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En este relato en primera persona, Mauro Stendel narra el principal desafío que enfrentó al llegar a Israel: la insuficiencia del subsidio militar de cinco meses de clases de hebreo, cuando la unidad deseada requería al menos un año de estudio. Al no poder costear los cinco meses adicionales, tuvo que financiar su propia educación mientras, a los 18 años, combinaba tres viajes diarios en colectivo, dos en tren, entrenamiento físico, trabajo y estudio. Describe un año de sacrificio extremo, sin vida social, con jornadas de 5 am a 8 pm, calificándolo de “inhumano”. A pesar de no dominar el hebreo, logró ingresar a la unidad especial, demostrando una resiliencia notable.










