En este fragmento de entrevista, el entrevistador (SPEAKER A) indaga a Jared Borgetti sobre su paso de Atlas a Santos, explorando cómo se siente al ser codiciado por otro club y la presión que conlleva. Borgetti explica que ser deseado implica expectativas altas y que, al dejar Atlas, temía no cumplirlas, pues en Atlas se sentía protegido y respaldado. Se discute el proceso de compra de jugadores en México, señalando que antes los jugadores podían ser obligados a mudarse, mientras que ahora el proceso ha cambiado. Borgetti relata su primera experiencia con Santos en la temporada 1993‑94, describiendo la atmósfera del Estadio Santos (15 000 espectadores que parecían 100 000) y la presión intensa que observó desde la tribuna. Expresa que, aunque inicialmente no quería ir, la decisión se tomó por motivos económicos y que, una vez en Santos, tuvo que adaptarse rápidamente y asumir el rol de refuerzo esperado para marcar goles. El intercambio muestra la mezcla de miedo, responsabilidad y ambición que acompañan a los futbolistas en los traspasos.
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Y me decías mucho la forma en que te empiezan a confiar en ti, y obviamente pasas a Atlas, debutas con el Covianza, pero de ahí ahora creo que es algo especial cuando ya otros equipos te quieren, ¿no? Es como yo lo estoy haciendo bien y te das por santos, ¿no? Y qué se siente que otro equipo te quiera, ¿no? Porque es también como decir, wow, ¿no? Miedo, ¿por qué?
Porque Si alguien te quiere es porque esperan algo de ti. Entonces a lo mejor dices, realmente soy ese que esperan. Y cuando me voy a Santos no me quería ir porque yo me quería sentir, sentía cobijado en Atlas.
Y te sentías muy bien en Atlas.
Me sentía bien, era salido de ahí, y obviamente cualquier error Me iban a decir: no pasa nada. A diferencia que si me iba a otro equipo, llegaba como un refuerzo, como alguien que tiene que hacerlos mejor. Porque es eso realmente.
Sí, lejos de emoción es miedo, es responsabilidad.
Ajá, decir: ¿y si voy a llenar esas expectativas que esperan de mí? No lo sé yo.
Para los que no saben cómo se compra un jugador, si el jugador no quiere ir, tiene que ir a fuerza. Porque he visto casos de que no quiso ir el jugador.
Anteriormente. Antiguamente era mucho así.
Ahora ya no, ¿verdad?
Hoy no, ya es diferente.
Ahora sí, ah, tú duermes acá, vete a Chiapas.
No, estás en una, caray, ¿cómo? ¿Dónde? Que así fue también conmigo.
Ah, en Torreón. ¿Tú qué sabías de Santos? Nada. Bueno, ¿nunca habías sido campeón en un equipo?
Sí, bueno, en el 93-94 me tocó ir a jugar allá. Ya había ido a la ciudad con Segunda División. Cuando Santos llegó a la final, enfrentó en cuartos de final a Atlas. Yo ya fui a esas liguillas, que fue en el torneo que debuté cuando llegué, 93-94. Me tocó estar en la tribuna y vi lo que era Santos en ese estadio de 15.000 aficionados. Créeme que parecían 100.000, la presión era cañón y muy cercano. Y veía cómo les iba a los delanteros que no les iba bien, cómo acababan con ellos. Y yo, madre, si a mí no me va bien, me van pero a ir muy mal. Entonces esa era parte también de—
¿No te querías ir pero te dijeron, sabes qué, ya te vendimos?
Sí, entonces digo, sí, también fue la parte en que si me voy vas a ganar más. Si te quedas vas a ganar menos. Que me vaya mal ganando bien, que me vaya mal ganando mal, digo no, que me vaya mal ganando bien. Claro, exacto. Pero bueno, la fórmula después fue ganando, me fue bien ganando bien.
Llegas a Santos y ¿cómo te sentiste los primeros días? ¿Luego te adaptaste? Empezaste a meter goles.
Llegué y el equipo Es un equipo con jugadores ya experimentados, mundialistas algunos: Miguel España, Guameru García, Benjamín Galindo, ya jugadores realmente hechos que te transmitían mucha confianza. Y los únicos dos chavos en el campo éramos Nicolás Ramírez y yo.