En este breve testimonio, un amigo de la infancia de Mauro describe a Mauro como una figura casi fraternal, recordando su carácter travieso y su situación de extrema pobreza durante la niñez. Señala que la familia vivía sin recursos, con una madre que apenas podía alimentarlo y sin dinero para pagar la escuela, mientras los cuatro hermanos luchaban por sobrevivir. A pesar de esas condiciones, el amigo subraya que nadie imaginó que Mauro se convertiría en un empresario exitoso y reconocido. El relato también incluye una anécdota emotiva: antes de un viaje, Mauro le entrega un regalo, un libro firmado con una dedicatoria que conmueve al amigo hasta las lágrimas, resaltando la profunda conexión y el valor sentimental del gesto.
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Mauro es como un hijo para mí, pero él me gana, Él me gana con las cositas que hacía el gil, viste. Ya de chiquitito era pillo, hablaba con la gente, todo. 6 años la madre lo dejaba flaca. Nadie podía confiar de lo que iba a pasar con él, que iba a ser terrible empresario, que le iba a conocer todo el mundo. Se peleaba, andaba mal en el colegio. No había chance de pensar que iba a lograr lo que logró. Por eso la gente se puede sorprender, porque nadie imaginó lo que logró este pibito. Nadie. Mucha gente se cree que venía de cuna de oro, que tenía— no tenía un sope la madre y el padre. Tenía hermanos, estaban los 4 luchando, luchando, luchando como loco para pagar el colegio. Luchando, luchando. Tenía un sope partido al medio el tipo. Un sope no tenían. Te lo digo yo porque lo conozco de chiquitito. Nada. Me pongo nervioso cuando dice, este nació en una de oro. Dice que nació en Olivo y que el padre era empresario. No tenían un sope, amigo. Yo te lo puedo confirmar. No tenían una moneda. Es la virtud de él. Bueno, cada uno con lo que es. A mí me da para cortar el pelo, a él le da para ser empresario. Esa es la virtud que tiene el tipo, de hacer lo que hizo sin un sope. Lo ves fumando Habano y estando en una cosa y se cree que nació en una de oro. No tiene un sope, Mauro. Te voy a contar algo. Un día antes de viajar, abre así los brazos y me dice, te traje el regalo. Digo, dale, dale, abrazame, boludo. Ese es el mejor regalo. Dije, no, te hice el regalo. Digo, dale, estúpido. Dejá de joder, dice, mírame. Y le miro ahí la pantorrilla, así la firma de la mía, la que le hice en el libro. Dale, me puse a llorar, le dije, dale, boludo, me estás cargando.