Un orador cuenta la parábola de alguien que rechaza tres rescates en una inundación esperando que Dios lo salve, luego se ahoga y culpa a Dios. El mensaje: no esperes que otros, ni el gobierno ni la fe ciega, hagan tu vida. Toma lo que se te ofrece y actúa por ti mismo.
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No sé si es un chiste o una frase, pero conoces la historia de que se inunda todo y viene una lancha y le che, subite. No, no, Dios me va a salvar. Y después viene un chabón con un remo, subite. No, no, a mí Dios me va a salvar. ¿Y después viene un chabón con una tablita de madera, viste? Vení, subite. No, no, a mí Dios me va a salvar. Y se muere ahogado el boludo. ¿Y Dios, no me salvaste? Te recé todos los días, boludo. Te mandé tres maneras de salvarte y no las agarraste, estúpido. Date cuenta, las oportunidades no significa claramente no. El que odia los regalos vivirá lo que llega. Bendición. Pero tampoco esperes tengas ese orgullo. Claramente hacés la tuya, pero las personas de bien te cruzas en el camino. ¿Que te quiere hacer un acto? Listo, perfecto, bendición. Pero no esperes ni insistas y tampoco seas tan pelotudo de que tu vida y tu fundamento se base en que el otro te tenga que ayudar. Uno va a hacer la suya lo que viene. Bendición. Pero no obliga al otro a cumplirle los objetivos, no obliga al otro a ayudarlo, ni obliga al otro a empujarlo menos que menos al gobierno. Tenés que hacerla vos.