
En este relato, el narrador describe los tres caminos que consideró al terminar un programa intensivo de cinco meses de estudio de hebreo en un kibbutz. La primera opción era permanecer en el kibbutz para seguir estudiando, pero se siente agotado y como un 'bicho de ciudad'. La segunda opción consistía en mudarse a Tel Aviv o Jerusalén, compartir un cuarto con amigos y trabajar a tiempo completo, lo cual consideraba incompatible con su objetivo de entrenar para unidades especiales, ya que requeriría 8‑9 horas diarias de preparación. Finalmente, optó por vivir con una familia judía yemení que hablaba exclusivamente hebreo con acento yemení y árabe yemenita. Esta convivencia le permitió aprender árabe de forma intensiva y mejorar su hebreo, habilidades que más tarde utilizó en su entrenamiento para unidades especiales.










