In this Spanish‑language YouTube short, Speaker A gives a raw, first‑person account of his severe cocaine addiction, describing the progression from initial use of "piedra" and pasta base to a compulsive dependence on cocaine. He recounts constant cravings, hyper‑talkativeness, and a descent into paranoid delusions and persecution hallucinations. He explains the phenomenon he calls "mal del pollo," a withdrawal‑induced hallucination of white spots that he would even ingest, illustrating the depth of his desperation. The testimony details the social fallout: isolation from other users, humiliation, selling personal belongings (shoes, chains) to fund the habit, and even hiding cocaine in his infant daughter's diapers to evade police. Speaker A expresses profound shame, describing himself as the worst father, husband, and son, and ends with a stark warning to young people to stay away from drugs. Speaker B prompts the discussion with questions about which drugs were tried and how cocaine feels, serving as a catalyst for the narrative.
Chapters
Yo le digo a los chavos: no te acerques.
Cuéntanos qué drogas probaste y cuál crees que es la más adictiva.
Bueno, yo probé la piedra desde que en esa época salió la piedra, la pasta base, la cocaína. Yo fui muy adicto a la cocaína, muy adicto.
¿Qué tal se siente la cocaína?
Híjole, es algo terrible porque estás trabado, estás todo el tiempo, te pones un brincal, no paras de hablar. Y pero yo ya, yo ya me pasaba Y como adicto ya me pasaba a ese lugar donde empezaba a delirar y me la pasaba mirando por agujeros y empezaba delirios de persecución todo el tiempo, todo el tiempo. Y ya nadie se quería drogar conmigo porque les chingaba. Estábamos jugando a las cartas y empezaba: shh, escucha, viene alguien. Y mirando: no mames. La gente se volvía loca, ya ni los drogadictos se querían juntar conmigo. Entonces sí, sí, fue un sufrimiento para mí. Yo le digo a los chavos: no te acerques. O sea, uno se ríe el día de hoy, pero es un sufrimiento. O sea, cuando ya no tienes cocaína, todos saben, una de las cosas más horribles de mi vida es el mal del pollo. La gente no sabe qué es el mal del pollo, pero empezás a delirar y empezás a ver puntos blancos y a buscar a dónde te drogaste, y empezás, ves un punto blanco y te lo comes para ver si es cocaína. No, no, es terrible, es una aluciné total. La angustia, la desesperación, la depresión, el miedo, el ir a un puntero, ir a un puntero que es el distribuidor y estar en la puerta para ver quién venía a comprar cocaína para decirle regálame un poquito, regálame un saquecito. No, no, una humillación total. Cadenas, tenis, zapatos, todo lo que podía vender vendía, o sea, estar en las últimas, las últimas.
¿O por la cocaína?
Llegué a ponerle en los pañales de mi hija, yo cargaba a mi hija e iba a comprar drogas y para que la policía, si me revisaba, no me encontrara nada, en los pañales de mi hija, la traía a caballito, le ponía la droga para que no la revisaran porque era una niña. Y la gente me dice: "Oy, mirá, es un hijo". Sí, era una porquería. Fui el peor hijo del mundo, fui el peor padre del mundo, el peor esposo del mundo, era una lacra. Una lacra, una lacra. O sea, no era una mala persona, estaba enfermo, estaba enfermo, no podía parar. O sea, una angustia increíble. Yo me despertaba pensando droga, me dormía pensando en droga, me desmayaba pensando en drogas. O sea, alucín total y absoluto.