Two friends buy their first racehorse, a seven-to-eight-month-old with white legs and a sweet temperament. They're betting on it to race at San Isidro and eventually sell to a wealthy sheikh, turning the whole thing into a profitable story they can tell forever.
Bueno, compré un caballo de carrera. Siete, ocho meses. Va a poder empezar a correr.
Bien, a lo viejo, con guita de San Isidro.
Puede ser un muy buen negocio o una muy buena anécdota.
O.
Las.
Dos. Acompáñen.
A comprar un caballo de carrera. Hermoso día para hacer un asato a las brasas, desconectarse un par de horas. ¿El olor a bosca, no?
Ahí lo saca, ahí sale el o ya.
Me quieren enganchar con las dos manos en la.
Masa. Pero en el barrio soy un dios, me siento como en casa. Y cómo lo es.
Este, el ojo negro, ¿No?
Sí, es verdad.
Pero vos caballo lo venderemos algún jeque más adelante, No sé, che. La clave entonces sería que gane un par de carreras, que ya es muy, muy crack. Lo tenés que dejar para padrillo. Bueno, va a comprar otro, No, no, va despacio. Pero me sorprendió lo dulce que era. Viste que algunos son más toscos, más. Y tiene las cuatro patas blancas, como el padre. Si llega a correr 50% de lo que corría el padre, ya es un crack. El padre era fuera de serie. El padre era muy crack.