrarse. Pero mientras unas personas van convirtiendo sus heridas en murallas, otras terminamos convirtiendo nuestras heridas en ventanas, en ventanas por donde por donde podemos mirar la fragilidad humana y comprender la fragilidad humana. De hecho, yo recuerdo etapas de mi vida en las que me hubiera gustado pues cualquier otra cosa que evitar ese proceso. Momentos, de hecho, en donde la incertidumbre parecía interminable, en donde mi corazón, pues sí, digamos que se sentía incapaz de encontrarle sentido a todo lo que me estaba ocurriendo. Pero con el paso de los años, Pues uno va descubriendo que muchas de esas experiencias dejaron algo brutalmente valioso. Más allá de dejarme respuestas, me dejaron carácter, no, me dejaron mucha profundidad, me dejaron compasión, y me dejaron una capacidad muy bonita de reconocer el dolor en otras personas y poder ayudar a otras personas a salir de ese dolor. Como nuestra cultura, la neta, admira la fortaleza, admira mucho la fortaleza, pero suele confundir la fortaleza con dureza. Y ahí hay un problema, porque nos enseñan a resistir, aunque pocas veces nos enseñan a transformar el dolor. Por eso creo que hay personas que sobreviven una herida y continúan viviendo alrededor de esa herida, pero viven alrededor de esa herida décadas, décadas, décadas, porque todo lo van interpretando pues desde ese lugar, desde esa herida. O sea, todo lo filtran a través de ese dolor y pasan los años y sin darse cuenta pues terminan entregándole el gobierno, digamos, de su vida a esa herida. A esa persona que los lastimó, que los abandonó, que los traicionó. Las heridas que nos gobiernan terminan consumiéndonos la vida. Las heridas que se trabajan, ¿qué hacen? Terminan enseñándonos. Te lo dice un alumno de las heridas. Ya verás que con el tiempo, si te esperas, vas a sanar. No significa que vas a borrar lo ocurrido, sino significa que vas a impedir que eso que te sucedió tenga la última palabra sobre quién eres tú. Tú no eres tus heridas. Y cuando eso ocurra, hay algo adentro de ti que va a comenzar a cambiar, porque la herida va a dejar de ser únicamente una fuente de dolor y va a convertirse pues en una fuente, llamémoslo, de conciencia. Es un maestro redentor. Y te vas a mirar al espejo y eso que te sangraba por todos lados ahora va a empezar a acompañarte, va a empezar pues a producir frutos inesperados y frutos deliciosos. Queridos, cuiden la forma en la que atraviesan sus procesos. Lo voy a repetir: cuida la forma en la que atraviesas tu proceso. Alguna herida puede producir resentimiento y hay que ubicarla rápido, pero si trabajas la herida y lo haces con honestidad, con paciencia, con valentía, vas a terminar floreciendo. Y un día eso que estaba a puntito de destruirte También puedes ser capaz de enseñarte a amar, a comprender, abrazar la vida de una forma hermosa, de una manera que antes te hubiera parecido imposible. Así que hoy deseo que muy pronto te salgan ramos enteros de flores por todas tus heridas, que seas un árbol así frondoso, frondoso, frondoso, frondoso, repleto de flores hermosas. De todos modos van a venir a cortarte las pinches flores, pero pues tú florece, cabrón, y florece aunque no sea primavera. ¿Capiche con eso?










