In this interview segment, Álvaro Morales recounts how, at age 28, he experienced a severe financial crisis after living a "rockstar" lifestyle. He describes flexible work hours that allowed constant partying and dining out, leading to habitual overspending despite an early habit of saving. Morales explains that his expenses—often funded by both credit cards and debit—accumulated to the point where his liabilities exceeded his assets, making him realize he was effectively bankrupt. He attributes the downfall not only to reckless spending but also to deeper psychological factors: an inflated ego, a sense of immortality, and the belief that he could do anything without consequences. Morales reflects on his upbringing—early work experience, rapid career rise, and a disciplined childhood—contrasting it with the later loss of financial discipline. He emphasizes that ego and the illusion of invincibility are common traps that can destroy financial stability, and he suggests that confronting or mastering one's ego is essential to avoid such collapse.
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Llega un momento en que tuviste a los 28 años una crisis económica, ¿no? Creo que mucha gente que nos ve ya tiene fama, dinero, piensa que lo tiene todo, pero de repente no sabes en qué te vas. Cuéntanos un poquito esa crisis, ¿no?
Me daba una vida de rockstar. Hubo una época que me daba una vida de rockstar. El trabajo, los horarios del trabajo eran bastante alcahuetes, entonces podías irte de fiesta y dormirte todo el día hasta la noche. O sea, no tenías bronca, incluso podías poner tu horario al revés, ¿no? Un día estaba revisando estados de cuenta que estaba mucho en restaurantes, saliditas. O sea, no era el gran desmadre, claro, pero era constante, claro. Y si tú empiezas a ganar, por darte un ejemplo, si empiezas a gastar que 500 pesos aquí, 200 pesos acá, vaya, acá se va. Y si lo multiplicas por semanas, por meses, no hay capital al que vaya alcanzando. No era consciente de eso.
¿En qué momento dices, oye, creo que estoy quebrado? Cuando ya es como el alcohólico, dices sí, pero no es para tanto. Claro, llega un momento en que te das un golpe.
Cuando ves los golpes de los estados de cuenta, cuando tus pasivos son más que tus activos.
¿Usabas más crédito, tarjeta de crédito o débito?
Las dos. Siempre fui un tipo muy supervisor y ahorrador. Claro, siempre fui, creo que el niño y el muchacho que se portó bien, claro, sano, que estudiaba, aplicado hasta cierto punto. Pero que me tocó esta vida, estos muchachos, como mis padres, mi casa era mucho el estudio, el estudio, el estudio, ¿no? Entonces creo que me pasó en algún momento como les sucede a los médicos los médicos lo secuestran de su juventud. Claro, yo no me arrepiento porque además yo a los 17 años trabajaba en lo que yo quería, claro, y a los 19 ya ganaba dinero, y a los 23 estaba, 23, 24, ya estaba en televisión. O sea, ese no era, ese no era el problema, sino que lo que no, fui un muchacho de cierta manera educado que nunca eché realmente un gran desmadre, claro. Y a los 28 años más o menos sí empiezo ya a tener una vida desordenada. Yo de niño y adolescente ahorraba mucho. Ahorrar es un hábito mío. Sí, claro. O sea, ahorrar. Pero ahí perdí un poco el piso. Siempre he comentado que hay muchas maneras de perder el piso o subirse al ladrillo. La más común es la soberbia. Claro. Pero hay otras que no son la soberbia, pero que pueden ser más peligrosas. El sentido de la inmortalidad. A mí me pasó el sentido de la muerte, que podía hacer lo que quisiera, seguía siendo yo el güey buena onda, buen pedo, tranquilo. No, al baño no se le subía esa toda madre. Sí, pero vamos a comer aquí, güey, y vamos acá. Y sabes qué, no, no pidas de vaso, güey, de botella de una vez, güey. Colaboramos entre todos, pero o yo te invito, güey. Se te iba todo, güey, se te iba todo. Era inmortal el sentimiento de inmortalidad.
También del ego, ¿no?
Sí, tienes que matar a tu ego o tomarlo, ¿no? Porque si no, el ego te destroza. ¿En qué momento dices que ya estoy en la quiebra.
O sea, ¿cómo aceptas tú?
Cuando ya veo que la fuerza de los pasivos era, superaba brutalmente a los ingresos, a los activos, y el problema es que se van generando intereses, así que ya un momento llegas no a cero, a menos. O sea, llegaba tu sueldo y debías todo.